Apuntes sobre Lenin y la autodeterminación de las naciones

Apuntes sobre Lenin y la autodeterminación de las naciones

A propósito del centenario de la publicación de “El derecho de las naciones a la autodeterminación” de Lenin

Por José Gabriel Roldán

(Septiembre de 2014)

“Uno de vuestros errores consiste en que no examináis la cuestión nacional como una parte de la cuestión general del desarrollo social y político de la sociedad, como una parte subordinada a esta cuestión general, sino como algo independiente y constante, que, en lo fundamental, no varía de dirección ni de carácter en el transcurso de la historia. Por eso no veis lo que ve todo marxista, a saber: que la cuestión nacional no tiene siempre el mismo carácter, que el carácter y las tareas del movimiento nacional cambian según los diferentes períodos del desarrollo de la revolución.” (Stalin, La cuestión nacional y el leninismo)

El referéndum en Escocia, en septiembre de este año, ha puesto en evidencia la superficialidad, la fragilidad teórica y el poco apego al marxismo de no pocos “marxistas” a la hora de abordar la cuestión nacional en la época del imperialismo. En otros casos –debido a la existencia de pujantes y a veces masivos movimientos nacionalistas o de liberación nacional– se permitieron no abordar la cuestión a fondo, amparados en las escaramuzas, los enfrentamientos armados y en que siempre está la presencia de por lo menos un imperialismo en acto de agresión; mas en el caso de Escocia, los seudomarxistas quedaron al desnudo.

Los conceptos “antiimperialismo”, “independencia nacional”, “autodeterminación de las naciones”, “movimientos de liberación nacional” y otros similares, surgen en las cabezas de estos seudomarxistas cada vez que hay una gran potencia involucrada en algún evento trascendente en alguna parte del mundo, sin importarles las características y las condiciones que se presentan. Ahora se encuentran con que esa “parte del mundo” es precisamente una de las grandes potencias, con larga historia de agresión y sojuzgamiento de pueblos, y baten palmas de emoción porque casi sin darse cuenta ha tomado cuerpo un “movimiento de liberación nacional” en Escocia, que no puede menos que debilitar a su vecina Inglaterra, el socio principal del imperialismo más agresivo y rapaz del mundo, Estados Unidos. El escenario está pintado para darle un carácter progresivo a la “lucha” de Escocia contra el imperialismo inglés, que supuestamente la tiene sometida y oprimida. Y si a esto se le añade el aura de la lucha de William Wallace, mucho mejor, sobre todo si tenemos en mente las épicas escenas de “Braveheart”.

Mas la historia es otra. Escocia no es Irlanda que ha sufrido hasta tiempos actuales la opresión del imperialismo inglés. El capitalismo se estableció en Escocia antes de que entrara a formar parte de la Unión –de la que quieren “independizarla”– y entró en calidad de socio para beneficiarse de la expansión colonial e imperialista de Inglaterra, donde las huestes bajo la bandera de San Andrés, jugaron un papel fundamental, de la mano de las huestes de San Jorge. La economía escocesa y su burguesía monopolista se encuentran completamente integradas con la economía y la burguesía monopolista inglesas, están entrelazadas por miles de vínculos históricos, sociales, económicos y políticos, desde hace siglos Por otro lado, en Escocia se encuentra una sección combativa del proletariado británico, el sector más golpeado por la explotación capitalista y por la actual crisis que el capital monopólico está haciendo pagar a los obreros.

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La autodeterminación de las naciones: una reivindicación de contenido burgués

Es bueno recordar que el principio de la autodeterminación de las naciones es una reivindicación burguesa, que consiste en el derecho de una nación –que es parte de un Estado plurinacional o  depende de una potencia colonial o imperialista– a separarse de él y formar un Estado nacional independiente. La formación de Estados nacionales está asociada al desarrollo del capitalismo en un territorio determinado, a la lucha contra los rezagos feudales, a la liberación burguesa de las fuerzas productivas, a la expansión de la producción mercantil capitalista y al establecimiento de la democracia burguesa. Así lo fue en la época del capitalismo ascensional, cuando la burguesía tenía un carácter progresivo y revolucionario; así lo es hoy en aquellos países donde están pendientes las tareas democrático-burguesas de la revolución, países donde el principal obstáculo para la realización de esas tareas democrático-burguesas es la dominación imperialista en alianza con la gran burguesía y los terratenientes locales.

De manera general, los marxistas establecen una diferencia cuando hablan de la cuestión nacional según si corresponde a la época del capitalismo ascensional, cuando la burguesía todavía cumplía un papel revolucionario, o si corresponde a la época del imperialismo, cuando la burguesía es reaccionaria. En la época del capitalismo ascensional, los clásicos enseñaron a establecer una diferencia entre “naciones reaccionarias” y “naciones progresistas”; en la época del imperialismo, entre naciones opresoras y oprimidas. El objetivo al resolver la cuestión nacional es la “paz nacional”, según el término empleado por Lenin y Stalin, es decir, la convivencia basada en la igualdad de las naciones en el marco de un Estado único (y en caso de no ser posible esto, la separación de las naciones en Estados independientes). Esta “paz nacional” fue alcanzada durante el capitalismo ascensional por los principales países capitalistas desarrollados, que formaron su Estado nacional independiente.

Contra lo que muchos creen, ese Estado “nacional” no fue ni es exclusivo de una nación (o una etnia), sino que incluyó y comprende a varias naciones que han alcanzado la “paz nacional” en un Estado único. Los clásicos del marxismo jamás hablaron ni entendieron la formación de un Estado nacional como el perteneciente a una sola nación o etnia. Casi todos los Estados europeos son, por su origen, plurinacionales; es decir, el Estado-nación que el capitalismo creó en Francia, Inglaterra, Alemania, Holanda, Bélgica, Suiza, etc. no fue el Estado de una sola nación. En estos países, el desarrollo del capitalismo en su máxima expresión borró las diferencias entre las naciones que constituyeron esos Estados. Por esa razón, aun considerando que existía diversidad nacional o étnica en esos países, Lenin, en su polémica con Rosa Luxemburgo, afirmó que el problema nacional en esos países de Europa Occidental ya se había resuelto.

 El imperialismo, según enseña el marxismo, ha divido al mundo entre un puñado de países imperialistas, por un lado, y un gran número de países, naciones y pueblos oprimidos, sometidos y sojuzgados por ellos, por el otro. Esto ha traído como consecuencia que la lucha de los pueblos oprimidos por la liberación de las garras del imperialismo converja y se una a la lucha de clase del proletariado por el socialismo, formando parte de la revolución proletaria mundial. De esta premisa, los seudomarxistas sacan como conclusión que se debe apoyar todo movimiento nacional, en cualquier parte del mundo. Eso es falso: la cuestión nacional es parte de la cuestión de la revolución proletaria y se subordina a ella, y debe ser analizada considerando las condiciones histórico-concretas.

La pregunta fundamental

Al abordar la cuestión nacional en concreto, para determinar el carácter progresista o revolucionario de un movimiento nacional, los marxistas siempre hacen esta primera pregunta: ¿se ha llevado a término ya la revolución democrático-burguesa? Así procedió  Lenin al analizar, por ejemplo, el caso concreto de Austria que Rosa Luxemburgo puso al debate como prueba de la inaplicabilidad de las tesis bolcheviques:

Primero, hacemos la pregunta fundamental de si se ha llevado a término la revolución democrática burguesa.” (Lenin, El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1914)

Esta pregunta está justificada por el hecho histórico de que la formación de Estados nacionales independientes “es una tendencia de todas las revoluciones democráticas burguesas”. (Lenin, El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1914). Y esto precisamente determina el carácter progresista o revolucionario de un movimiento nacional. Cuando Lenin escribió, casi toda Europa Occidental ya había completado su revolución democrático burguesa; pero este movimiento se hallaba en desarrollo en Europa Oriental y se había despertado en Asia. Este es un hilo conductor en toda la obra de Lenin en relación a la cuestión nacional. En consecuencia, como dijimos antes, el carácter revolucionario de la formación de Estados nacionales independientes está vinculado principalmente al cumplimiento de las tareas democrático burguesas en países atrasados y con rasgos semifeudales y feudales. Si estas tareas ya han sido realizadas, poco cabe hablar de autodeterminación de las naciones como movimiento revolucionario o progresista, a menos que se dé bajo condiciones de ocupación militar, sojuzgamiento nacional y opresión dictatorial por parte de una potencia imperialista, como fue el caso de la Alemania nazi, para poner el ejemplo más claro.

Cuando Rosa Luxemburgo, para argumentar el supuesto error de los bolcheviques en su programa nacional, puso como evidencia el hecho de que ninguno de los partidos marxistas de los principales países de Europa Occidental tenía en su programa el derecho de las naciones a la autodeterminación, Lenin le respondió que eso se debía a que en esos países el problema nacional ya se había resuelto, por lo que la lucha del proletariado era directamente por el socialismo, mientras que la situación era diferente en Rusia, Polonia, Ucrania, etc., donde las tareas democráticas de la revolución todavía estaban pendientes, y el problema nacional en países como Rusia era de vital importancia para limpiar de rezagos feudales y de despotismo el camino a la lucha de clases abierta y clara entre el proletariado y la burguesía.

“Ante todo, que es necesario distinguir estrictamente dos épocas del capitalismo diferentes por completo desde el punto de vista de los movimientos nacionales. Por una parte, es la época de la bancarrota del feudalismo y del absolutismo, la época en que se constituyen la sociedad democrática burguesa y su Estado, la época en que los movimientos nacionales adquieren por vez primera el carácter de movimientos de masas, incorporando de uno u otro modo a todas las clases de la población a la política por medio de la prensa, de su participación en instituciones representativas, etc. Por otra parte, presenciamos una época en que los Estados capitalistas tienen ya su estructura acabada, un régimen constitucional hace mucho tiempo establecido y un antagonismo muy desarrollado entre el proletariado y la burguesía; presenciamos una época que puede llamarse víspera del hundimiento del capitalismo.

Lo típico de la primera época es el despertar de los movimientos nacionales y la incorporación a ellos de los campesinos, que son el sector de la población más numeroso y más “difícil de mover” para la lucha por la libertad política en general y por los derechos de la nación en particular. Lo típico de la segunda es la ausencia de movimientos democráticos burgueses de masas, cuando el capitalismo desarrollado, al aproximar y amalgamar cada día más las naciones, ya plenamente incorporadas al intercambio comercial, pone en primer plano el antagonismo entre el capital fundido a escala internacional y el movimiento obrero internacional.” (Lenin, El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1914)

Para Lenin está claro que la cuestión nacional no tiene relevancia en el programa de los partidos marxistas de los países capitalistas desarrollados, donde está a la orden del día la lucha contra la burguesía del Estado único, por el socialismo, mediante la unidad del proletariado sin distinción alguna. Muy diferente es el caso en países donde aún no han concluido las transformaciones democráticas burguesas, donde cumplir las tareas democráticas de la revolución es el paso fundamental e inevitable para seguir el camino de la revolución socialista. “Todo el quid está en esa diferencia” (Lenin, El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1914).

Criticando acremente a Rosa Luxemburgo –que enrostraba a los bolcheviques que su reivindicación de la autodeterminación de las naciones “se puede aplicar  por igual no sólo a los pueblos que habitan en Rusia, sino también a las naciones que viven en Alemania y en Austria en Suiza y en Suecia, en América y en Australia”–, Lenin sostenía que era absurdo suponer que los bolcheviques abogaban por ese principio en los países de Europa Occidental y Estados Unidos:

“Si el programa marxista no se interpreta de manera pueril, sino marxista, no cuesta ningún trabajo percatarse de que se refiere a los movimientos nacionales democráticos burgueses… ese programa concierne “en general”, como “lugar común”, etc., a todos los casos de movimientos nacionales democráticos burgueses. No menos evidente sería también para Rosa Luxemburgo, de haberlo pensado lo más mínimo, la conclusión de que nuestro programa se refiere tan sólo a los casos en que existe tal movimiento

…Es ridículo buscar en los programas de Occidente solución a problemas que no existen (Lenin, El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1914)

Dos años después lo puso con más claridad:

“En este terreno [de la cuestión nacional] hay que distinguir tres tipos principales de países:

Primero, los países capitalistas avanzados de Europa Occidental y los Estados Unidos. En ellos han terminado hace mucho los movimientos nacionales burgueses de tendencia progresista…” (Lenin, La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación, 1916)

Y ¿a qué se refería cuando hablaba de la “tendencia progresista” de los movimientos nacionales? Tres años antes, Lenin lo había planteado, vinculando el carácter progresivo del movimiento nacional con las tareas democrático-burguesas, pendientes, de la revolución, porque esta es la característica histórica principal que da contenido a la cuestión nacional:

Es progresivo el despertar de las masas después del letargo feudal; es progresiva su lucha contra toda opresión nacional, su lucha por la soberanía del pueblo, por la soberanía nacional. De ahí, la obligación indiscutible para todo marxista de defender la democracia más resuelta y más consecuente en todos los aspectos del problema nacional. Esta es una tarea negativa en lo fundamental. El proletariado no puede apoyar el nacionalismo más allá de ese límite, pues más allá empieza la actividad “positiva” de la burguesía en su empeño por consolidar el nacionalismo.

Una obligación indiscutible del proletariado como fuerza democrática es poner fin a toda opresión feudal, a toda opresión de las naciones y a todo privilegio para una de las naciones o para uno de los idiomas; en ello están los intereses indiscutibles de la lucha de clase del proletariado, lucha ensombrecida y entorpecida por las discordias nacionales. Pero apoyar el nacionalismo burgués más allá de estas fronteras, firmemente delimitadas y encuadradas en un determinado marco histórico, significa traicionar al proletariado y pasarse al lado de la burguesía. Aquí hay un límite, a menudo muy sutil, del que se olvidan por completo los socialnacionalistas ucranianos y los bundistas.” (Lenin, Notas críticas sobre el problema nacional, 1913)

 ¿Puede existir lucha de liberación nacional en países los imperialistas?

A la división básica del mundo entre países imperialistas y naciones y pueblos oprimidos que el imperialismo ha impuesto, y que, desde el punto de vista marxista, determina la cuestión nacional en la época del imperialismo, la II Guerra Mundial destacó una variante de la opresión nacional: la ocupación militar y sojuzgamiento de países capitalistas desarrollados, imperialistas, por acción de otra potencia imperialista, más allá de las “normales” ganancias territoriales producto del avance de los ejércitos en una guerra regular. Si bien las anexiones de territorios en la propia Europa habían sido moneda corriente en los conflictos bélicos de las potencias europeas, la II Guerra Mundial amplió la escala a niveles inimaginables.

La Alemania nazi ocupó y sometió por medios militares a Checoslovaquia, Francia, Bélgica, etc., incorporándolas a su esfera de influencia. En esas condiciones, los comunistas plantearon correctamente la lucha del proletariado en los países ocupados, como una lucha o guerra de liberación nacional, en la que cabía unir todas las fuerzas patriotas, consecuentes e inconsecuentes, por la expulsión del imperialismo invasor, postergando la lucha por el socialismo. Solo esa liberación nacional podía permitir un escenario despejado para la lucha de clase del proletariado contra la burguesía, por la revolución y el socialismo.

La lección que los marxistas sacaron de esta experiencia es que en un país capitalista e imperialista es posible la lucha de liberación nacional, bajo condiciones de ocupación militar, sojuzgamiento nacional y régimen dictatorial por parte de otra potencia imperialista, que la convierte en una nación oprimida. Lenin había previsto esto:

“…ni siquiera en Europa se puede considerar imposibles las guerras de liberación nacional en la época del imperialismo. “La época del imperialismo” ha hecho imperialista la presente guerra, engendrará ineludiblemente (mientras no se llegue al socialismo) nuevas guerras imperialistas y ha hecho imperialista hasta la médula la política de las grandes potencias actuales; pero esta “época” no excluye en lo más mínimo las guerras nacionales, por ejemplo, por parte de los pequeños Estados (supongamos que anexionados u oprimidos nacionalmente) contra las potencias imperialistas, de la misma manera que no excluye los movimientos nacionales en gran escala en el Este de Europa.” (Lenin, Sobre el folleto de Junius, 1916).

La historia demostró que no sólo pequeños Estados, sino grandes (Francia), fueron “anexionados u oprimidos nacionalmente” en Europa Occidental por una potencia imperialista durante la II Guerra Mundial. En esas condiciones de anexión u opresión nacional por parte de otra potencia imperialista, el proletariado de los países imperialistas sometidos tiene como tarea principal la lucha de liberación nacional como el único camino a la lucha de clase por el socialismo. Esa lucha de liberación nacional es una lucha por la soberanía e independencia, por la autodeterminación nacional, por el derecho al Estado independiente, por el derecho a decidir su propio destino sin imposiciones de una nación opresora.

La actitud de los marxistas ante la cuestión nacional

El principio de la autodeterminación de las naciones no es el punto principal del programa nacional. Lenin ponía en primer lugar la igualdad de derechos de las naciones y la unión del proletariado de todas las naciones en el Estado territorial, y como consecuencia de la igualdad de las naciones, el derecho explícito a la autodeterminación de las naciones.

“La única política de principios en la cuestión nacional: unión del proletariado de todas las naciones, igualdad de todas las naciones, ningún privilegio a ninguna de las naciones, derecho a la autodeterminación…”

La clase obrera de un Estado plurinacional no puede poner como primer punto de su programa la autodeterminación de las naciones, es decir, la separación de la nación para formar un Estado independiente. Eso es nacionalismo. Los marxistas están por la igualdad de las naciones, incluyendo explícitamente el derecho a la autodeterminación de las naciones, sin embargo, esto no significa que están incondicionalmente por la separación de una nación para formar su Estado independiente. Bien decía Lenin que la historia ha demostrado que ahí donde se reconoce la igualdad de las naciones y su derecho a formar su propio Estado, sin exclusivismos ni privilegios para ninguna nación, se reduce el peligro de la “disgregación del Estado”, es decir, se reduce el ejercicio de ese derecho a la separación.

De manera incondicional, el proletariado está a favor del derecho a la autodeterminación de las naciones pero no está incondicionalmente por la formación de Estados nacionales independientes. Si alguna nación quiere separarse para formar un Estado independiente, los marxistas deben evaluar si esto favorece a la lucha de clase del proletariado en su conjunto, considerando su efecto en la lucha dentro del Estado único, en la lucha en el nuevo Estado nacional y en la lucha del proletariado internacional. Los intereses del proletariado son intereses de clase, no los intereses de la nación.

“… al reconocer la igualdad de derechos y el derecho igual a formar un Estado nacional, aprecia y coloca por encima de todo la unión de los proletarios de todas las naciones, evalúa toda reivindicación nacional y toda separación nacional con la mira puesta en la lucha de clase de los obreros.” (Lenin, El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1914).

Y esta posición que pone por encima de todo la unión de los proletarios de todas las naciones (de un Estado determinado), esta posición que reconoce el derecho de las naciones a la autodeterminación, no descarta que pueda estar en contra del acto mismo de la separación de una nación para formar su Estado independiente:

“…el hecho de que los marxistas de toda Rusia y, en primer término, los rusos, reconozcan el derecho de las naciones a la separación no descarta en lo más mínimo la agitación contra la separación por parte de los marxistas de esta o la otra nación oprimida, del mismo modo que el reconocer el derecho al divorcio no descarta la agitación contra el divorcio en este o el otro caso.” (Lenin, El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1914)

Rosa Luxemburgo criticaba el programa nacional de los bolcheviques porque era demasiado general, no tenía aplicación práctica y era contradictorio. Por su parte, algunos historiadores burgueses concluyen que Lenin no se comprometía en la cuestión nacional, que sus tesis eran ambiguas y contradictorias (porque reconoce el derecho a la autodeterminación pero declara que puede estar en contra de la separación). La respuesta de Lenin era siempre que la cuestión nacional se debía evaluar según las condiciones histórico-concretas, haciendo uso del método marxista y anteponiendo los intereses de la clase obrera y su lucha contra el capitalismo. Y a quienes como hoy, preguntaban: “autodeterminación: ¿sí o no?”, Lenin les decía:

“¿Contestar “sí o no” en lo que se refiere a la separación de cada nación? Parece una reivindicación sumamente “práctica”. Pero, en realidad, es absurda, metafísica en teoría y conducente a subordinar el proletariado a la política de la burguesía en la práctica. La burguesía plantea siempre en primer plano sus reivindicaciones nacionales. Y las plantea de un modo incondicional. El proletariado las subordina a los intereses de la lucha de clases. Teóricamente no puede garantizarse de antemano que la separación de una nación determinada o su igualdad de derechos con otra nación ponga término a la revolución democrática burguesa. Al proletariado le importa, en ambos casos, garantizar el desarrollo de su clase; a la burguesía le importa dificultar este desarrollo, supeditando las tareas de dicho desarrollo a las tareas de “su” nación. Por eso el proletariado se limita a la reivindicación negativa, por así decir, de reconocer el derecho a la autodeterminación, sin garantizar nada a ninguna nación ni comprometerse a dar nada a expensas de otra nación.” (Lenin, El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1914)

Los marxistas no están a favor de la autodeterminación de las naciones, a su separación y formación de un Estado nacional independiente, de manera incondicional. La cuestión nacional debe ser abordada considerando no sólo las características particulares de las naciones bajo estudio sino también atendiendo a que las condiciones y las relaciones entre esas naciones cambian con el tiempo, al igual que cambia también el contexto internacional en el que se desenvuelven. Cuando el marxismo dice que la cuestión nacional debe ser analizada tomando en cuenta las condiciones histórico-concretas está diciendo que la cuestión nacional no es inmutable, porque las relaciones entre las naciones cambian, la correlación de fuerzas cambia, las condiciones socioeconómicas sobre las que se desenvuelven cambian, y, en consecuencia, la actitud y las tareas del proletariado al respecto deben cambiar.

Los marxistas apoyarán todo movimiento nacional que favorezca la lucha del proletariado por el socialismo en un país dado, siempre que contribuya a la revolución proletaria mundial. La base de la posición del proletariado en la cuestión nacional es una posición de clase, que no puede ser otro que el camino de la revolución socialista y la hegemonía del proletariado.

Pero incluso en aquellos países donde las tareas democráticas de la revolución no se han cumplido, Lenin, teniendo en cuenta el punto de vista de los intereses de la lucha de la clase obrera, insistía en analizar si un movimiento de liberación nacional o de autodeterminación de las naciones era conveniente o no, en un momento dado. Así, por ejemplo, refutando a Rosa Luxemburgo que negaba a Polonia el derecho a una lucha nacional contra el zarismo, por considerar que las luchas nacionales eran imposibles en la época del imperialismo, Lenin reconoció en su análisis que Polonia era una región más desarrollada que la Rusia zarista, que el despotismo y la feudalidad rusa impedían el avance de Polonia, eran un obstáculo para el enfrentamiento directo entre la burguesía y el proletariado polacos. Por consiguiente, no solo por su condición de minoría nacional oprimida sino por su nivel de desarrollo capitalista, Polonia no solo tenía derecho a independizarse de Rusia sino que el propio desarrollo social se lo iba a plantear:

“si en un país, cuyo régimen estatal se distingue por presentar un carácter acusadamente precapitalista, existe una región nacional delimitada que lleva un rápido desarrollo del capitalismo, resulta que cuanto más rápido sea ese desarrollo capitalista tanto más fuerte será la contradicción entre este desarrollo y el régimen estatal precapitalista, tanto más probable será que la región avanzada se separe del resto del país, al que no la ligan los lazos del “capitalismo moderno”, sino los de un “despotismo asiático”.” (Lenin, El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1914)

Sin embargo, considerando la situación en su conjunto, como consecuencia de la primera guerra mundial imperialista, Lenin sostuvo que en ese momento lanzar la consigna de la independencia de Polonia no era oportuna y era inconveniente porque ponía en peligro a las revoluciones rusa y alemana (véase Balance de la discusión sobre la autodeterminación, 1916). La lección que sacan los marxistas de este caso es que aun cuando la lucha sea legítima, su conveniencia o no depende de si permite o contribuye al avance de la lucha revolucionaria de la clase obrera tomada en su conjunto, en el marco de la situación internacional, del desarrollo de las contradicciones en el mundo.

“Las distintas reivindicaciones de la democracia, incluyendo la de la autodeterminación, no son algo absoluto, sino una partícula de todo el movimiento democrático (hoy socialista) mundial. Puede suceder que, en un caso dado, una partícula se halle en contradicción con el todo; entonces hay que desecharla. Es posible que en un país, el movimiento republicano no sea más que un instrumento de las intrigas clericales o financiero-monárquicas de otros países; entonces, nosotros no deberemos apoyar ese movimiento concreto. Pero sería ridículo excluir por ese motivo del programa de la socialdemocracia internacional la consigna de la república.” (Lenin, Balance sobre la discusión de la autodeterminación, 1916)

Oportunas y actuales estas palabras de Lenin, en momentos en que en algunas partes del mundo brotan dudosos movimientos que luchan por la “democracia” y “repúblicas populares” en países capitalistas desarrollados. Es evidente que para hacerlas digeribles para la clase obrera, estas luchas nacionalistas separatistas, en esos países, se han disfrazado de luchas “antifascistas” o “democráticas” con el objetivo formar “repúblicas populares”, desviando objetivamente a la clase obrera de su lucha por el socialismo.

En los Estados de composición nacional heterogénea, la tarea del proletariado en relación con la cuestión nacional es doble: 1) luchar por la igualdad de las naciones, sin exclusivismos ni privilegios para ninguna nación, reconociendo el derecho de todas las naciones a la autodeterminación, y 2) establecer la unión más estrecha de la clase obrera de todas las naciones de ese Estado en partidos, organizaciones y sindicatos únicos sin distinción nacional, y librar una lucha conjunta por la revolución, por el derrocamiento y la expropiación de la burguesía.

El caso de la separación de Noruega de Suecia en 1905: clavo ardiente del que se agarran los socialchovinistas

La falta de argumentos y la incapacidad de analizar y explicar de manera concreta la cuestión de Escocia, ha llevado a algunos a recurrir a la tergiversación de la actitud de Lenin en el caso de la separación de Noruega de Suecia.

Así, por ejemplo, dos organizaciones pequeñoburguesas de Noruega y Gales, emitieron una declaración conjunta pidiendo “a los [escoceses] indecisos” que sigan el “consejo” que Lenin dio a los obreros en torno a la cuestión de la independencia de Noruega. Para “ilustrar” la forma en que debían actuar los obreros en el referéndum de Escocia, citan de esta forma a Lenin en su artículo sobre El derecho de las naciones a la autodeterminación, de 1914:

“¿Cuál fue y debió ser la posición del proletariado noruego y sueco en el conflicto motivado por la separación? Los obreros conscientes de Noruega, desde luego, hubieran votado, después de la separación, por la República, y si hubo socialistas que votaron de otro modo, eso no demuestra sino que hay a veces mucho oportunismo obtuso, pequeñoburgués, en el socialismo europeo. Sobre esto no puede haber dos criterios, y sólo nos referimos a este punto porque Rosa Luxemburgo intenta velar el fondo de la cuestión con disquisiciones que no vienen al caso

No cabe la menor duda de que la socialdemocracia sueca habría hecho traición a la causa del socialismo y a la causa de la democracia si no hubiera luchado con todas sus fuerzas contra la ideología y contra la política tanto de los terratenientes como de los Kokoshkin, si no hubiera propugnado, además de la igualdad de las naciones en general (igualdad que también reconocen los Kokoshkin), el derecho de las naciones a la autodeterminación, la libertad de separación de Noruega.

La estrecha unión de los obreros noruegos y suecos y su plena solidaridad de camaradas de clase ganaban, al reconocer de este modo los obreros suecos el derecho de los noruegos a la separación. Porque los obreros noruegos se convencían de que los obreros suecos no estaban contagiados de nacionalismo sueco, de que la fraternidad con los proletarios noruegos estaba, para ellos, por encima de los privilegios de la burguesía y de la aristocracia suecas. [La ruptura de los lazos impuestos a Noruega por los monarcas europeos y los aristócratas suecos fortaleció los lazos entre los obreros noruegos y suecos.] Los obreros suecos han demostrado que… sabrán mantener y defender la completa igualdad de derechos y la solidaridad de clase de los obreros de ambas naciones en la lucha tanto contra la burguesía sueca como contra la noruega.”

(Tomado del Statement from Communist League of Norway and Yr Aflonyddwch Mawr in Wales, del 15 de septiembre de 2014, publicado por el blog Gran Marcha Hacia el Comunismo. La parte en negrita son palabras de Lenin omitidas en la cita de la declaración.)

En primer lugar, lo del “consejo” de Lenin a los obreros suecos, es falso. Lenin escribió esto en 1914, mientras que la secesión de Noruega ocurrió en 1905. El grupo noruego que firma esta declaración, desconociendo su propia historia u ocultándola para apoyar una posición nacionalista, quiere hacer creer a sus lectores que la actual situación entre Escocia e Inglaterra en 2014 es similar a la situación que hubo entre Noruega y Suecia en 1905, y que en consecuencia los obreros ingleses y escoceses deben actuar como lo hicieron los noruegos y suecos en relación a la secesión. Para ello no solo omiten el análisis previo de Lenin, sino que deliberadamente cercenan, mutilan, la cita de Lenin, eliminando una parte que precisamente establece la diferencia entre uno y otro caso. Para demostrar cómo cambia el sentido del escrito de Lenin, nosotros la hemos incluido entre corchetes y resaltado arriba: “lazos impuestos a Noruega por los monarcas de europeos y los aristócratas suecos…”.

Lenin sostenía que en la votación para la separación de Noruega los obreros actuaron correctamente al votar por la independencia, aunque después debieron votar por la república y que la actitud de los obreros suecos al solidarizarse con los obreros noruegos, impidió la reacción de la aristocracia y la burguesía suecas contra la decisión soberana de Noruega. Sin embargo, los firmantes de la declaración mencionada ocultan un hecho fundamental que invalida la equiparación de estos dos casos:

“Para analizar este ejemplo a lo marxista, no debemos pararnos en las malas cualidades de los muy temibles “fraquistas” [nacionalistas polacos, adversarios de los marxistas polacos], sino, primero, en las particularidades históricas concretas de la separación de Noruega de Suecia, y, segundo, ver cuáles fueron las tareas del proletariado de ambos países durante esta separación.

Noruega está ligada a Suecia por lazos geográficos, económicos y lingüísticos no menos estrechos que los lazos que unen a muchas naciones eslavas no rusas a los rusos. Pero la unión de Noruega a Suecia no era voluntaria, de modo que Rosa Luxemburgo habla de “federación” completamente en vano, sencillamente porque no sabe qué decir. Noruega fue entregada a Suecia por los monarcas durante las guerras napoleónicas, contra la voluntad de los noruegos, y los suecos hubieron de llevar a Noruega tropas para someterla.” (Lenin, El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1914)

Lenin aconsejaba sabiamente que había que tener mucho cuidado con las analogías históricas, peor aún cuando no se tiene el más mínimo apego a la investigación científica. El hecho fundamental que las organizaciones arriba citadas pasan por alto es éste: 1) la unión de Noruega y Suecia no fue voluntaria, 2) Noruega fue entregada a Suecia por las potencias europeas como producto de las guerras napoleónicas, y 3) Suecia tuvo que imponer su dominio, llevando tropas a Noruega para someterla, violando su soberanía. A diferencia de eso, la unión de Escocia con Inglaterra en el Reino Unido fue voluntaria, en igualdad de condiciones, uniendo sus tropas a las inglesas en aventuras coloniales e imperialistas, sometiendo naciones y pueblos, beneficiándose ambas de la explotación y saqueo imperialistas. Las condiciones concretas de ambas uniones son distintas, no son comparables, por lo que no se pueden derivar las mismas conclusiones, como debe saber todo marxista.

La conclusión a la que llegó Lenin, a partir del caso de la separación de Noruega de Suecia, fue que la autodeterminación de las naciones es realizable bajo el imperialismo, a título de excepción, por la vía pacífica, “sin guerra y sin revolución”. El actual caso de Escocia confirma esta conclusión de Lenin, y queda claro cuál es el factor que permite ese caso de excepción: el ejercicio de la más amplia democracia burguesa en el Estado en cuestión, que no puede corresponder sino a un país altamente desarrollado desde el punto de vista capitalista (democracia inimaginable en la Rusia zarista, esa “cárcel de pueblos”, donde la lucha por la república era una de las banderas principales de los bolcheviques). Independientemente del juicio que se pueda tener del resultado, los escoceses ejercieron su derecho a decidir sobre la autodeterminación, decidiendo permanecer en el Reino Unido. Sería absurdo afirmar que por no haber formado un Estado independiente “les fue negado” el derecho a la autodeterminación.

La actual ola de nacionalismo en Europa y los auténticos movimiento de liberación nacional

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En los últimos años ha emergido en Europa una ola de nacionalismos, como consecuencia del reacomodo imperialista a través de la Unión Europea que favorece a unas cuantas potencias, agudizado por el descontento ante la redistribución del costo de la última crisis económica cuyo peso se ha puesto sobre la espalda de los pueblos y sobre todo de los que habitan los países más débiles de esa unión imperialista. Estos movimientos nacionalistas que levantan banderas separatistas, en su mayoría, sin antecedentes reales de resistencia nacional al Estado que conforman, no tienen nada que ver con movimientos de liberación nacional progresistas. Responden claramente a los intereses de fracciones de sus burguesías nacionales –monopólicas, cabe resaltar–  por replantear sus términos de vinculación con la Unión Europea, que se aprovechan del descontento popular canalizándolo tras sus intereses capitalistas  y dividen a la clase obrera del Estado único.

Es tan cuestionable el carácter “nacional” de esos movimientos que, como en el caso de Escocia, los separatistas ponen énfasis en el carácter democrático del movimiento, acusando de esta forma al Estado central de burocrático, mas no de opresor. Algo que sólo se les ha ocurrido a seudomarxistas que no tienen ninguna idea de la cuestión nacional desde el punto de vista del marxismo. Según estos oportunistas en los países capitalistas desarrollados, donde hace mucho tiempo se alcanzó la “paz nacional”, el proletariado debe luchar por la democracia (burguesa, se entiende) y no por el socialismo. Un ejemplo claro de lo que decimos es este slogan de un grupo británico seudo-radical, con motivo de la votación por la independencia de Escocia: “Vote Yes for Democracy but don’t forget the class struggle for Socialism Tomorrow”(http://democracyandclasstruggle.blogspot.com/2014/09/scotland-yes-vote-is-vote-for-democracy.html).

Si bien el derecho a la autodeterminación de las naciones es un principio básico de la democracia, los “izquierdistas” nacionalistas, no se refieren a ese aspecto de la democracia, porque no pueden invocar la condición de “nación oprimida”, y se centran en otras reivindicaciones de la democracia. Objetivamente, esto reduce la lucha de la clase obrera en un país capitalista desarrollado, –donde hace mucho tiempo se cumplieron las tareas de la revolución democrático-burguesa– a una lucha por reivindicaciones burguesas, a una lucha dentro del marco del capitalismo, postergando para “mañana” la lucha por el socialismo. (Cierto es que Rusia también era un país imperialista y los bolcheviques luchaban por la república, por la democracia completa, pero era un “imperialismo militar-feudal” y las dos etapas de la revolución eran necesarias). No cabe duda que los marxistas de los países imperialistas deben luchar por defender y ampliar las reivindicaciones democráticas burguesas, luchar por la democracia consecuente, así como se lucha por las reformas bajo el capitalismo, pero esta lucha se inscribe, confluye y realiza en la lucha directa por el socialismo, por el derrocamiento y la expropiación de la burguesía del propio país, como objetivo de la revolución proletaria. Reconocer esto no descarta que, en estos países, una exigencia democrática pueda ser el eslabón clave o el factor desencadenante de la lucha revolucionaria por el socialismo.

Pero si seguimos a los seudomarxistas habría que promover y saludar los “movimientos de liberación nacional” de Gales, de Quebec, de Okinawa, de los Estados del Sur de Estados Unidos, de Britania francesa, de Baviera, de Sicilia y Cerdeña, de algún Cantón suizo, etc., etc., habría que degradar la lucha de la clase obrera por la revolución y el socialismo a lucha por la “democracia” y repúblicas populares, en países capitalistas desarrollados, en países imperialistas. Porque si escarbamos en los Estados nacionales clásicos que el capitalismo en Europa ha proporcionado como lo mejor de sus históricas revoluciones burguesas, encontraremos una variedad de “naciones” en cada uno de ellos. Hasta ahora habían pasado desapercibidas porque el desarrollo avanzado del capitalismo condujo a la desaparición de las barreras nacionales en esos Estados, porque es bien sabido que el capitalismo en su desarrollo actúa como un molino triturando, pulverizando, esas diferencias nacionales. Y he aquí que los seudomarxistas que aplauden sin condiciones todo “movimiento” (si es antiyanqui, lo hacen sin preguntar qué intereses representa y objetivamente a dónde conducen) han sido atrapados por el nacionalismo pequeño burgués, y no están lejos de desear algo antihistórico y anacrónico en Europa, algo nunca visto ni soñado por las mentes más delirantes: “una nación, un Estado”; una idea reaccionaria incluso desde el punto de vista burgués, que ya es bastante; una idea que conduciría a una situación de disgregación peor que en la época del feudalismo, con una serie de Estados diminutos creados por particularismos nacionales, tratando de ir contra la corriente de la historia, del desarrollo capitalista y de la revolución proletaria, dividiendo a la clase obrera en innumerables destacamentos desvinculados. Ya la sola desmembración de dos países, la URSS y Yugoslavia, fue un gran golpe para la clase obrera internacional, no porque estos países fueran socialistas en ese momento (que ya no lo eran), sino porque escindió a dos grandes e importantes secciones del proletariado internacional en veintidós secciones más pequeñas correspondientes a veintidós nuevos países, las dividió no solo físicamente sino espiritualmente, separándolas en la lucha contra el enemigo común y no pocas veces enfrentándolas en luchas “nacionales”, como hemos visto y vemos en la actualidad. Pero lo más grave es cuando a la ofensiva reaccionaria se le unen los seudomarxistas, los socialimperialistas, los socialchovinistas y los tontos útiles que incondicionalmente abrazan cualquier “lucha” de dudoso revolucionarismo o progresismo, en la que “providencialmente” siempre destaca una burguesía a la que hay que sacarle provecho en su contradicción con un imperialismo o con otra fracción de la burguesía. Es decir el eterno sino de los reformistas y revisionistas.

Los movimientos de liberación nacional, los movimientos democrático-burgueses de tendencia progresista, los que ponen en cuestión la existencia misma del imperialismo como sistema, son los de los países atrasados, semicoloniales y dependientes, sojuzgados, explotados y expoliados por el imperialismo. De suyo se desprende que la independencia nacional y económica de estos países es irrealizable sin una lucha a muerte contra el imperialismo y la reacción, los cuales ni en sus momentos de mayor debilidad les permitirán que rompan los lazos de dependencia, que se desgajen del sistema imperialista, que sigan un camino revolucionario independiente. Esta lucha no puede ser pacífica, porque el imperialismo firmaría su sentencia de muerte si permitiera que estos países se liberen de su yugo. Es en Asia, África y América Latina donde los movimientos de liberación nacional todavía tienen una tendencia progresista y revolucionaria, donde ya existe clases obreras capaces de ponerse a la cabeza de la lucha, donde existen organizaciones comunistas que trabajan por enraizarse en las masas, donde incluso en algunos lugares ya se desarrollan luchas armadas de liberación. Estas luchas son las que en primer lugar merecen nuestra solidaridad de clase y exigen que el proletariado de todos los países cumpla su deber internacionalista de luchar contra la burguesía del propio país y contra todo imperialismo, grande o pequeño, fuerte o débil, sin tomar partido por alguno de ellos, sin apoyarse en uno para combatir al otro, so pena de ir a remolque de la burguesía monopolista de un bloque imperialista y perder su independencia de clase.

Los marxistas no deben olvidar que

“En el problema de la autodeterminación de las naciones, lo mismo que en cualquier otro, nos interesa, ante todo y sobre todo, la autodeterminación del proletariado en el seno de las naciones.” (Lenin, El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1914)

Anexo

Dos puntos importantes en torno a la independencia de Escocia

Hay dos cuestiones claves e inevitables a la hora de evaluar el caso de la independencia de Escocia: 1) ¿Es Escocia una nación oprimida? y 2) ¿Cuáles serían las ventajas para la clase obrera en una Escocia independiente?

Ninguna clase social ni partido político de Escocia ha utilizado, como argumento a favor de la independencia de esa región, la tesis de que Escocia es una nación oprimida. Incluso los partidos a favor de la independencia reconocen que Escocia no es una nación oprimida. En los tres siglos de la unión entre Escocia e Inglaterra, la relación entre ambas ha pasado por varias fases, pero todas ellas se han desarrollado sobre la base de la comunión de intereses.

Un órgano, oficioso, de expresión del Partido Socialista de Escocia, a favor de la independencia de Escocia, sostiene en un artículo de hace más de un año:

“Sobre la cuestión de la separación de Escocia del resto del Reino Unido, los marxistas no pueden sustentar la independencia con el argumento de que Escocia es una nación oprimida dentro del Reino Unido, ya que al menos en los tiempos modernos no ha habido ningún intento sistemático por parte de la clase dirigente británica de negar a los escoceses sus derechos democráticos, incluido el derecho a la secesión del Reino Unido. Sin embargo, hay otra razones para apoyar la independencia de Escocia desde una perspectiva marxista…”. (Eddie Cornock, A Marxist Case For An Independent Scotland, Frontline – Marxist Journal from Scotland, 15 de mayo de 2013. http://redflag.org.uk/wp/?p=404)

Otra organización de “izquierda”, a favor de la independencia, a su vez, no puede dejar de reconocer lo que está registrado por la historia:

“El Acta de la Unión de 1707 representó la formal alianza constitucional de Inglaterra y Escocia, como socios –primario y secundario– en el colonialismo e imperialismo británico. De esta unión histórica, el imperialismo británico saca su formidable organización, fuerza y ​​carácter. Las clases dominantes, feudal, aristócrata y capitalista, de Escocia e Inglaterra se integraron en un grado muy profundo durante todo un período histórico. Adam Smith, que escribió la biblia del capitalismo, “La Riqueza de las Naciones”, fue un economista escocés. Los Bancos de Inglaterra y Escocia fueron creados por el escocés William Patterson en 1694 y 1695 respectivamente. Estas instituciones garantizaron que el saqueo colonial estuviera asegurado y organizado mediante el efectivo y el crédito para la primera economía capitalista en la historia. La mayoría de las cláusulas de la Ley de 1707 eran sobre asuntos económicos. El dinero era el imperativo.”

(Michael MacGregor, “Scotland: Yes to independence – No to British imperialism”, 14 de febrero de 2014, publicado en http://www.revolutionarycommunist.org/index.php/scotland/3306-yt140214)

Por su parte, el PC de Gran Bretaña (M-L), opuesto a la independencia de Escocia sostiene que:

“…Escocia no fue una nación oprimida ni estuvo sometida al colonialismo inglés. Tampoco fue un socio menor de Inglaterra. Lejos de eso, los escoceses jugaron un rol en pie de igualdad, y en muchas ocasiones dirigente, en la economía, la cultura y la vida social de Gran Bretaña, así como en la formación del imperio británico, que en algún momento dominó a un tercio de la humanidad.

en ningún momento el movimiento de la clase obrera en Escocia estuvo guiado por sentimientos nacionalistas y separatistas. Si, a veces, el movimiento militante de la clase obrera escocesa se remitió a la historia escocesa y utilizó los nombres de figuras del pasado como William Wallace y Robert the Bruce, no fue por otra razón que invocar figuras del pasado que lucharon contra la autoridad establecida…”

(Communist Party of Great Britain-Marxist-Leninist, Scotland. A part of the British Nation, Proletarian nº 51, diciembre de 2012, http://www.cpgb-ml.org/index.php?secName=proletarian&subName=display&art=887)

En algunos artículos a favor de la independencia escocesa se puede advertir la inclusión de fotos y representaciones gráficas de jornadas de la lucha de clase de los obreros escoceses como si fueran episodios de una lucha nacional, poniendo el énfasis en la represión británica (inglesa y escocesa, vale aclarar) a esas luchas como equivalentes a una opresión nacional. Esto no se condice con la realidad.

El principal representante del reciente movimiento independentista en Escocia, el Partido Nacional Escocés, partido gobernante por añadidura, no se atrevió a utilizar el argumento de la “nación oprimida” para defender la separación de la Unión. A lo más que llegó en el fragor de la campaña por el “Sí” fue acusar a Westminster de “bluff, bluster and bullying”, según las palabras de su líder Alex Salmond, a la sazón actual Primer Ministro de Escocia. Es decir, nada distinto de lo que sucede en cualquier parte del mundo, cuando la clase dominante en el poder utiliza el engaño, la bravuconería y la intimidación para neutralizar a otra fracción de su clase y para mantener a los obreros y al pueblo bajo control. Los motivos para la independencia de Escocia los explica así:

“Independencia es hacer de Escocia más exitosa. Dicho de una forma más elemental, es la capacidad de tomar nuestras propias decisiones, de la misma manera en que lo hacen otros países. Escocia es una sociedad y una nación. Nadie se preocupa más por el éxito de Escocia que el pueblo que aquí vive, y, en última instancia, por eso la independencia es la mejor opción para nuestro futuro.” (Scotland National Party, The new Scotland, http://www.snp.org/referendum/the-new-scotland)

Pero ¿qué ventajas traería esa independencia para la clase obrera?

El argumento mejor elaborado desde la “izquierda” establece que la separación de Escocia de la unión británica debilitaría especialmente al imperialismo inglés, limitaría su capacidad para seguir sus aventuras imperialistas en el mundo en sociedad con el imperialismo norteamericano. En última instancia, la debilidad de su socio debilitaría la posición internacional de Estados Unidos.

Además, argumentan algunos en la “izquierda” y fuera de ella, el voto por el “Sí” obligaría a replantear los términos de la Unión, en condiciones más democráticas. Así lo explica el Partido Comunista Revolucionario Británico (Marxista-Leninista):

“El voto por la independencia escocesa no es sólo una postura por la autodeterminación y la soberanía, no sólo es un golpe al imperialismo británico, también abre un amplio espectro para la discusión sobre cómo está constituida Gran Bretaña, sobre dónde reside la soberanía y sobre los derechos del pueblo que la constitución debe encarnar. Esta es precisamente la discusión que la elite dominante británica teme mucho… Defendemos una unión voluntaria en pie de igualdad, para establecer la unidad sobre una nueva base, un nuevo tipo de unión de Estados modernos soberanos. Desde este punto de vista, llamamos a votar “Sí”.” (Workers Weekly, Referendum on Scotland’s Independence: Keep the Initiative! All Out for a “Yes” Vote!, 13 de septiembre de 2014, http://www.rcpbml.org.uk/wwie-14/ww14-25.htm#lead)

Sin embargo, como no es suficiente con votar “Sí”, sin preguntar qué viene después, los socialistas escoceses, avizoran el escenario y establecen la disyuntiva:

“En el caso de que en 2014 el “Sí” tenga mayoría, entonces es probable que sobrevenga un periodo de dos años de intensa actividad y realineamiento políticos, que culminará en una elección histórica en la que los escoceses den su veredicto sobre las propuestas en competencia acerca de la Escocia independiente que prefieren. No hay mucha certeza que en 2016 el SNP [Partido Nacional Escocés} conserve su actual configuración e identidad política y es aun menos cierto que salga victorioso y satisfecho en la primera elección a realizarse en una Escocia independiente después de más de trescientos años.

“Vote “No” y sigamos como antes, en el Estado británico reaccionario y neo-imperialista que impone restricciones legales a los sindicatos, agrede el nivel de vida de los trabajadores y provee respaldo militar y diplomático a EEUU para ayudar a mantener un orden mundial neoliberal. O vote “Sí” y que comience la disolución del Reino Unido en nombre del progreso político y el avance social y, al hacerlo, tomemos conciencia del potencial de la izquierda, durante mucho tiempo desaprovechado, no sólo en Escocia sino en toda Gran Bretaña.”  (Eddie Cornock, A Marxist Case For An Independent Scotland, Frontline – Marxist Journal from Scotland, 15 de mayo de 2013. http://redflag.org.uk/wp/?p=404)

Los buenos deseos quedarían sólo en eso si no se tuviera una comprensión cabal de los objetivos de quien lidera actualmente el movimiento por la independencia de Escocia. El Partido Nacional Escocés ha enunciado con meridiana claridad los motivos y los objetivos de su propuesta y su campaña, de contenido nacionalista burgués, reafirmando una postura imperialista:

“Y la independencia significará una nueva y fuerte relación entre Escocia y el resto del Reino Unido. Creará una asociación de iguales – una unión social reemplazará a la actual unión política. La independencia significa que Escocia tendrá siempre el gobierno que elijamos, la reina será la cabeza de nuestro Estado, la libra será nuestra moneda y seguiremos viendo nuestros programas favoritos en la TV. Como miembros de la Unión Europea habrá fronteras abiertas, derechos compartidos, libre comercio y amplia cooperación.

La gran diferencia será que el futuro de Escocia estará en nuestras manos. En lugar de decidir sólo algunas cuestiones aquí en Escocia, la independencia nos permitirá tomar decisiones sobre todas las cuestiones más importantes. Esa es la realidad de la independencia en este mundo interdependiente.

Escocia representa el 9.3% del gasto del Reino Unido, mientras que genera el 9.9% de los impuestos de la unión. Las finanzas escocesas son más fuertes que las del Reino Unido en su conjunto alcanzando la suma de £4.4 miles de millones – esto es, £824 por cada hombre, mujer y niño de Escocia.

Las cifras publicadas en enero de 2012 por la firma M&G Investments demostró que la deuda de Escocia como porcentaje de la riqueza nacional era menor que la del Reino Unido: 56% Escocia y 63% Reino Unido; como dice el informe, el punto de partida de Escocia luce mejor que el de Reino Unido tomado en su conjunto.

Y gracias al petróleo y gas del Mar del Norte, valorizado en £1.5 billones, tenemos uno de los mejores activos para el futuro – en los próximos 40 años se producirá más riqueza que la que se generó en los últimos 40 años. Con el poder de la independencia, podemos crear un fondo que durará por décadas, más allá de eso. Se prevé que los ingresos por impuestos en los próximos seis años serán de £48 mil millones.

Mas el petróleo y el gas no son nuestras únicas garantías para el futuro. Escocia tiene el 25% del potencial de energía eólica y marina de la Unión Europea, que según algunos estimados puede tener un valor de £14 mil millones al año. Para nuestro tamaño, tenemos el centro de investigación universitaria más fuerte del mundo. Tenemos industrias claves en crecimiento, como turismo, alimentos y bebidas (incluyendo el whisky), el sector financiero, ingeniería y ciencias de la vida.” (Scotland National Party, The new Scotland, http://www.snp.org/referendum/the-new-scotland)

Las huellas de una “cuestión nacional” se desvanecen, si alguna vez alguien pretendió sostenerla en serio. De hecho, todo esto nos recuerda las disputas en cualquier país del mundo entre el gobierno central y las regiones que dependen de él, debido a la desigual distribución territorial de la riqueza y los costos de mantener el Estado. Las regiones ricas en recursos reclaman que no se les deja un buen porcentaje de los ingresos que generan, mientras que regiones pobres o de menos desarrollo se quejan de que los impuestos que pagan exceden su capacidad de generar riqueza. Estas disputas, especialmente en países atrasados, no pocas veces adquieren carácter masivo popular, con justas reivindicaciones, que se inscriben en la lucha contra la explotación capitalista e imperialista.

Los marxistas no se remiten solo a apoyar o negar simplemente un movimiento de independencia nacional; plantean la cuestión con base en los intereses de la clase obrera. Si están por el “Sí”, se preguntan qué sigue, cuáles son los escenarios probables para la clase obrera. A diferencia de muchos “izquierdistas” por el “Sí” en Escocia, en el tema de la independencia de Noruega, por ejemplo, Lenin no evaluó las cosas de manera simple y limitada, no redujo la solución del problema nacional a responder sí o no a la independencia, como vimos antes, especialmente se interesó por el futuro de la lucha de la clase obrera, qué pasaría después de la separación. De esta forma distinguió los caminos que se le abrían al proletariado, no a la nación:

“Si la mayoría de la nación noruega estaba por la monarquía, y el proletariado por la república, al proletariado noruego, hablando en general, se le abrían dos caminos: o la revolución, si estaban maduras las condiciones para ella, o la sumisión a la mayoría y una larga labor de propaganda y agitación.” (Lenin, El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1914)

Casi toda la campaña a favor del “Sí” fue planteada sólo en los términos de responder a la pregunta de si Escocia debía constituir un Estado independiente, no existió propaganda ni agitación marxista sobre el tipo de Estado de la nueva Escocia. Algunos inclusive se enfocaron en que Escocia, a diferencia del resto de Reino Unido, todavía mantiene algunas de las conquistas que el Estado del bienestar tuvo que incorporar, y especularon sobre un posible Estado escocés independiente pro-social, pro-trabajador.

Es cierto que la “izquierda” que está a favor de la “independencia” de Escocia considera que esta separación debilitaría al imperialismo inglés y su capacidad para participar en aventuras imperialistas en el mundo, y por eso la apoya. Pero olvidan que Escocia quiere constituirse en un nuevo país imperialista, incorporándose individualmente a la Unión Europea, con los compromisos imperialistas que esto conlleva. El resultado final sería un falso debilitamiento del imperialismo inglés, cuyos intereses económicos en Escocia permanecerán intocables, un reforzamiento del capital monopolista escocés que sacará mejor provecho de las explotaciones en el Mar del Norte y un debilitamiento de la lucha del proletariado en el Reino Unido, al haberse dividido a la clase obrera británica –por una acción nacionalista sin reivindicación nacional progresista–, excluyéndose a una sección combativa. Es importante tener presente que en la cuestión nacional en un Estado plurinacional, la primera palabra de los marxistas es la “igualdad de las naciones y la unión de los obreros sin distinción alguna”. Pero para eso, debe haber realmente un “problema nacional”.

Luchamos sobre el terreno de un Estado determinado, unificamos a los obreros de todas las naciones de este Estado, no podemos garantizar tal o cual vía de desarrollo nacional, vamos a nuestro objetivo de clase por todas las vías posibles.

Pero no se puede ir hacia este objetivo sin luchar contra todos los nacionalismos y sin propugnar la igualdad de todas las naciones…”. (Lenin, El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1914)

Las divergencias sino-albanesas desde la óptica de los analistas de la reacción imperialista, durante la “guerra fría”

Las divergencias sino-albanesas desde la óptica de los analistas de la reacción imperialista, durante la “guerra fría”

El caso de Radio Europa Libre, 1965-1972

Por Gerardo Manfredi

(Septiembre 2014)

Es un lugar común de ciertos maoístas cuestionar la denuncia pública del revisionismo chino, que iniciara Enver Hoxha en la segunda mitad de la década de 1970, con el “argumento” malicioso e ignorante de “¿por qué Hoxha esperó a que Mao estuviera muerto?” y “¿por qué no dijo nada antes?”. Es maliciosa porque parte del supuesto de que Enver Hoxha –el comunista que denunció a Jruschov, en el Kremlin, en su terreno, y frente a frente, ante todos los partidos comunistas– hubiera tenido temor de decirle sus errores a Mao Tse-tung en vida. Y es ignorante porque demuestra que los que hacen esas insinuaciones no han seguido en verdad la historia, las trayectorias y los debates en el movimiento comunista internacional desde la segunda mitad de la década de 1950, y en consecuencia no han advertido que las diferencias entre el PTA y el PCCh se remontan a casi dos décadas antes de la formal ruptura en 1978.

Están como constancias los documentos públicos emitidos por el PTA, a través de su órgano central Zëri i Popullit, a lo largo de toda la gran polémica con el revisionismo soviético y luego de la subsecuente escisión en el movimiento comunista internacional. Están como evidencias también los caminos que siguieron en la edificación del socialismo y la actuación de sus respectivas direcciones partidarias.

En la actualidad, contamos con mucha mayor información que permite establecer la evolución de las discrepancias entre el PTA y el PCCh, y concluir que la denuncia pública de Enver Hoxha es una síntesis y desarrollo de las antiguas posiciones del PTA frente a las zigzagueantes línea y políticas del PCCh. Entrevistas entre delegaciones de ambos partidos, discursos y cartas, de carácter privado, nos dan una idea de la forma, el contenido y las limitaciones en que se desarrollaron los intercambios de opiniones e informaciones entre ambos partidos. El elemento nuevo en la denuncia pública de Hoxha de la segunda mitad de los 1970s, fue, nada menos, ponerle nombre al oportunista y al oportunismo, decirlo con todas sus letras y con los calificativos correspondientes. Es precisamente este elemento nuevo el que provocó la rasgadura de vestiduras de aquellos que sólo se alimentaron con la versión unilateral del semanario Pekín Informa, pensando que el resto de partidos y organizaciones marxista-leninistas eran simples seguidores, no advirtiendo matices y diferencias importantes en el seno del renovado movimiento marxista-leninista.

La “ceguera” de ciertos maoístas contrasta notablemente con el “seguimiento” y las observaciones que hacían los analistas de inteligencia del imperialismo, sus periodistas especializados y los intelectuales burgueses sobre lo que ocurría en el campo socialista y en el seno del movimiento comunista internacional. Esta gente, a partir de documentos públicos, es decir, no secretos, estuvo más al tanto de las diferencias entre albaneses y chinos, de lo que están algunos desavisados, aún hoy, en la segunda década del siglo XXI, pese al cúmulo de información adicional que se dispone.

Para ilustrar esto hemos tomado fragmentos de algunos artículos de los archivos de Radio Europa Libre (que, junto a La Voz de América, era uno de los centros de desinformación del imperialismo y la reacción mundial, en la llamada “guerra fría”). La selección la hicimos revisando una pequeña muestra de artículos, eligiendo únicamente aquellos que en el título hacían referencia directa a diferencias entre chinos y albaneses. En consecuencia, no necesariamente son los únicos con ese contenido. Por tal razón este artículo no es –ni pretende ser– exhaustivo ni minucioso. Es sólo una revista de una muestra de ocho comentarios durante el período 1965-1972, que se inicia con el segundo viaje de Chou Enlai a Albania –poco después de la caída de Jruschov y luego de que se disiparan las esperanzas chinas de reconciliación con los soviéticos– y culmina con las secuelas de la visita de Nixon a China.

Durante toda la polémica con el revisionismo soviético, siempre fue evidente la diferencia de tono y actitud en el campo marxista-leninista. Los albaneses fueron intransigentes, incisivos y directos; los chinos, conciliadores, moderados y esópicos. ¿A qué se debió esto? Algunos historiadores sostienen que los albaneses, después del discurso de Hoxha en la Conferencia de los 81 Partidos en 1960, no tenían nada que perder, ya habían quemado los puentes, mientras que los chinos todavía podían ganar ascendencia sobre los otros partidos hermanos, optando por conducirse con ponderación, sensatez y moderación. El articulista de Radio Europa Libre, sin embargo, observó con razón que esas diferentes actitudes tenían su origen en las diferentes posiciones:

“Las diferentes posiciones que los dos países [Albania y China] mantienen en el campo socialista y en el movimiento comunista internacional explican los diversos grados de intensidad en los pronunciamientos realizados. Desde el inicio de la polémica abierta en 1961, los comunistas albaneses han estado un paso adelante de los chinos y de otros “marxista-leninistas” en la gran batalla desatada en el seno del comunismo de hoy… Los dirigentes de Tirana han demostrado en muchas ocasiones su malestar cuando los chinos y otros partidos “marxista-leninistas” no siguen una incesante política anti-soviética. Esto fue evidente inmediatamente después de la caída de Jruschov. Por ese motivo, ellos siempre han hecho todo lo posible por mantener el fuego ardiendo…”. (RFE, Chou’s Three-Day Tirana Visit, 30 de marzo de 1965)

En 1966, se dio inicio en China a la revolución cultural, un acontecimiento vital para contrarrestar el avance de los elementos abiertamente revisionistas en el PCCh. El PTA apoyó a la fracción maoísta en su lucha contra los elementos revisionistas que habían copado puestos importantes en la alta dirección del Partido y el Estado chinos. Sin embargo, los comunistas albaneses tuvieron sus reservas sobre las causas, el desarrollo y los objetivos de esa revolución cultural, así como sobre la resolución y la consecuencia de la fracción maoísta en su lucha contra los elementos abiertamente revisionistas del PCCh. La ausencia del partido, la movilización caótica y los enfrentamientos armados entre las fuerzas en pugna en China, llamaron la atención de los comunistas albaneses y les plantearon interrogantes preocupantes acerca del carácter proletario y revolucionario de la “revolución cultural”. Radio Europa Libre pudo discernir, en 1966, lo que ciertos desinformados hasta ahora no advierten:

“Los medios de comunicación albaneses…, hasta el momento, han omitido hacer la más mínima referencia al movimiento de “guardias rojos” que actualmente está trastornando la escena china. Esta inusual omisión está en claro contraste con la declaración del editorial del Diario del Pueblo del 6 de septiembre, que dice que “la revolución cultural está remeciendo el mundo”.

 “…Al tratar de sacar conclusiones de la desconcertante omisión albanesa en comentar las dramáticas actividades de su aliado, se deben considerar una serie de puntos. En opinión de algunos observadores, se debe hacer una distinción entre la revolución cultural como objetivo ideológico y los medios para alcanzar ese objetivo (es decir, la utilización de los “guardias rojos”). En este contexto, parece haberse desarrollado una diferencia de puntos de vista entre chinos y albaneses sobre los métodos.

 “Finalmente debe plantearse la cuestión de cómo afectará esto las relaciones sino-albanesas, ya que el silencio en este caso indica el desacuerdo parcial de Albania con la actual línea china, justo en el momento en que Pekín está buscando apoyo en la actual fase de la revolución… Sin embargo, los informes diarios procedentes de China demuestran que en el mismo Pekín parece no haber unanimidad en lo concerniente a la lógica del movimiento de “guardias rojos”.” (RFE, Albania and the “Red Guard” Movement, 7 de septiembre de 1966)

En 1968, ante el anarquismo y descontrol de sus acciones, el propio Mao Zedong y su grupo decidieron finalmente desactivar el movimiento de “guardias rojos”. Los albaneses no estuvieron equivocados en su reserva inicial y en su desconfianza posterior con respecto a la revolución cultural, no obstante el justo apoyo que dieron a la fracción maoísta en la lucha contra elementos abiertamente derechistas en el partido chino.

 Otro punto de discrepancia entre albaneses y chinos fue la actitud ante la Unión Soviética revisionista. Incluso después de la escisión en el movimiento comunista y la profundización de la restauración del capitalismo en la URSS, los dirigentes chinos todavía consideraron la posibilidad de un frente único antiimperialista que incluyera a los revisionistas soviéticos. Los comunistas albaneses, por el contrario, siempre replicaron a los chinos que el frente único antiimperialista internacional no podía ni debía incluir a la Unión Soviética, porque el cambio de carácter de su formación social y la política internacional que seguía la camarilla de Brezhnev la habían transformado en uno de los blancos de la revolución proletaria y del movimiento de liberación nacional en el mundo. Poco después, en 1969, China y la URSS tuvieron algunos enfrentamientos armados en zonas fronterizas. La situación amenazó con dirigirse a un conflicto armado en toda la regla y al peligro del uso de armas nucleares, terreno en el cual los revisionistas soviéticos tenían amplia superioridad. Estos hechos llevaron a los dirigentes chinos a considerar que la Unión Soviética se había convertido en su enemigo principal, algo que después transformarían en uno de los pilares de la teoría oportunista de los “tres mundos”. Una razón de Estado fue convertida así en una cuestión “ideológica”. La reunión Kosygin-Chou Enlai en el aeropuerto de Beijing sirvió para apaciguar la situación y buscar formas que impidieran el escalamiento del conflicto. El fragmento del artículo de Radio Europa Libre de octubre de 1969, refleja la suspicacia albanesa sobre las maniobras políticas de los dirigentes chinos. Aunque las contradicciones sino-soviéticas ya habían llegado a un punto irreversible, los albaneses no tenían confianza en la posición antirrevisionista y antisocialimperialista china:

“Durante las últimas semanas ha surgido cierta evidencia que sugiere que los líderes albaneses están comenzando a tener suspicacias sobre el curso reciente de las relaciones sino-soviéticas, marcado por el encuentro Kosygin-Chou En-lai el 11 de septiembre. Una serie de artículos publicados últimamente en Zëri i Popullit, el vocero del partido albanés, revela una significativa discrepancia en las actitudes de albaneses y chinos hacia la Unión Soviética.

 “Después del inesperado encuentro en el aeropuerto de Pekín, se ha observado una serie de misteriosos incidentes en el campo de las relaciones sino-albanesas, que tienden a dar la impresión de que existe cierta anomalía en los contactos entre los dos “íntimos camaradas de armas”.

 “En primer lugar, los medios albaneses nunca han informado el encuentro entre los dos Primeros Ministros. En segundo lugar, durante la celebración del 20º aniversario de la RPCh en Pekín, Albania estuvo representada por una delegación de segundo nivel del Partido y del Estado, encabezada por Haki Toska, miembro del Buró Político y Vice Primer Ministro. Un incidente que, considerando que Albania es generalmente conocida como el más cercano aliado de China, puede describirse en el mejor de los casos como “extraordinario”…

 “El primer signo claro de aprensión de parte de la dirección albanesa sobre los contactos entre China y la Unión Soviética, apareció en dos importantes artículos del vocero del partido albanés Zëri i Popullit. Los artículos publicados a principio de este mes contienen pasajes que parecen estar dirigidos a Pekín. El tema central de esos artículos puede ser sintetizado en una breve frase: “cuidado con la perfidia soviética”.

 “Los líderes albaneses que representan la posición más dogmática en el movimiento comunista internacional, no tienen nada que ganar y sí mucho que perder como resultado de un posible entendimiento sino-soviético o de un modus vivendi político entre los dos gigantes comunistas…”.

 (RFE, Sino-Soviet Contacts Arouse Hoxha’s Suspicions, 15 de octubre de 1969)

 Poco después Mao y el PCCh pondrían sobre la mesa el manido y viejo tema del supuesto cambio de la naturaleza del imperialismo. Un tema bastante recurrente en los fueros revisionistas de todas las épocas y latitudes. Para justificar su acercamiento, entendimiento y connivencia con el imperialismo norteamericano, el PCCh adoptó la posición según la cual el imperialismo norteamericano era un imperialismo en declive, en retirada, que deseaba abandonar su injerencia directa en el mundo y que buscaba actuar a través de gobiernos títeres; es decir, se había debilitado y ya no era peligroso. Esta tesis oportunista era la otra cara de la moneda de su nueva “teoría”, que sostenía que la Unión Soviética era el enemigo principal de los “países, naciones y pueblos” del mundo, contra el cual había que “unir todas las fuerzas susceptibles de ser unidas” (incluyendo a los imperialismos débiles y los de segundo orden). El 6 de agosto de 1971, recién enterado del tema y en carta privada dirigida personalmente a Mao Zedong, Enver Hoxha le dijo que Albania estaba en desacuerdo con esa concepción, y también le dijo que no apoyaba la visita de Nixon a China (Ver “Crítica Marxista-Leninista http://criticamarxista-leninista.blogspot.com/2013/03/hoxha-a-mao-visita-nixon-es-un-error.html.) Al igual que antes, sobre otras cuestiones, Mao y el PCCh nunca respondieron a sus “íntimos camaradas” albaneses. Y como demostración de la poca consideración china con sus aliados más leales, solo una semana después de la visita secreta de Kissinger a Beijing en julio de 1971, el PTA supo por primera vez que los camaradas chinos llevaban casi dos años de coqueteos con los imperialistas norteamericanos. Para que los albaneses no se enteraran por los periódicos de la inevitable noticia de la próxima visita de Nixon, informaron del tema al embajador albanés en China, para que se lo transmitiera a Enver Hoxha. (En contraste con esto, enviaron a Chou Enlai a Vietnam y a Corea del Norte para que informara personalmente a Ho Chi Minh y a Kim Il Sung). Radio Europa Libre, sin conocer la carta privada de Hoxha a Mao y utilizando como única fuente un artículo de Zëri i Popullit [ZIP], aparentemente propagandístico, sobre Indochina (Vietnam, Camboya y Laos), decía:

“Muy en línea con su acostumbrada práctica de informar selectivamente, Albania hasta ahora ha omitido reaccionar oficialmente ante el sensacional anuncio de la planeada visita del presidente Nixon a China Comunista. Aunque los medios albaneses, como norma, no entran en especulaciones sobre el desarrollo mundial, la total ausencia de comentarios sobre la última movida china bien puede ser vista como expresión del recelo de Tirana ante el rápido ritmo de la normalización de las relaciones sino-estadounidenses.

“…la primera indicación de lo que podría interpretarse como expresión del recelo albanés acerca de los últimos acontecimientos en las relaciones sino-estadounidenses, apareció en un editorial de Zëri i Popullit sobre el 17º aniversario del acuerdo de Ginebra sobre Indochina. Fuera de su lenguaje anti-norteamericano y anti-Nixon, que es habitual en la propaganda albanesa, el artículo es notable por una variedad de razones. Su mensaje principal es que “la naturaleza del imperialismo es inmutable”, que el imperialismo norteamericano es “agresivo” y “seguirá siendo agresivo”. En cuanto a la política de Nixon sobre Indochina, ZIP sostiene que el presidente norteamericano ha “utilizado métodos más astutos y sofisticados que sus predecesores”, combinando la “conocida doble táctica de la fuerza bruta, la presión y el chantaje con la maniobra política, la demagogia y el engaño”. Esta interesante formulación puede ser una pista de que algunos pueden haber caído en la última táctica. Otro aspecto remarcable del editorial de ZIP es que, a diferencia de anteriores comentarios albaneses sobre la cuestión de Indochina, omite referencias al rol de China como la “segura retaguardia de la región” para los pueblos indochinos. Queda por ver si las agencias de noticias chinas, que reproducen la mayoría de los comentarios de ZIP, publicará este comentario albanés sobre la situación en Indochina.

 “El editorial de ZIP puede ser la primera indicación de la incomodidad albanesa, expresada en términos muy cautos, acerca de las perspectivas de los acomodos sino-estadounidenses. Por cierto, Tirana mostró una preocupación similar en septiembre de 1969, después del sorpresivo anuncio del encuentro Kosygin-Chou En-lai en Pekín.”

 (RFE, Tirana Uneasy Over Sino-US Developments, 21 de julio de 1971).

Estas discrepancias sino-albanesas se hicieron públicas, para todo el que tuviera ojos y oídos, en el VI Congreso del PTA de noviembre de 1971, es decir solo tres meses después de la carta privada de Enver Hoxha a Mao Zedong. El informe de Enver Hoxha ante el Congreso expone la posición del PTA reafirmando la teoría leninista del imperialismo y la estrategia y la táctica revolucionarias del proletariado, a la luz de los nuevos acontecimientos y ante la desviación de la dirección del PCCh, sin mencionar a esta última. En su informe ante el VI Congreso, Hoxha, oponiéndose a las nuevas tesis chinas, destaca la realidad objetiva sobre el carácter del imperialismo norteamericano:

“A pesar de los cambios que se han operado y se operan en el mundo, el imperialismo norteamericano ha sido y sigue siendo el principal enemigo de todos los pueblos, el mayor opresor y explotador de los demás países, el bastión de la reacción mundial. En tanto siga manteniéndose en pie, continuará también inalterable su naturaleza reaccionaria, continuará su política y su estra­tegia de agresión y de guerra que emana de la misma esencia de su sistema de explotación. El imperialismo norteamericano no puede subsistir sin la expansión eco­nómica, sin la intervención política y la agresión militar, sin oprimir y explotar a los demás pueblos. Lo contrario significa su muerte, abre el camino a las rebeliones y revoluciones.

“Los acontecimientos de los últimos años confirman del mejor modo que el imperialismo de los Estados Unidos no sólo no ha renunciado a sus designios, sino que hace todo lo posible por minar la libertad y la independencia de los demás países y por establecer su dominación mundial. En todas partes blande las armas y amenaza con la guerra.”

La historia y los acontecimientos actuales del desarrollo mundial dieron y dan la razón a Enver Hoxha y al PTA. Una vez más, Mao Zedong y el PCCh se apartaban de la línea marxista-leninista. ¡Y esto ya está reflejado en el informe al VI Congreso de 1971! Años después, en 1976, en el célebre VII Congreso se desarrollarían y harían explícitas y públicas (nuevamente, sin mencionar a Mao y al PCCh) las críticas fundamentales al revisionismo chino. Es decir en dos congresos consecutivos, el PTA criticó directamente a Mao y al PCCh, sin mencionar sus nombres, como correspondía a la etapa en que se encontraba la lucha ideológica en el seno del movimiento marxista-leninista. La dirección del PCCh, con Mao a la cabeza, fue consciente de estas críticas directas. Fue tan consciente que en un acto, a la vez de soberbia y de resentimiento, no envió una delegación al VI Congreso del PTA en 1971 (tampoco la enviaría al VII Congreso de 1976). Esto también confirma que, muchos años antes de la ruptura abierta, los chinos estuvieron bien enterados de las posiciones críticas de los albanesas. Mientras tanto, en público, Hoxha y el PTA seguían considerando a Mao y al PCCh camaradas de armas, y seguían apoyando la revolución china. Lo que no vieron ni ven hasta ahora algunos obtusos, lo vio Radio Europa Libre en los precisos días en que se celebraba el VI Congreso del PTA:

“El VI Congreso del PTA ha proporcionado evidencia fragmentaria de las divergencias de intereses y actitudes en ciertas áreas entre el régimen de Tirana y sus aliados chinos. El énfasis de Hoxha en la necesidad de una intransigente “lucha en dos frentes, contra el imperialismo norteamericano y el socialimperialismo soviético”, y su insistencia en que los verdaderos marxista-leninistas no pueden hacer concesiones a las fuerzas “revisionistas contemporáneas”, parecen divergir –si no están ya en conflicto con ellas– de las tendencias actuales de la política internacional, e incluso inter-partidaria, de Pekín.”

(RFE, Hoxha’s Esoteric Polemics – Advice To Peking?, 12 de noviembre de 1971).

“Además de la sorpresiva ausencia de una delegación del partido chino en el VI Congreso del PTA, la escasa cobertura china de los trabajos del congreso ha ofrecido a los observadores otro acontecimiento desconcertante.”

(RFE, Scanty Chinese Coverage Of Albanian Party Congress, 9 de noviembre de 1971).

Totalmente regocijada con su nuevo “amigo”, la dirección china hizo oídos sordos a las críticas de los marxista-leninistas consecuentes, y continuó con su cortejo al imperialismo norteamericano, recibiendo a Nixon en Beijing en 1972. Una vez más Radio Europa Libre fue más perspicaz en marzo de 1972 (¡leyendo solo a Zëri i Popullit!) que ciertos maoístas en la segunda década del siglo XXI, con un océano de información a su alcance:

“Un extenso editorial de Zëri i Popullit ha atacado severamente las declaraciones hechas por el presidente Nixon durante su visita a China Comunista. Las declaraciones [de Nixon] en cuestión fueron recibidas positivamente por la dirección china; en consecuencia, ese editorial de Zëri i Popullit puede ser considerado como una reprimenda albanesa a Pekín.

 “Los comunistas albaneses han lanzado un feroz ataque editorial contra el presidente Nixon y, en una explícita alusión a su reciente visita a China Comunista, han rechazado categóricamente las declaraciones políticas del presidente en relación con su histórico viaje. De este modo, aunque indirectamente, Tirana se ha pronunciado por primera vez y de forma completamente negativa, sobre los recientes contactos sino-estadounidenses.

 “…La intención [albanesa] de preservar la pureza ideológica ante la próxima visita presidencial fue expresada sobre todo en el VI Congreso del Partido en noviembre último. Ahí Hoxha proclamó: “No es posible apoyarse en un imperialismo para oponerse al otro”.”

 (RFE, Tirana Attacks Nixon: Another Rebuke To Peking?, 8 de marzo de 1972).

Pero no sólo los reaccionarios de Occidente advirtieron las diferencias sino-albanesas, también lo hicieron los corifeos del revisionismo soviético. Radio Europa Libre constata que en 1972 el órgano central del partido revisionista húngaro, desde su óptica particular, también se había dado cuenta de las discrepancias entre albaneses y chinos:

“En opinión de Varnai [autor de un artículo al respecto], las discrepancias que existen entre los intereses de gran potencia de los dirigentes chinos y las aspiraciones nacionalistas de los albaneses también afectan las expectativas de Albania en relación con China. Habiendo entendido este problema, la dirección albanesa está tratando últimamente de desarrollar contactos económicos con una serie de países comunistas de Europa del Este y también con países “capitalistas”.

“¿Cuál será el curso futuro de las relaciones sino-albanesas? En opinión de Nepszabadsag, el problema es complejo. En primer lugar, los dirigentes albaneses, que tienen diferente táctica, al parecer no son capaces de lidiar con los sorpresivos cambios y giros de la dirección china. Sin embargo, por razones económicas y políticas, ellos no pueden prescindir del apoyo de China, aún si las políticas de la RPCh no son completamente iguales a las de los intereses de Albania. En vista de esto, los húngaros perciben que es difícil esperar una suerte de “ruptura” o algún “espectacular cambio” en las relaciones sino-albanesas en un futuro cercano.”

(RFE, Whiter Albania – A Hungarian View, 25 de septiembre de 1972).

La historia ha demostrado que la interpretación y estas conclusiones del articulista húngaro estuvieron completamente equivocadas: Albania “no puede prescindir del apoyo de China”, “es difícil esperar una suerte de ‘ruptura’…”.

Las discrepancias sino-albanesas no se limitaron solo al tema del acercamiento de China a Estados Unidos, también se manifestaron en varios aspectos y casos concretos de la evolución del desarrollo mundial. El análisis chino de la situación internacional estaba incorporando los pilares de lo que poco después se enunciaría como la “teoría de los tres mundos”: la Unión Soviética como el enemigo principal y la fuente principal de guerra en el mundo, los Estados Unidos como un imperialismo en declive y en retirada, el abandono de la tesis leninista de los dos campos, el frente único antiimperialista contra una superpotencia, con la inclusión de los imperialismos débiles y de segundo orden. Estas líneas maestras de la política internacional china, sin ser explicitas aún, ya teñían su evaluación de los distintos problemas concretos del desarrollo mundial. Radio Europa Libre da cuenta de estas diferencias sino-albanesas en cuanto a algunos casos específicos de la política internacional:

“Durante 1972, las posiciones de los dos cercanos aliados sobre su actitud hacia los Estados Unidos tendieron a distanciarles aún más. Paralelo a los divergentes puntos de vista sobre esta cuestión política fundamental, Pekín y Tirana empezaron a reaccionar de forma diferente ante algunos acontecimientos y políticas importantes en el escenario internacional: la crisis de Malta, la consolidación del Mercado Común, la Ostpolitik de Alemania Occidental y la reelección de Brandt, y el movimiento “marxista-leninista”, para mencionar unos cuantos. Mientras los albaneses han demostrado un inflexible apego a la teoría revolucionaria, los chinos –en línea con su giro en las prioridades de política exterior– han demostrado una predilección por la Realpolitik: un cambio de la raison d’ideologue a la raison d’état. Muchos discursos e informes publicados recientemente por Tirana y Pekín atestiguan el hecho de que no existe completa unanimidad de puntos de vista sobre diversos desarrollos políticos internacionales de importancia.

 “[En su discurso en el aniversario del día de la independencia de Albania*, Hoxha] declaró que Albania estaba a la cabeza de la revolución proletaria.”

(RFE, The Albanian Way, 21 de diciembre de 1972).

Esta última afirmación de Enver Hoxha, breve y escueta: “Albania socialista está a la cabeza de la revolución proletaria*, en 1972 (¡¡),es notable y extraordinaria por su significado político, claro y directo. Para el Partido del Trabajo de Albania, China Popular y el PCCh, bajo la dirección de Mao Zedong, estaban siguiendo un camino que se alejaba cada vez más del marxismo-leninismo y de la revolución proletaria. Ese es el significado que subyace en la afirmación de Enver Hoxha. Los acontecimientos internos en China y la postura de los dirigentes chinos en la palestra internacional confirmaron esta conclusión.

Notas:

En todas las citas, las palabras entre corchetes y las negritas son nuestras.

* La declaración a la que hace referencia RFE se encuentra en: Enver Hoxha, Populli Shqiptar Sot Lufton, Punon Dhe Jeton I Lumtur Në Epokën E Partisë, Discurso en la ciudad de Vlora con motivo del 60º aniversario de la Declaración de la Independencia y del 28º aniversario de la Liberación de la Patria, 28 de noviembre de 1972, Obras Completas en albanés, tomo 49, pág. 520. La cita de Hoxha, en el último párrafo de nuestro artículo, es nuestra traducción del albanés de la parte pertinente.