Sobre el social-fascismo y el social-imperialismo soviéticos

Social-fascismo y social-imperialismo — la principal característica de la camarilla Jruchovista de la Unión Soviética en este momento

Fiqret Shehu

(Noviembre de 1969)

¿Cómo podemos explicar la transición de las camarillas revisionistas soviéticas a posiciones social-imperialistas y social-fascistas, lo que significa para tal posición que el verdadero contenido de sus puntos de vista y actividades muestran que en su política interna los revisionistas soviéticos son socialistas de palabra y fascistas de hecho, y en su política exterior, son socialistas de palabra e imperialistas de hecho?

Hay que buscar la base objetiva de este fenómeno en el cambio de carácter del orden socio-económico de la Unión Soviética, de un orden socialista a un orden capitalista de tipo especial.

Este proceso retrógrado comenzó con los revisionistas Jruchovistas usurpando la dirección del Partido y el poder estatal, con la transformación de la dictadura del proletariado en una dictadura de la burguesía. El marxismo-leninismo enseña que para definir el carácter de un estado debemos ver qué intereses expresa y defiende — los intereses del proletariado o los intereses de la burguesía. El actual estado soviético, tanto en su política interna como en su política exterior, ya no expresa o defiende los intereses de la clase obrera y las masas trabajadoras a una escala nacional e internacional, sino los intereses de la nueva burguesía soviética que se encuentra en el poder. Es, de esta manera, una dictadura de la nueva burguesía soviética.

Y el cambio del carácter del poder estatal político produjo, y no podía dejar de producir, cambios en todo el orden social y económico de la Unión Soviética, de su base y superestructura, porque entre la política y la economía, la superestructura y la base, existe una relación dialéctica. La política no es simplemente y solamente un producto de la economía, sino que desempeña un papel activo, y generalmente, en cada país, define el destino mismo, el camino del desarrollo, de la economía y de todo el orden social. De hecho, con la desviación de la política proletaria, la camarilla revisionista Jruchovista comenzó a violar en gran medida los principios socialistas en la economía y las relaciones socialistas de producción, sustituyéndolas por relaciones de opresión y explotación. Después de los cambios de la superestructura, radicales cambios comenzaron a realizarse, en la base económica en la Unión Soviética, y el capitalismo comenzó a restaurarse.

Es sabido que la base material del orden socialista consiste en la propiedad social de los medios de producción, pero hoy en la Unión Soviética la propiedad social — a pesar de los esfuerzos de los revisionistas soviéticos para preservar su aspecto socialista externo—, en su esencia, en su verdadero contenido, ha perdido su carácter socialista, se ha convertido en la propiedad capitalista de Estado de un tipo especial.

Naturalmente, sería ingenuo si intentáramos hallar la degeneración de la propiedad social socialista soviética en propiedad capitalista en la forma de la propiedad privada clásica en un momento en el que en las condiciones actuales de la producción a gran escala, incluso en los otros países imperialistas, el capitalismo monopolista de Estado se está desarrollando a través de la extensión de la propiedad estatal. Puesto que la propiedad capitalista en la Unión Soviética ha nacido y fue creada como consecuencia de la degeneración de la propiedad estatal socialista, no puede presentarse excepto en la forma de propiedad estatal. Pero independientemente de esto, como la oligarquía financiera es la verdadera propietaria de las empresas capitalistas estatales y como con la asistencia del capitalismo de Estado explota a la clase obrera, entonces, también, la nueva burguesía soviética es la verdadera propietaria de las compañías estatales soviéticas y con la ayuda del Estado, explota a la clase obrera y a todo el pueblo soviético. Por medio de esta explotación refuerza su propia posición económica y, sobre esta base, trata de consolidar aún más su dominación política.

Además de esto, cuando hablamos sobre la restauración del capitalismo en la Unión Soviética debemos tener presente que nos tenemos que ver con un capitalismo que se establece como consecuencia de la degeneración del orden socialista. Por lo tanto, no podía dejar de presentar varias características que lo distinguen del capitalismo clásico. Por esta razón y ya que es un nuevo fenómeno, un fenómeno que se manifiesta por primera vez en la sociedad, es necesario que en adelante se realicen profundos y bien argumentados estudios en esta dirección.

Pero si la desviación de la política proletaria se convirtió en el punto de partida para el restablecimiento del capitalismo en la Unión Soviética, para el cambio del carácter del orden económico-social, la restauración del capitalismo en la Unión Soviética, por su parte, no podía dejar de tener consecuencias en el ámbito de la política interna y externa, porque la política es la expresión concentrada de la economía. Es precisamente en el cambio del carácter del orden económico-social en la Unión Soviética, en la restauración del capitalismo en la Unión Soviética, que el social-fascismo y el social-imperialismo soviético tienen su base.

La transición de la camarilla soviética Jruchovista a la salvaje dictadura fascista y al imperialismo abierto tiene sus relaciones con las dificultades en las que se encontraron los revisionistas soviéticos en cierta etapa de la restauración del capitalismo en la Unión Soviética. El aumento de estas dificultades, que tienen su fundamento en la misma naturaleza del actual orden económico-social en la Unión Soviética, ha sido y es influenciado por un número de otros factores, internos y externos.

En primer lugar: La lucha del PTA y del PCCh y de todos los partidos y fuerzas marxista-leninistas contra los revisionistas Jruchovistas expuso su rostro traicionero y le arrancó los disfraces, volviendo así cada vez más difícil para ellos gobernar en su propio país y en otros.

En segundo lugar: La más y más profunda inmersión en el pantano revisionista, la aplicación de la línea revisionista en todos los campos, en la política, en la economía, en la ideología, creó nuevas dificultades para la camarilla dirigente en la Unión Soviética, profundizó sus contradicciones con el pueblo soviético y los otros pueblos del mundo.

En tercer lugar: El proceso de «liberalización» que los propios revisionistas Jruchovistas emprendieron, para minar la dictadura del proletariado, liberalización que comenzó con el XX Congreso del PCUS, comenzó a salirse de control. Los acontecimientos de Checoslovaquia antes de la agresión soviética fueron una seria advertencia a los actuales gobernantes de Moscú.

En cuarto lugar: Recientemente ha habido un agravamiento excesivo de las contradicciones entre la dirección soviética y las direcciones revisionistas de los otros partidos y países, quienes comenzaron a levantar sus cabezas contra la política hegemonista y chovinista de gran potencia de la camarilla Jruchovista de la Unión Soviética. En estas condiciones, los revisionistas de Moscú ya no podían gobernar como antes por medios pacíficos. Esta profunda situación de crisis los obligó a actuar abiertamente como social-fascistas y social-imperialistas, es decir, a emplear una salvaje y agresiva política militar interna y externa. Desde este punto de vista, esta política no es de ninguna manera un signo de fortaleza, sino de debilidad. Se acercaron abiertamente a esta política no para mejor, sino para peor.

El social-fascismo y el social-imperialismo soviéticos se unen recíprocamente, la existencia de uno testimonia la existencia del otro. El social-fascismo en la política interna, que se expresa en forma de reacción frenética contra cualquier libertad de pensamiento o acción revolucionaria, contra las fuerzas progresistas y revolucionarias, tiene como una continuación directa en la política exterior, el social-imperialismo, el uso de métodos abiertamente fascistas en sus relaciones con otros países. El social-imperialismo en la política exterior, que significa opresión forzosa, explotación, esclavitud y agresión contra los otros pueblos, implica y exige, por su parte, el seguimiento de una salvaje política fascista dentro del país, para mantener la retaguardia bajo un estricto control.

Pero, cuando hablamos hoy de dictadura fascista, de fascismo frenético y reacción en la Unión Soviética, que durante décadas enteras fue un país socialista, no hay que buscarla en aquellas formas clásicas en las que se manifestó en Italia y Alemania, ni en esa forma que encontramos hoy en España. Este proceder estaría desconociendo las condiciones históricas concretas, sería adoptar una posición metafísica y anti-dialéctica. Por otra parte, incluso en el pasado, el fascismo tuvo sus matices y características especiales, se manifestó y existió en diferentes formas en diferentes países. Por lo tanto el problema de las características y formas concretas del social-fascismo en la Unión Soviética, como un fascismo de nuevo tipo debe ser estudiado más profundamente en el futuro.

En cuanto al social-imperialismo en la Unión Soviética, esto es claramente evidente en todas las posiciones y actividades de la dirección Jruchovista en el ámbito internacional.

La característica fundamental de la actual política de la Unión Soviética en las relaciones con otros países es la de cualquier imperialismo: conservar y consolidar su propia esfera de influencia, ampliar su dominación sobre otros pueblos y países, esclavizarlos y explotarlos.

Al principio la camarilla revisionista soviética dirigente trató de alcanzar este objetivo con «medios pacíficos», a través de la penetración económica y el sometimiento, la influencia política e ideológica y la presión, las alianzas militares abiertas y secretas, etc. Pero con la ocupación de Checoslovaquia, la Unión Soviética salió abiertamente a la arena internacional como una potencia social-imperialista.

El social-imperialismo de la Unión Soviética y la política agresiva desde posiciones de fuerza de los líderes revisionistas soviéticos también son evidentes en todas las posiciones, amenazas y armas blandidas hacia los diferentes países y pueblos, en los desfiles de cruceros a través de los mares y océanos, sobre todo el Mar Mediterráneo, el Océano Indico y el Pacifico Occidental, en la extensión de las bases militares soviéticas a muchos países del mundo. Un testimonio de esto son los ataques y provocaciones contra la República Popular China, que, en conjunto con sus aliados los imperialistas norteamericanos, la Unión Soviética trata de rodear con el «anillo del fuego». Las provocaciones en el río Ussuri, la agresión contra la isla china Chenpao, las provocaciones en la provincia de Sinkiang, etc., son flagrantes y feas expresiones del socialimperialismo soviético.

Para justificar su actividad agresiva y predatoria los revisionistas soviéticos han «inventado» y predicado las «teorías» de «la soberanía limitada» y la necesidad de «la seguridad de la gran familia socialista», que son típicos lemas imperialistas y fascistas. La «teoría» de «la soberanía limitada», no es de ningún modo una «invención» original de los revisionistas soviéticos, sino que es el concepto fascista que fue la base de las relaciones de los fascistas italianos con nuestro país y con otros países, concepto que fue ampliamente difundido después de la Segunda Guerra Mundial por los imperialistas norteamericanos. El lema de la «seguridad de los intereses de la comunidad socialista» en boca de los social-imperialistas soviéticos suena muy parecido al tristemente célebre lema nazi de Hitler sobre los esfuerzos para el establecimiento del «nuevo orden en Europa», lema que sirvió de pretexto para la agresión hitleriana contra diversos países de Europa, suena como el lema muy bien conocido de los imperialistas norteamericanos sobre «la defensa del mundo libre», que emplean para disfrazar sus agresiones contra otros países, la explotación y opresión de éstos.

Los revisionistas soviéticos han estado hablando mucho recientemente sobre la llamada «dictadura internacional del proletariado», pero detrás de esto esconden sus objetivos contrarrevolucionarios. En unas condiciones en las que el capitalismo se ha restaurado en la Unión Soviética, el lema de la «dictadura internacional del proletariado» tiene como objetivo el uso de la fuerza para mantener a los países satélites de la llamada «comunidad socialista» bajo su propia dominación, complementar su dominación por los «medios pacíficos» — mediante el COMECON y otros acuerdos — con la dominación por medios violentos, usando como el arma principal la organización militar del Tratado de Varsovia, que se ha convertido actualmente en una organización de agresión y guerra, similar a la OTAN.

El giro de la Unión Soviética en un estado social-imperialista también es evidente en la exportación de capital en forma de ‘ayuda’ económica y militar a las llamadas regiones y zonas ‘subdesarrolladas’ de los países, que están fuera de su esfera de influencia directa: en el Medio y Próximo Oriente, en Asia y África, así como en América Latina. El verdadero objetivo de la ‘ayuda’ que la Unión Soviética presta hoy no es el mantenimiento de la independencia económica y política de estos países, ni su progreso social, sino su sometimiento político y la dependencia económica a la Unión Soviética, el establecimiento de su dominio colonial sobre los pueblos de todos los continentes. De esta manera la Unión Soviética se ha convertido hoy en una potencia neo-colonialista. «Los revisionistas soviéticos — ha dicho el camarada Enver Hoxha — tratan de mantener otros pueblos y países bajo su bota… Para ello los revisionistas soviéticos están siguiendo el mismo camino, que los viejos imperialistas siguieron en tiempos que les fueron más favorables. Están utilizando la mentira, el chantaje, las amenazas, la demagogia, y los créditos e inversiones con un carácter de explotación capitalista…» [1].

Todo lo que hemos dicho atestigua el verdadero carácter del orden socioeconómico de la Unión Soviética y la naturaleza del presente estado soviético, atestigua el social-fascismo y el social-imperialismo soviéticos.

Notas

[1] Enver Hoxha. «Apply in a persisted and creative manner the tasks for the revolutionization of the Party and of the life of the Country», p. 74

Fragmento de “About some actual problems of the struggle against modern revisionism”.
Traducido por Tiempos Rojos

El COMECON revisionista: un instrumento al servicio del socialimperialismo soviético

“El imperialismo es la explotación más descarada y la opresión más inhumana de centenares de millones de habitantes de las inmensas colonias y países dependientes. Extraer superbeneficios: tal es el objetivo de esta explotación y de esta opresión.” | Stalin, Los fundamentos del Leninismo (1924)

La integración económica revisionista y sus contradicciones

Kiço Kapetani y Veniamin Toçi

(1974)

Con cada día que pasa se revelan con más claridad la completa y premeditada expansión y los objetivos neocolonialistas de los socialimperialistas soviéticos con respecto a los demás países revisionistas. Un importante aspecto de ésta es su expansión económica a través del Consejo de Ayuda Mutua Económica – COMECON (CAME). Esta organización económica interrevisionista se ha convertido ahora en un instrumento manipulado y dominado por los revisionistas de Moscú y es utilizada por ellos para ejercer presión económica y política, a fin de intervenir y subyugar a sus llamados países socios. “Esta organización”, ha dicho el camarada Enver Hoxha, “es dominada por los revisionistas soviéticos, que pretenden usarla en sus interés hegemónicos para explotar y administrar los sistemas económicos de los otros países miembros, obligarlos a desarrollarse en las direcciones que los soviéticos desean y ligar las economías de los otros países de una manera tal que, a través de esta falsa cooperación socialista, también puedan dominar políticamente a estos estados”.

A pesar del brillo que los revisionistas modernos procuran darle, el COMECON es realmente un bloque económico de tipo capitalista, construido sobre los principios de explotación y opresión del pequeño por el grande. Como consecuencia de ello, está siendo erosionado cada vez más por contradicciones antagónicas.

1.

Dentro del marco del COMECON, y especulando con lemas demagógicos tales como la “comunidad de intereses” y la “comunidad socialista”, los revisionistas modernos han proclamado un programa de integración económica a largo plazo entre ellos. 9c3e1d1b21c690bd0e119fbddbaaf550Ellos consideran esto como un “importante hito” en la vida y las relaciones entre los países miembros del COMECON, como una “nueva etapa” de “colaboración” entre ellos. Este programa, aprobado en la 24° sesión del COMECON, se basa en la teoría Brezhneviana de la “soberanía limitada”. En correspondencia con él, se han celebrado 44 acuerdos multipartidistas en el campo de las inversiones de capital y de la “colaboración” científico-técnica para un período de 15 a 20 años, al margen de los acuerdos bipartidistas. El programa está impregnado por el objetivo de hacer de las económicas de los otros países apéndices de la metrópoli soviética, complementos del mercado soviético, y de integrarlas en la economía soviética. De esta manera se mueven gradualmente en dirección a la supresión de las fronteras económicas nacionales y, por consiguiente, también políticas, conforme a los intereses hegemónicos del socialimperialismo soviético.

De acuerdo con los convenios celebrados, se construirán una serie de grandes proyectos industriales, en primer lugar en el territorio soviético, conjuntamente financiados por los países miembros del COMECON. Tales proyectos incluyen un combinado minero para el enriquecimiento de asbesto en Kiembayev, con una capacidad de 500.000 toneladas anuales, en los Urales del sur; un combinado de celulosa en Ust-Ilimski, Siberia; un combinado metalúrgico cerca de Kursk, con una capacidad de 10 a 12 millones de toneladas de acero por año; una planta de enriquecimiento de fosforita; una planta de enriquecimiento de cobre, un complejo de energía en Ucrania, etc.

Con la construcción de estos grandes proyectos, y explotando la “cooperación” con los países del COMECON, la Unión Soviética crea para sí oportunidades adicionales para su propia industrialización y para la apropiación de la riqueza natural, sobre la base del saqueo de la acumulación de capital de los otros países. Como consecuencia, limita la posibilidad de que estos países utilicen de manera independiente su acumulación para desarrollar sus propias fuerzas productivas de acuerdo con sus intereses nacionales.

La explotación de los países miembros del COMECON por los socialimperialistas soviéticos consiste no sólo en la absorción de sus fondos acumulados, sino también en la explotación directa de la fuerza de trabajo de estos países. Así, por ejemplo, en la construcción de los combinados de celulosa y metalúrgico arribarán a la Unión Soviética un número considerable de trabajadores de seis países miembros del COMECON que participan en estos proyectos. Los informes indican que decenas de miles de trabajadores procedentes de Bulgaria, Polonia y otros países han abandonado sus hogares y se han ido a trabajar a Siberia para los jefes del Kremlin. Cerca de 20.000 búlgaros están trabajando en la construcción de la fábrica de papel y celulosa en las cercanías de Arcángel, en la construcción del combinado metalúrgico de Kursk, o en la tala de madera en los bosques de Kom.

Acumulando mano de obra de otros países, los revisionistas imperialistas soviéticos privan a estos países de una parte activa de sus fuerzas productivas y, de esta manera, hacen ralentizan las tasas de reproducción en estos países o le dan un carácter unilateral, dependiente en la metrópoli soviética. Por supuesto, el proceso de emigración de la fuerza de trabajo implica al grupo de menor edad por lo que, la reproducción de la población de estos países se ve directamente perjudicada. Con tal práctica, los revisionistas de Moscú se apropian del excedente creado por los trabajadores inmigrantes de los países del COMECON y, al mismo tiempo, pretenden solucionar una de sus dificultades internas, la de garantizar la mano de obra para la apropiación de las riquezas naturales de las áreas distantes de la Unión Soviética.

Una típica manifestación de la explotación neocolonialista de los países miembros COMECON por los revisionistas imperialistas soviéticos es el modo de pagar los créditos recibidos para la construcción de unidades industriales “comunes” en el territorio soviético. Según los acuerdos incluidos en el programa de integración revisionista, los créditos por estas unidades se pagarán algún tiempo después de que hayan alcanzado su plena capacidad productiva y con los productos de estas mismas unidades. De este modo, en cuatro años (1974-1978) se concederán los créditos checoslovacos por la construcción de la combinada enriquecedora de asbesto, mientras que los revisionistas soviéticos comenzarán a pagar desde el año 1980 y lo harán en un período tres veces más largo, efectuando el pago con suministro de asbesto. Las obligaciones “mutuas” con otros países, como la República Democrática de Alemania, Polonia, Hungría, Bulgaria, etc., son de esta misma naturaleza.

Es de esta manera que los jefes revisionistas de Moscú dominan sus satélites, les dictan las directrices fundamentales del desarrollo económico y determinan los principales productos que producirán, ligándolos a la Unión Soviética. Los revisionistas de Moscú procuran así esclavizar a los pueblos de los países miembros del COMECON, minar su libertad e independencia nacional, y sojuzgarlos y explotarlos para sus propios objetivos expansionistas y hegemónicos. En última instancia, su objetivo es convertir a estos países en provincias de su imperio socialimperialista o en dominios económicos. Para ello utilizan tanto los dictados como la demagogia, viene con lemas tales como la división internacional del trabajo, la especialización, la cooperación y la concentración de la producción, la eficacia y la rentabilidad de la producción a escala internacional. Con el programa de integración y los proyectos realizados dentro del territorio soviético, los nuevos zares del Kremlin procuran convencer a los otros países miembros del COMECON de absurdidades tales como la idea de que el potencial económico e industrial de la Unión Soviética también garantiza su industrialización y desarrollo económico.

Los jefes revisionistas de Moscú y sus ideólogos propagan en voz alta la tesis de que la integración en el marco del COMECON hará posible que los países de este bloque alcancen, en un futuro próximo, iguales niveles de desarrollo económico. La realidad muestra lo contrario e indica que existe una brecha cada vez mayor en su desarrollo económico comparativo, en primer lugar, en comparación con la Unión Soviética. Los datos muestran que mientras que en 1960 la participación de la Unión Soviética en la producción industrial de los países del COMECON era del 69,5 por ciento, para 1970 había alcanzado el 76 por ciento. Durante el mismo período, la participación de la RDA cayó del 8,7 por ciento al 3,4 por ciento, y la de Checoslovaquia del 7,5 por ciento al 4,2 por ciento, sin mencionar a países tales como Mongolia y Bulgaria, que tienen niveles mucho más bajos de desarrollo industrial que los mencionados anteriormente.

También es evidente en las tasas de aumento de los fondos básicos la tendencia hacia la profundización de la diferenciación económica. En 1970, en comparación con 1950, los fondos básicos de la Unión Soviética habían aumentado a una tasa de 2,7 a 3 veces más rápido que los de Polonia, Checoslovaquia, Hungría y la República Democrática de Alemania.

Los jefes revisionistas del Kremlin han impuesto en cada caso las condiciones en las relaciones con sus “aliados”. No se han detenido ante nada, han llegado al extremo de las amenazas políticas, económicas y militares directas, cuando ha sido una cuestión de “persuadir” y subyugar a otros. Sostienen tanto el palo como la zanahoria, y están creando una integración económica cuyas cuerdas sostiene Moscú. Los países miembros del COMECON son completamente dependientes de la metrópoli soviética en relación a las materias primas, combustibles, maquinaria, equipo y otros materiales importantes. fb772cb76d128367Así, por ejemplo, 90 por ciento de las importaciones checas de petróleo, mineral de hierro y metales no-ferrosos, el 80 por ciento de los granos alimenticios, más del 60 por ciento del algodón y 60 por ciento del azufre y varias fosforitas, son de origen soviético. Está claro que de estas condiciones de dependencia se derivan no sólo consecuencias económicas, sino también políticas. Según algunos datos publicados, a partir de 1980, los países de Europa del Este necesitarán anualmente aproximadamente 150 millones de toneladas del petróleo soviético que Moscú les suministrará como pago por su inversión de capital en la explotación de los yacimientos petrolíferos en Siberia. Esto significa que estos países deben reducir sus fondos para inversiones locales, poner fondos a disposición de los imperialistas revisionistas soviéticos, o de lo contrario experimentar una “hambruna de petróleo”. En la situación actual de agravación de la crisis de energía a escala mundial, esta cuestión cobra una especial importancia.

Ciertamente, los imperialistas revisionistas soviéticos no pueden decir abiertamente que su “programa” de integración debería prever inversiones y créditos sólo para la Unión Soviética. Por lo que también han permitido algunos proyectos conjuntos en otros países miembros del COMECON. Pero la proporción que representan estas inversiones en el total del programa de integración es insignificante. Estas inversiones, en última instancia, pretenden satisfacer en primer lugar las necesidades de la economía soviética, y aumentar la dependencia económica y política de los países miembros del COMECON respecto a Moscú. Consideremos el siguiente ejemplo: El Banco de inversión del COMECON durante los últimos dos años ha otorgado aproximadamente 900 millones de rublos convertibles en forma de créditos para la construcción de 26 proyectos en seis países miembros. La Unión Soviética ha absorbido más de dos tercios de esta suma, mientras que Polonia ha recibido sólo el 3,3 por ciento. Además de esto, los proyectos en construcción en los países de Europa del Este, son en su mayor parte filiales de fundaciones soviéticas. Así, las plantas de automóviles en Bulgaria y Hungría están a merced de la producción de las principales piezas de repuesto para las plantas soviéticas; las industrias de ingeniería en Checoslovaquia, Polonia, etc., dependen del acero soviético; las plantas de la industria petroquímica, y la industria y el transporte en general, en los países del COMECON, son dependientes del petróleo y el gas soviéticos. Los jefes revisionistas Moscú pueden cerrar y abrir los grifos del petróleo o del gas cuando quieran, cuando así lo exijan los intereses de sus asuntos políticos y económicos. Los acontecimientos han confirmado esto, sin mencionar las agresiones militares directas al territorio de otros países.

Los complejos productivos y las capacidades que se construyen en el marco de la integración revisionista están destinados a realizar en primer lugar las órdenes soviéticas. Así, más de cuatro quintas partes de los buques y su equipamiento, dos tercios de los vagones de ferrocarril, la mitad del equipo de transporte y tres cuartas partes de los equipos para la industria química están destinados al mercado soviético, sin mencionar otros productos y muchos bienes de consumo masivo exportados por los países del COMECON.

La creación de organizaciones y empresas interestatales, como “Agromash”, “Intermetal”, “Interatominstrument”, “Interkimik”, etc. es otro instrumento de la explotación neocolonialista por parte de los imperialistas-revisionistas soviéticos. Estas organizaciones actúan sobre el territorio soviético, son manejadas, al igual que los diversos órganos del propio COMECON, por cuadros soviéticos, y tienen filiales en los otros países del COMECON. En consecuencia, son utilizadas como una fuente de ganancias para el capital monopolista soviético.

La integración revisionista dentro del marco del COMECON crea otras grandes ventajas para los socialimperialistas soviéticos. El retiro de créditos a largo plazo en forma de inversiones de capital de los países satélite permite a los caciques de Moscú crear un “excedente” de capital, que luego pueden invertir en otra región en interés de su negocio capitalista, como en la India, el Oriente Medio y algunos países de América Latina y África. Aquí vemos lo mismos métodos y prácticas empleados por los países capitalistas en relación al uso de su capital excedente, que invierten en otros países en forma de empréstitos y de capital en funciones.

A través de tal práctica amplían su expansión a varias regiones del mundo, haciéndose pasar por “filántropos” y “aliados”. Con su llamada ayuda, los revisionistas soviéticos han penetrado en muchos países subdesarrollados, ocupando puestos claves de la economía. Bajo este pretexto, procuran transformar estos países en fuentes de suministro de materias primas y de productos agrícolas y ganaderos baratos, y en mercados para la exportación de su capital y para la venta de sus materias primas y reservas de armas. Así, sólo en la India, los socialimperialistas soviéticos, según datos de su propia prensa, controlan más de tres cuartas partes de la industria de ingeniería, más de un tercio de la industria de refinación de petróleo, más de un tercio de la industria siderúrgica, más de dos terceras partes de la industria del material eléctrico y una quinta parte de la industria energética. Con las unidades bajo una construcción financiada por los revisionistas de Moscú, crecerá aún más la escala de la expansión soviética en la India.

Al mismo tiempo, mediante la llamada ayuda para los países subdesarrollados, la Unión Soviética saquea cantidades cada vez más grandes de materias primas de estos países. Como declaró el presidente de la comisión soviética para relaciones económicas con otros países, S. Skachkov, en un artículo publicado en el periódico “Pravda”, la Unión Soviética se hace con productos muy importantes como los concentrados de minerales, metales no-ferrosos, petróleo, gas natural, algodón de fibra larga, caucho natural, aceites vegetales, tejidos de algodón, arroz, etc. Según la estadística, desde 1960 hasta 1971 la Unión Soviética se ha apoderado de caucho por un valor de 1,7 mil millones de dólares de los países subdesarrollados y de algodón por un valor de 1,6 mil millones de dólares, a precios bajos. Desde 1973 hasta 1980 los países de Oriente Medio reembolsarán sus deudas comerciales y obligaciones a la Unión Soviética suministrándole petróleo a un precio un 20 por ciento menor que el precio del mercado internacional. Los periódicos iraníes han indicado que el precio que la Unión Soviética paga a Irán por el gas natural equivale a un cuarto del precio por el cual la Unión Soviética vende su gas a los países europeos.

A través de métodos similares los imperialistas-revisionistas soviéticos compiten con los imperialistas norteamericanos para ocupar los mercados “libres”, en los cuales desean invertir su capital, vender sus mercancías y saquear las materias primas de estos países a precios bajos. En esta carrera, las dos superpotencias efectúan la división económica y el nuevo reparto del mundo entre ellas.

Un importante lugar en el marco de los esfuerzos de los imperialistas-revisionistas soviéticos para la integración económica de los países del COMECON es ocupado por las medidas en el campo de la moneda y la imposición del rublo como una moneda convertible común. 521ap9wrouSu objetivo es la creación de un sistema monetario y de un sistema de pagos en el cual las monedas nacionales, que representan las distintas unidades de valor que se han establecido históricamente y los lazos definidos en el marco nacional e internacional, deberían ser dependientes del “rublo convertible”. Al mismo tiempo esto constituye otra forma de explotación económica de otros países a través del mecanismo financiero y será una especie de rescate que estos países se verán obligados a pagar a la burguesía imperialista soviética.

Para lograr estos objetivos, se han creado el banco de inversión y el banco de colaboración económica en el marco del COMECON. El capital financiero de estas instituciones bancarias es controlado y manipulado por los revisionistas soviéticos. Ha sido establecido según criterios monopolistas y las ganancias son distribuidas según los mismos criterios, es decir, de acuerdo con el porcentaje de acciones desembolsadas. En el banco de inversión, el capital financiero soviético representa el 40 por ciento de la totalidad del fondo constituido. El capital financiero húngaro, el 8,3 por ciento; el de Polonia, el 12,1 por ciento; y el checo, el 12,9 por ciento; Mongolia tiene una cuota simbólica del 0,4 por ciento. Es comprensible que las principales ganancias que resultan de las operaciones de este banco y su política de crédito y financiación vayan para los imperialistas soviéticos.

2.

A pesar de que los autores del programa lo anuncian como un “éxito” de la “auténtica” colaboración económica internacional, el proceso de integración revisionista no es un proceso que se desarrolla tranquilamente. Por el contrario, se desarrolla a través de profundas y feroces contradicciones antagónicas, abiertas y encubiertas, como un proceso arbitrario que se desarrolla con violencia y demagogia, contrario a la voluntad, los deseos e intereses vitales de las masas trabajadoras de los países miembros de este bloque.

Los objetivos de los imperialistas-revisionistas soviéticos y sus actos a fin de conservar la hegemonía sobre sus satélites y a fin de explotar otros países, despiertan descontento y objeciones en los otros países. Es sabido que las contradicciones en los terrenos políticos y militares han hecho erupción en el campo revisionista. También son agudas las contradicciones económicas, que a menudo causan expresiones públicas de descontento y contra-medidas acerca de los objetivos del programa de integración revisionista.

No es casualidad que haya discusión, en la sesión después de la sesión del COMECON, sobre el programa y las diversas medidas de integración económica revisionista, o que las medidas previstas por este llamado complejo programa se retrasen. En la 27° sesión del COMECON Kosygin admitió que no se estaban cumpliendo las tareas de integración establecidas en la sesión anterior y pidió que cada país tuviera la mayor confianza en el complejo programa de integración, al mismo tiempo, propuso aumentar el nivel y la competencia de los órganos del COMECON para cumplir estas tareas. También amenazó a sus oyentes afirmando que la falta de coordinación de los planes y la falta de colaboración por parte de cualquier Estado con los otros estados obstaculiza el proceso de integración. Desde una posición dictatorial, Kosygin exigió que la próxima sesión del COMECON discuta detalladamente sobre las tareas y el complejo programa de integración, y cargue con la responsabilidad del fracaso en su realización. Este representante de la burguesía imperialista soviética llegó al extremo de exigir de manera arbitraria que el problema de integración sea un objeto de examen en los futuros congresos de los partidos revisionistas.

Se desprende de todo el contexto de estas confesiones de ninguna manera casuales del primer ministro soviético que, a pesar de la presión ejercida sobre los países dependientes, el programa y las medidas para la integración no marchan de acuerdo con los deseos de los jefes del Kremlin; y también expresa el nerviosismo que domina entre los círculos de los revisionistas soviéticos a consecuencia de esta situación. Ellos quieren que el curso de integración económica se acelere en conformidad con sus objetivos neocolonialistas inmediatos y de largo plazo.

La oposición abierta u oculta a la aplicación del complejo programa de integración revisionista se refleja en las declaraciones de los colaboracionistas checoslovacos quienes hace un tiempo, en su periódico “Tribuna”, declararon: “Estamos en contra de las tendencias nacionalistas que son evidentes en la absolutización de los principios de la independencia“. Las quejas de la prensa revisionista soviética también son significativas. Hace un tiempo la revista soviética “Miravaja Ekonomika i Mezhdunarodnije Ostnashenija” escribió: “Algunos países miembros del COMECON no están muy predispuestos a renunciar a su producción industrial. Esto se debe a varios motivos, siendo el principal su inclinación hacia la industrialización de sus países y la modernización de la estructura industrial”.

Las contradicciones que surgen dentro de varios países miembros del COMECON y en particular en sus relaciones con los socialimperialistas soviéticos, se expresan en las demandas de un desarrollo industrial igual, de la preservación de la independencia nacional y de colaboración sobre una base bilateral y no sobre una multilateral. En las sesiones del COMECON y en otras reuniones de sus órganos, las delegaciones de Bulgaria, Hungría y Polonia han dicho que la integración en el ámbito de la producción de equipos y maquinaria no debe ser unilateral, sino que también debe incluir a otros países. Existe una contradicción creciente entre los países miembros que poseen una industria desarrollada, que desean exportar maquinaria y equipo, y los países con una industria poco desarrollada, que desean exportar no sólo materias primas y artículos agrícolas, sino también maquinaria y equipo. Las medidas de integración revisionista predestinan a los países subdesarrollados a “vegetar” en la estructura económica que han heredado, mientras que los países industrialmente desarrollados, como Checoslovaquia, con el objetivo de aumentar su industrialización, tratan de evitar contribuir a la industrialización de los países menos desarrollados

Las contradicciones y las perturbaciones han surgido y crecen diariamente en relación con el aseguramiento de materias primas y combustibles en cantidades suficientes y de calidad adecuada. Los sistemas económicos de los países miembros del 12fb77674904COMECON dependen de las materias primas y combustibles soviéticos. Pero en la actualidad, han surgido muchas dificultades en la obtención de ellos. La Unión Soviética, dentro del marco de la colaboración revisionista-imperialista que se hace más profunda, aumenta continuamente el suministro de materias primas, gas natural, petróleo y minerales, a los mercados capitalistas, así oponiéndose al embargo de petróleo árabe y perjudicando el suministro de tales mercancías a sus satélites. La Unión Soviética suministra a los países occidentales con más de 45 millones de toneladas de petróleo y subproductos de petróleo, o aproximadamente el 50 por ciento de la cantidad total de la exportación de estos productos.

Esta situación ha comenzado a molestar a Checoslovaquia, Polonia y otros países miembros del COMECON, que recurren a otros mercados para cubrir sus necesidades de petróleo y materias primas. En 1973, Checoslovaquia importó 3 millones de toneladas de petróleo de los países árabes a fin de compensar las reducciones soviéticas.

Otra expresión de las profundas contradicciones que corroen el bloque económico del COMECON son las acciones unilaterales. Los países revisionistas, actuando por separado, son rápidos para ampliar sus relaciones económicas y de cambio con los países occidentales, las relaciones de crédito, el intercambio de patentes e información científica y las relaciones culturales, científicas y políticas. Las importaciones de Polonia a los países occidentales han aumentado en un 45 por ciento desde 1971, en una época en la cual el aumento de bienes importados de los países del COMECON era del 11 por ciento. La RDA ha triplicado su comercio con Alemania Occidental mientras las importaciones húngaras de Alemania Occidental han alcanzado la suma de 800 millones de marcos. De esta manera, como el camarada Enver Hoxha ha dicho, “la cooperación anti-marxista en el interior del COMECON viene acompañada de una doble esclavitud capitalista, puesto que todos los miembros del COMECON revisionista, encabezados por los soviéticos, cada cual por su parte, se han colocado bajo el yugo y las garras del capital monopolista de los Estados Unidos y de otros por medio de los créditos y la cooperación.”

Por supuesto a los revisionistas de Moscú no les agrada que sus “aliados” actúen por separado y sin su bendición patriarcal. Quieren que todo se realice bajo su control y que marche en una dirección que no afecte su posición hegemónica y sus intereses neocolonialistas. Para este fin, intensificando sus esfuerzos de profundizar la integración económica interrevisionista, han llegado a la idea de y se han tomado medidas concretas para el establecimiento de una estrecha colaboración entre el COMECON y las agrupaciones económicas capitalistas que avanzan hacia la convergencia económica y política con el sistema capitalista.

Es en este marco que debemos evaluar los esfuerzos reales por abrir las puertas del COMECON a otros países, independientemente de su orden social, económico y político.

Los cambios desiguales, producto de la política de precios en beneficio de la metrópoli soviética, generan una aguda contradicción entre los países miembros del COMECON. Estos países expresan su descontento por los elevados precios internacionales que los revisionistas de Moscú aplican a los intercambios comerciales y a otras relaciones económicas que tienen con ellos. Una revista económica húngara, criticando el sistema de precios del COMECON, ha indicado que los precios utilizados en el comercio exterior no tienen ninguna conexión orgánica con los precios locales: incluso son, en algunos casos, superiores a los precios del mercado capitalista y, al mismo tiempo, difieren en el propio comercio entre los países miembros del COMECON.

Ahora se sabe que los revisionistas búlgaros están insatisfechos con los altos precios de las materias primas, combustibles y maquinarias que importan, y con los precios bajos de los productos agrícolas que exportan al mercado del COMECON; estos precios bajos se han mantenido al nivel de 1958. Los productos alimenticios y agrícolas constituyen una gran proporción de las exportaciones de Bulgaria. Así, durante el período 1945-1971, las exportaciones búlgaras a la Unión Soviética alcanzaron la cifra de 11,5 mil millones de levas (dinero del mercado de divisas), incluido 1,4 mil millones de levas por productos agrícolas y 4 mil millones de levas por productos alimenticios, que representaron el 47 por ciento de las exportaciones de ese país a la Unión Soviética. En los años transcurridos desde entonces, ha aumentado aún más la proporción de estos productos en las exportaciones búlgaras, mientras su precio se encuentra por debajo del nivel del mercado mundial. Ivan Ivanov, el viceministro de Comercio Exterior de Bulgaria, ha declarado en un artículo publicado en la revista “Commerce extérieur” (no. 7, 1973) que los precios del comercio exterior establecidos hace muchos años requieren de un examen, con miras a garantizar ganancias recíprocas. Según él, el capital necesario para el desarrollo de los productos agrícolas para la exportación es de 6 a 9 veces mayor que el capital necesario para el desarrollo de la producción de maquinaria para la exportación, mientras que el nivel de ganancia de la exportación de máquinaria es comparativamente muy alto.

La injusta y no equivalente relación de precios presentes en las relaciones económicas y comerciales entre los miembros del COMECON es también opuesta a la de otros países. El intercambio no equivalente, como una consecuencia de los precios de monopolio impuestos por los revisionistas soviéticos, es una fuente suplementaria de ganancias capitalistas de su parte.

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La realidad demuestra de forma convincente que el COMECON ha degenerado en una organización económica interestatal de tipo capitalista, que es manipulada y dominada por los revisionistas de Moscú y que avanza en este sentido. Este es un resultado lógico de la salida del camino de la revolución socialista y de los preceptos del marxismo-leninismo; es un producto de seguir el camino capitalista, con todas sus consecuencias políticas, económicas y sociales negativas.

El Partido del Trabajo de Albania hace mucho tiempo ha expuesto el carácter neocolonialista y contrarrevolucionario de la integración revisionista dentro del marco del COMECON, así como las relaciones que se desarrollan en su seno, que sirven al hegemonismo gran ruso. Relaciones realmente fraternales e internacionalistas son aquellas que existen entre los países gobernados por la dictadura del proletariado, que avanzan en el camino de la revolución y construcción socialista, como la Republica Popular de Albania y la República Popular China. Confiando en sus propias fuerzas y en la ayuda internacionalista de la RP de China, Albania desarrolla su economía constantemente, a un ritmo cada vez más rápido.

Publicado en Albania Today, 1974, 3
La traducción es responsabilidad de Tiempos Rojos

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