Sobre el sindicalismo revisionista

El revisionismo moderno en el movimiento sindical — una nueva variante de oportunismo y reformismo

Filip Kota

(1974)

Tras la Segunda Guerra mundial, ocurrieron importantes acontecimientos de relevancia histórica que causaron transformaciones radicales en el mundo. Varios países se embarcaron en el camino al socialismo, y un importante ímpetu fue impartido a los movimientos de liberación nacional y revolucionarios por la liberación nacional y la emancipación social, dirigido contra la esclavitud imperialista y colonialista.

Los cambios en la proporción de fuerzas ocurrieron también entre los países capitalistas. El imperialismo norteamericano reforzó su posición económica, política y militar y emergió a la cabeza de todos los países capitalistas, convirtiéndose en el baluarte del capitalismo y su gendarme internacional.

Un nuevo desarrollo tuvo lugar en el mundo. El capitalismo monopolista de Estado se extendió considerablemente y la revolución científico-técnica logró rápidos progresos. En ciertos países el capitalismo se desarrolló de una manera más o menos pacífica, registrando una mejora temporal y relativa de la situación económica de los trabajadores, nuevas industrias se establecieron, implicando grandes inversiones de capital y un ensanchamiento de la clase obrera con nuevos «reclutas» de estratos pequeñoburgueses, y sobre todo de campesinos medios y pobres, que trajeron con ellos sus opiniones particulares y sus posiciones vacilantes.

Estos y otros cambios fueron interpretados y se respondieron a ellos de varias maneras dentro de las propias fuerzas de izquierda, porque en algunas de ellas, una nueva tendencia oportunista, el revisionismo moderno, había comenzado a surgir y a tomar forma; y su plataforma política e ideológica se introdujo gradualmente en el movimiento sindical. Esta tendencia niega la necesidad de la lucha de clases, y propaga la tesis de la supuesta naturaleza diferente del imperialismo y de la gradual transformación del capitalismo en socialismo a través de nuevas formas de desarrollo capitalista; trata de distraer a los trabajadores del camino de la lucha revolucionaria por la liberación nacional y social y apoya la coexistencia pacífica, que, según esta tendencia, debería ser el fundamento del movimiento sindical.

Las condiciones generales y los motivos que han favorecido la aparición y la propagación del revisionismo moderno son muchos y poseen sus propias características distintivas. Sin pretender dar un análisis detallado de este problema, que no es el objeto de este estudio, podemos decir que en general, el revisionismo moderno es el producto de unas condiciones económicas y sociales dadas en las cuales el factor objetivo así como el subjetivo desempeñaron su papel.

La degeneración de los sindicatos en la Unión Soviética y en los otros países donde los revisionistas están en el poder

La toma del poder por parte del grupo Jruchovista en la Unión Soviética produjo cambios radicales en todo el orden social, político y económico, en la base y en la superestructura. Por supuesto, los sindicatos soviéticos, como importantes enlaces en el sistema de la dictadura del proletariado, no podían permanecer al margen del proceso de desintegración y degeneración general. Los revisionistas Jruchovistas tuvieron que quebrantar, en primer lugar, los principios y las normas fundamentales sobre los cuales los sindicatos se habían establecido y operaban; tuvieron que revisar las enseñanzas marxista-leninistas sobre los sindicatos, y desechar las ideas Leninistas sobre el papel dirigente de la clase obrera. Hicieron todo esto bajo una capa de demagogia, como «socialistas» y en el nombre de Lenin.

Gradualmente fueron violados y sustituidos los principios fundamentales sobre el papel y las tareas de los sindicatos por una nueva línea y por normas revisionistas en la Unión Soviética y en los países donde los revisionistas han asumido el poder; estas nuevas posiciones pueden resumirse así:

1) La negación del papel dirigente de la clase obrera.

El curso revisionista general ha transformado a la clase obrera de la fuerza política del país que desempeñó el papel principal, en un apéndice económico, una fuerza de trabajo, cuya tarea no es dirigir, sino cumplir planes, y trabajar y producir para el nuevo estrato de la burguesía revisionista. El rol de la clase obrera se limita a la esfera de la producción, mientras no queda rastro alguno de su papel dirigente y supervisor como la clase en el poder, ni siquiera de esto se puede hablar ahora que los revisionistas están en el poder.

Las funciones de los sindicatos también han sufrido un cambio radical: su papel político y educativo ha sido sustituido por el económico, como línea general.

2) El crecimiento de la tendencia capitalista.

Con la aplicación de la nueva reforma económica en la Unión Soviética y, progresivamente, en los otros países revisionistas, fue abandonada la política económica bolchevique para la edificación del socialismo y el comunismo, y se estableció el nuevo curso de fomento de las tendencias capitalistas de obtener ganancia y colocar los estrechos intereses personales por encima de los intereses generales, y los intereses inmediatos por encima de los intereses a largo plazo. Esta se convirtió en la fuerza motriz principal de la producción y de la actividad productiva de los trabajadores. La introducción de esta línea aceleró la desintegración de la propiedad socialista en un tipo especial de propiedad capitalista, reanimó la tendencia hacia la propiedad privada y el individualismo, y ayudó a crear una nueva y privilegiada clase burguesa que posee unos altos ingresos.

Una tarea importante en la aplicación de esta reforma ha sido asignada a los sindicatos revisionistas, que hacen un fetiche del estímulo material y piensan que esta es «un arma muy fuerte» y un «instrumento nuevo, eficaz». Esta línea va tan lejos como para tratar de reemplazar el trabajo educativo con el estímulo material. El órgano de los Sindicatos soviéticos, el periódico «Trud», escribió el 16 de febrero de 1969, en un artículo titulado «El 13er Salario»: «Nos han dado ahora la posibilidad de luchar contra los parásitos, los cuadros que dejaron el trabajo, los borrachos e indisciplinados, con la ayuda del rublo».

3) La creación de la aristocracia obrera y de la burocracia sindical.

La diferenciación de clase en la Unión Soviética y en los otros países revisionistas es ahora una realidad bien conocida. En la nueva burguesía se encuentran, entre otros, la burocracia sindical y la nueva aristocracia obrera. Desde el punto de vista ideológico y económico, este estrato se ha separado, de la base, de la clase obrera y de los intereses que sostiene; se oponen a la clase obrera, y, con la ayuda del estado, la explota y oprime, junto con todos los demás trabajadores.

Dentro de este contexto, la función de los sindicatos es la de supervisar, mantener en sumisión y contener a la clase obrera, suprimir los inevitables conflictos de clase y quebrantar su espíritu revolucionario.

Es precisamente esta diferenciación de clase la que ha producido el surgimiento, en ciertos países revisionistas, de contradicciones antagónicas y de conflictos de clase, expresados en huelgas y protestas organizadas por la clase obrera, como en la Unión Soviética, Yugoslavia, Checoslovaquia y en otros países. La rebelión de diciembre de 1970 en Polonia, que fue sangrientamente reprimida por el estado burgués-revisionista, es una prueba viva del establecimiento de dos clases antagónicas.

4) La burocratización y degeneración de los sindicatos.

En los países revisionistas, los sindicatos basan su actividad en el trabajo de los funcionarios sindicales, que representan un «élite» burocratizada. El principio del trabajo activo en la sociedad ha sido sustituido por el del trabajo cerrado, encajonado de los aparatos sindicales burocráticos, que se imponen por encima de los órganos elegidos y lo deciden todo.

Este método del trabajo condujo a una situación en la que las organizaciones sindicales de base en los países revisionistas ya no estaban motivadas por un espíritu de militancia, sino que se caracterizaban por la indiferencia general y la apatía de las masas miembros hacia varios problemas. Los sindicatos se convirtieron en una organización formal sin vitalidad y vigor. Al explicar por qué dejó de ser un miembro del comité sindical de su centro de trabajo, un obrero soviético escribió en una carta al periódico «Trud» fechada el 13 de noviembre de 1969: «El hecho es que nuestra organización sindical sólo existe formalmente, en el papel. En la realidad, ningún trabajo se hace en ella. No tiene ni comisiones permanentes ni temporales». Y este no es un caso aislado.

El propio A. Shelyepin, en su facultad de presidente de los sindicatos soviéticos, se vio obligado a admitir en su informe, presentado en el 15to Congreso en 1969, que allí existían «pronunciados defectos e irregularidades en cuanto al trabajo y la disciplina, como casos de alcoholismo, ociosidad, desprecio por los intereses de la sociedad y del colectivo, y el robo de la propiedad socialista».

Los sindicatos en la Unión Soviética y en los otros países donde los revisionistas están en el poder se han puesto totalmente al servicio de la nueva burguesía revisionista. Se esfuerzan por corromper a sus miembros espiritual, ideológica y políticamente. El economismo, el tecnocratismo, el espíritu administrativo y burocrático — éstas son los características típicas de los sindicatos en estos países.

La degeneración interna de los sindicatos soviéticos no podía dejar de provocar cambios y consecuencias en su posición sobre problemas internacionales, y en el desarrollo del movimiento sindical internacional.

Con la usurpación del poder por los revisionistas soviéticos, las concepciones revisionistas, que hasta ese momento no se habían manifestado abiertamente, y las de las filas de ciertos centros sindicales de los países capitalistas, por ejemplo la CGT de Francia o el CGIC y otros, no tardaron en aparecer. Estos centros que, en general se destacaron por su naturaleza y posición antiimperialista, más tarde abandonaron esta línea, y gradualmente se convirtieron en organizaciones de tipo tradeunionista y reformista.

[…]

La base social del reformismo y el revisionismo en el movimiento sindical

La completa degeneración de los sindicatos revisionistas y reformistas se produjo de varias maneras. Entre los principales factores podemos mencionar a la aristocracia obrera y a la burocracia sindical.

a) La aristocracia obrera. Tomando el ejemplo del movimiento obrero en Inglaterra, los clásicos escritores del marxismo-leninismo han explicado que la prosperidad industrial es acompañada por una tentativa de una parte de la burguesía de sobornar a parte de la clase obrera y convertirla en una pequeña burguesía oportunista y reformista, que tiene miedo de la revolución. La burguesía y los monopolios capitalistas emplean una porción muy pequeña de sus super-ganancias, «las migajas de su mesa de banquetes», para recompensar y corromper a la mayor parte de los elementos indecisos de la clase obrera, quienes principalmente son trabajadores calificados que reciben altos salarios. Éstos; dice Stalin, son «… la elite de la clase obrera, la parte más acomodada del proletariado, con sus tendencias al compromiso con la burguesía, con su aspiración predominante a adaptarse a los poderosos del mundo, con su afán de “hacer carrera”» [1].

Históricamente, la burguesía de cada país ha sobornado a algunos trabajadores calificados, a la aristocracia obrera, y los ha separado de las masas proletarias, al proporcionarles empleos fáciles y puestos con menos dolores de cabeza, pero con mayores recompensas. Los sueldos abultados, los favores y las ventajas provocaron su paulatino alejamiento de la clase obrera, tanto económica como ideológicamente. Apoyando a la burguesía, la aristocracia obrera se convirtió en una quinta columna, extendiendo la ideología burguesa en las filas de la clase obrera y en el movimiento sindical. Sin su ayuda la burguesía no habría sido capaz de mantener a la clase obrera bajo su dominio. La aristocracia obrera intenta con todas sus fuerzas conservar sus puestos sirviendo con celo a la burguesía y apoyando, abiertamente o encubiertamente, sus medidas y políticas anti-obreras.

Además de incrementar la producción, y por lo tanto sus ingresos, la burguesía está interesada en el crecimiento de las filas de esta aristocracia aumentando artificialmente el número de trabajos calificados y de categorías, lo que produce pronunciadas diferencias entre los salarios de los trabajadores ordinarios y aquellos especializados, y promoviendo a éstos a varios empleos y responsabilidades dentro y fuera de la producción.

La automatización de los procesos de producción de ninguna manera implica que la aristocracia ha desaparecido de las filas de los trabajadores, como sostienen los ideólogos revisionistas y burgueses, diciendo que ahora supuestamente tenemos una clase obrera media con un buen ingreso. En realidad, independientemente del nivel de desarrollo de la ciencia y de la técnica en la producción, en los países capitalistas el estrato de la aristocracia obrera existe y crece.

b) La burocracia sindical. La burguesía también encuentra un fuerte apoyo y otra palanca en la burocracia sindical, integrada por funcionarios y el aparato sindical en el centro y en la base, periodistas y trabajadores de instituciones educativas y culturales que dependen ella, etc. Es precisamente esta gran masa de burócratas sindicales, que constantemente crece y evade el control de sus miembros de base, la que establece las líneas guía y dirige efectivamente los asuntos externos e internos de los sindicatos. Este estrato, que surge de las filas de la clase obrera, poco a poco se separa de las masas trabajadoras. Tiene tanto interés en preservar el orden capitalista como el propio capitalista, porque sabe que puede conservar su posición sólo si no se opone a los deseos y exigencias de la burguesía capitalista.

Según cifras oficiales, minimizadas como son, en 1961 el movimiento sindical norteamericano contaba con 450.000 personas asignadas a puestos de trabajo, 60.000 de las cuales eran empleados sindicales permanentes. Esta gran burocracia ha resultado de tener un dirigente sindical pago por cada 300 miembros del sindicato. En Suecia esta proporción es de 1:1.700, en Inglaterra casi de 1:2.000, etc.

Los cargos sindicales superiores aseguran altos ingresos a sus dirigentes. El sindicato y la prensa burguesa tienen que confesar que en muchos casos los sueldos de los dirigentes sindicales exceden a los de los gerentes de las corporaciones y trust capitalistas. Así, por ejemplo, el ex-presidente del DGB, L. Rosenberg, recibió aproximadamente 400.000 marcos por año. Dave Budge, el líder del sindicato de los camioneros en los Estados Unidos, se jactó: «Me pagan 25.000 dólares americanos por año porque dirijo esta institución (la unión de camioneros)». El sindicalismo en Europa Occidental y en los EE. UU. se ha convertido en un buen «negocio» para sus dirigentes. Hay muchos ejemplos de este sindicalismo comercial. «La teoría de este sindicalismo comercial», escribe J. Doner, «crea un increíble corrupción en la vida personal de los dirigentes sindicales que llevan una vida despótica, con sueldos que pueden ir desde 30.000 a 75.000 dólares americanos por año y poseen coches de lujo, un tipo de vida que despierta aún más su avaricia» [2].

Además de los abultados sueldos que reciben de los sindicatos que dirigen, muchos funcionarios sindicales reciben grandes ingresos de las importantes funciones que tienen en el estado burgués como congresistas, parlamentarios, directores de funcionarios en instituciones que controlan los sistemas de pensiones, la seguridad social, los cooperativas de trabajadores, etc.

Es por eso que existe una gran rivalidad por el poder entre los dirigentes sindicales para permanecer en la dirección de los sindicatos. A fin de sostener sus puestos como dirigentes del sindicato, recurren a todo tipo de artimañas, que van desde el engaño, las amenazas y las intrigas, al asesinato.

Una investigación realizada por una comisión del Senado de los Estados Unidos, aunque parcial, expuso muchos casos de corrupción y delitos. En sus conclusiones, leemos: «Antiguos métodos, incluido el delito, la violencia en todas sus formas, el fraude, el chantaje, la falsificación de documentos, y la corrupción general, todos fueron considerados útiles a fin de que ciertas secciones locales de los sindicatos alcancen el poder» [3]. Un vivo ejemplo reciente de esto fue el asesinato en diciembre de 1968, del líder del sindicato de mineros norteamericanos, I. Yablonsky y su familia. En los EE. UU nos encontramos, de hecho, con un sindicato «mafia» cuyos hilos conducen a la CIA.

La burocracia sindical ha extendido sus raíces no sólo dentro del sindicato, sino también fuera de él, convirtiéndose en un colaborador entusiasta y en un instrumento del estado capitalista y de los monopolios. Este tipo de sindicato participa activamente en todos los órganos establecidos por el estado capitalista y los patronos.

En los países capitalistas, existe una mezcla entre las funciones de los dirigentes sindicales y las del estado. A menudo los dirigentes sindicales ocupan importantes puestos en el estado o en las compañías o trust capitalistas. En Gran Bretaña, por ejemplo, cuando el señor Wright era el presidente del TUC, era al mismo tiempo el presidente del Comité Asesor de Producción y Ciencia. El señor Carron, un miembro del Consejo General de Sindicatos, también fue un miembro del Consejo Nacional de Desarrollo Económico, como lo fue el señor Collison, el vicepresidente del TUC, y muchos otros. La lista de lores y señores, los «campeones» de los intereses de la clase obrera, que se hallan entre los dirigentes sindicales británicos no tiene fin.

Cuando los dirigentes sindicales dejan sus funciones del sindicato, son designados a puestos más altos en la dirección del estado o en los monopolios. Así, por ejemplo, Arthur Goldberg, el ex-representante de la AFL-CIO en Indonesia, fue nombrado más tarde como representante norteamericano permanente ante la ONU. Cuando dejó el puesto de Secretario General de TUC británico, el señor Walter Citrine se convirtió en miembro de la rama nacional del carbón y, más tarde, en director del consejo de electricidad superior. En relación con esto, «La rivista International del Trabajo», el órgano del OIT, escribió: «Citrine logró moverse competentemente a la mesa de negociaciones, pasando del lado de los trabajadores al de los patronos».

En los países capitalistas, los dirigentes sindicales oportunistas no encuentran ninguna dificultad en pasar de trabajar para los sindicatos a trabajar para el estado y los monopolios, o viceversa. En estas condiciones es difícil trazar una línea de demarcación entre el jefe del sindicato y el hombre de negocios o el funcionario estatal. En las filas de los sindicatos revisionistas, en los países capitalistas, también existe una casta burocrática que ahora disfruta de muchos privilegios y derechos, todos sancionados por la ley.

El «Código del Trabajo» en Italia, que se aprobó en 1970, reconoce que los dirigentes sindicales tienen el derecho a no ser despedidos ni trasladados de sus puestos de trabajo sin la aprobación de sus centrales sindicales. Gozan del derecho a tomarse licencias con sueldo, a ausentarse del trabajo durante periodos considerables para reuniones sindicales, etc. Este Código limita los derechos y la organización de la clase obrera. De acuerdo con la ley, estos derechos son monopolio sólo de los sindicatos reformistas, revisionistas y fascistas.

En Francia, según la ley sobre el ejercicio de derechos sindicales en las empresas, aprobada por la Asamblea Nacional francesa en diciembre de 1965, los dirigentes sindicales tienen derecho a 15 horas de trabajo por mes debido al trabajo sindical, por las cuales los patronos deben pagarles el sueldo correspondiente; no pueden ser despedidos de sus empleos mientras ocupen puestos en el sindicato, etc.

Mientras persigue a todos aquellos que emprenden una campaña genuina por los verdaderos intereses de la clase obrera, la burguesía concede derechos y privilegios a los dirigentes sindicales que colaboran con ella, que están a su servicio y se convierten en sus instrumentos.

La aristocracia obrera y la burocracia sindical no deberían de ninguna manera ser identificadas con la clase obrera, puesto que sólo conforman una parte muy diminuta de ella y los intereses que representan están en desacuerdo con los de la clase obrera. Los numerosos hechos demuestran que la aristocracia obrera y la burocracia sindical son partes integrales de la estructura capitalista, y sus puestos están relacionados con el destino del capitalismo, del cual depende su propia existencia.

Notas

[1] Stalin, “Una vez más sobre la desviación socialdemócrata en nuestro partido”.

[2] F. J. Doner. “The Decadence of the AFL-CIO”. Report at the 27th International Congress of the UE in California, August 1962.

[3] BIT — “La situation syndicate aux Etats-Unis”, Geneva 1960, French ed., p. 102.

Fragmentos de Filip Kota, “Two Opposing Lines in the World Trade Union Movement”, Casa editora «8 Nëntori», Tirana, 1974
Traducido por Tiempos Rojos

Sobre el social-fascismo y el social-imperialismo soviéticos

Social-fascismo y social-imperialismo — la principal característica de la camarilla Jruchovista de la Unión Soviética en este momento

Fiqret Shehu

(Noviembre de 1969)

¿Cómo podemos explicar la transición de las camarillas revisionistas soviéticas a posiciones social-imperialistas y social-fascistas, lo que significa para tal posición que el verdadero contenido de sus puntos de vista y actividades muestran que en su política interna los revisionistas soviéticos son socialistas de palabra y fascistas de hecho, y en su política exterior, son socialistas de palabra e imperialistas de hecho?

Hay que buscar la base objetiva de este fenómeno en el cambio de carácter del orden socio-económico de la Unión Soviética, de un orden socialista a un orden capitalista de tipo especial.

Este proceso retrógrado comenzó con los revisionistas Jruchovistas usurpando la dirección del Partido y el poder estatal, con la transformación de la dictadura del proletariado en una dictadura de la burguesía. El marxismo-leninismo enseña que para definir el carácter de un estado debemos ver qué intereses expresa y defiende — los intereses del proletariado o los intereses de la burguesía. El actual estado soviético, tanto en su política interna como en su política exterior, ya no expresa o defiende los intereses de la clase obrera y las masas trabajadoras a una escala nacional e internacional, sino los intereses de la nueva burguesía soviética que se encuentra en el poder. Es, de esta manera, una dictadura de la nueva burguesía soviética.

Y el cambio del carácter del poder estatal político produjo, y no podía dejar de producir, cambios en todo el orden social y económico de la Unión Soviética, de su base y superestructura, porque entre la política y la economía, la superestructura y la base, existe una relación dialéctica. La política no es simplemente y solamente un producto de la economía, sino que desempeña un papel activo, y generalmente, en cada país, define el destino mismo, el camino del desarrollo, de la economía y de todo el orden social. De hecho, con la desviación de la política proletaria, la camarilla revisionista Jruchovista comenzó a violar en gran medida los principios socialistas en la economía y las relaciones socialistas de producción, sustituyéndolas por relaciones de opresión y explotación. Después de los cambios de la superestructura, radicales cambios comenzaron a realizarse, en la base económica en la Unión Soviética, y el capitalismo comenzó a restaurarse.

Es sabido que la base material del orden socialista consiste en la propiedad social de los medios de producción, pero hoy en la Unión Soviética la propiedad social — a pesar de los esfuerzos de los revisionistas soviéticos para preservar su aspecto socialista externo—, en su esencia, en su verdadero contenido, ha perdido su carácter socialista, se ha convertido en la propiedad capitalista de Estado de un tipo especial.

Naturalmente, sería ingenuo si intentáramos hallar la degeneración de la propiedad social socialista soviética en propiedad capitalista en la forma de la propiedad privada clásica en un momento en el que en las condiciones actuales de la producción a gran escala, incluso en los otros países imperialistas, el capitalismo monopolista de Estado se está desarrollando a través de la extensión de la propiedad estatal. Puesto que la propiedad capitalista en la Unión Soviética ha nacido y fue creada como consecuencia de la degeneración de la propiedad estatal socialista, no puede presentarse excepto en la forma de propiedad estatal. Pero independientemente de esto, como la oligarquía financiera es la verdadera propietaria de las empresas capitalistas estatales y como con la asistencia del capitalismo de Estado explota a la clase obrera, entonces, también, la nueva burguesía soviética es la verdadera propietaria de las compañías estatales soviéticas y con la ayuda del Estado, explota a la clase obrera y a todo el pueblo soviético. Por medio de esta explotación refuerza su propia posición económica y, sobre esta base, trata de consolidar aún más su dominación política.

Además de esto, cuando hablamos sobre la restauración del capitalismo en la Unión Soviética debemos tener presente que nos tenemos que ver con un capitalismo que se establece como consecuencia de la degeneración del orden socialista. Por lo tanto, no podía dejar de presentar varias características que lo distinguen del capitalismo clásico. Por esta razón y ya que es un nuevo fenómeno, un fenómeno que se manifiesta por primera vez en la sociedad, es necesario que en adelante se realicen profundos y bien argumentados estudios en esta dirección.

Pero si la desviación de la política proletaria se convirtió en el punto de partida para el restablecimiento del capitalismo en la Unión Soviética, para el cambio del carácter del orden económico-social, la restauración del capitalismo en la Unión Soviética, por su parte, no podía dejar de tener consecuencias en el ámbito de la política interna y externa, porque la política es la expresión concentrada de la economía. Es precisamente en el cambio del carácter del orden económico-social en la Unión Soviética, en la restauración del capitalismo en la Unión Soviética, que el social-fascismo y el social-imperialismo soviético tienen su base.

La transición de la camarilla soviética Jruchovista a la salvaje dictadura fascista y al imperialismo abierto tiene sus relaciones con las dificultades en las que se encontraron los revisionistas soviéticos en cierta etapa de la restauración del capitalismo en la Unión Soviética. El aumento de estas dificultades, que tienen su fundamento en la misma naturaleza del actual orden económico-social en la Unión Soviética, ha sido y es influenciado por un número de otros factores, internos y externos.

En primer lugar: La lucha del PTA y del PCCh y de todos los partidos y fuerzas marxista-leninistas contra los revisionistas Jruchovistas expuso su rostro traicionero y le arrancó los disfraces, volviendo así cada vez más difícil para ellos gobernar en su propio país y en otros.

En segundo lugar: La más y más profunda inmersión en el pantano revisionista, la aplicación de la línea revisionista en todos los campos, en la política, en la economía, en la ideología, creó nuevas dificultades para la camarilla dirigente en la Unión Soviética, profundizó sus contradicciones con el pueblo soviético y los otros pueblos del mundo.

En tercer lugar: El proceso de «liberalización» que los propios revisionistas Jruchovistas emprendieron, para minar la dictadura del proletariado, liberalización que comenzó con el XX Congreso del PCUS, comenzó a salirse de control. Los acontecimientos de Checoslovaquia antes de la agresión soviética fueron una seria advertencia a los actuales gobernantes de Moscú.

En cuarto lugar: Recientemente ha habido un agravamiento excesivo de las contradicciones entre la dirección soviética y las direcciones revisionistas de los otros partidos y países, quienes comenzaron a levantar sus cabezas contra la política hegemonista y chovinista de gran potencia de la camarilla Jruchovista de la Unión Soviética. En estas condiciones, los revisionistas de Moscú ya no podían gobernar como antes por medios pacíficos. Esta profunda situación de crisis los obligó a actuar abiertamente como social-fascistas y social-imperialistas, es decir, a emplear una salvaje y agresiva política militar interna y externa. Desde este punto de vista, esta política no es de ninguna manera un signo de fortaleza, sino de debilidad. Se acercaron abiertamente a esta política no para mejor, sino para peor.

El social-fascismo y el social-imperialismo soviéticos se unen recíprocamente, la existencia de uno testimonia la existencia del otro. El social-fascismo en la política interna, que se expresa en forma de reacción frenética contra cualquier libertad de pensamiento o acción revolucionaria, contra las fuerzas progresistas y revolucionarias, tiene como una continuación directa en la política exterior, el social-imperialismo, el uso de métodos abiertamente fascistas en sus relaciones con otros países. El social-imperialismo en la política exterior, que significa opresión forzosa, explotación, esclavitud y agresión contra los otros pueblos, implica y exige, por su parte, el seguimiento de una salvaje política fascista dentro del país, para mantener la retaguardia bajo un estricto control.

Pero, cuando hablamos hoy de dictadura fascista, de fascismo frenético y reacción en la Unión Soviética, que durante décadas enteras fue un país socialista, no hay que buscarla en aquellas formas clásicas en las que se manifestó en Italia y Alemania, ni en esa forma que encontramos hoy en España. Este proceder estaría desconociendo las condiciones históricas concretas, sería adoptar una posición metafísica y anti-dialéctica. Por otra parte, incluso en el pasado, el fascismo tuvo sus matices y características especiales, se manifestó y existió en diferentes formas en diferentes países. Por lo tanto el problema de las características y formas concretas del social-fascismo en la Unión Soviética, como un fascismo de nuevo tipo debe ser estudiado más profundamente en el futuro.

En cuanto al social-imperialismo en la Unión Soviética, esto es claramente evidente en todas las posiciones y actividades de la dirección Jruchovista en el ámbito internacional.

La característica fundamental de la actual política de la Unión Soviética en las relaciones con otros países es la de cualquier imperialismo: conservar y consolidar su propia esfera de influencia, ampliar su dominación sobre otros pueblos y países, esclavizarlos y explotarlos.

Al principio la camarilla revisionista soviética dirigente trató de alcanzar este objetivo con «medios pacíficos», a través de la penetración económica y el sometimiento, la influencia política e ideológica y la presión, las alianzas militares abiertas y secretas, etc. Pero con la ocupación de Checoslovaquia, la Unión Soviética salió abiertamente a la arena internacional como una potencia social-imperialista.

El social-imperialismo de la Unión Soviética y la política agresiva desde posiciones de fuerza de los líderes revisionistas soviéticos también son evidentes en todas las posiciones, amenazas y armas blandidas hacia los diferentes países y pueblos, en los desfiles de cruceros a través de los mares y océanos, sobre todo el Mar Mediterráneo, el Océano Indico y el Pacifico Occidental, en la extensión de las bases militares soviéticas a muchos países del mundo. Un testimonio de esto son los ataques y provocaciones contra la República Popular China, que, en conjunto con sus aliados los imperialistas norteamericanos, la Unión Soviética trata de rodear con el «anillo del fuego». Las provocaciones en el río Ussuri, la agresión contra la isla china Chenpao, las provocaciones en la provincia de Sinkiang, etc., son flagrantes y feas expresiones del socialimperialismo soviético.

Para justificar su actividad agresiva y predatoria los revisionistas soviéticos han «inventado» y predicado las «teorías» de «la soberanía limitada» y la necesidad de «la seguridad de la gran familia socialista», que son típicos lemas imperialistas y fascistas. La «teoría» de «la soberanía limitada», no es de ningún modo una «invención» original de los revisionistas soviéticos, sino que es el concepto fascista que fue la base de las relaciones de los fascistas italianos con nuestro país y con otros países, concepto que fue ampliamente difundido después de la Segunda Guerra Mundial por los imperialistas norteamericanos. El lema de la «seguridad de los intereses de la comunidad socialista» en boca de los social-imperialistas soviéticos suena muy parecido al tristemente célebre lema nazi de Hitler sobre los esfuerzos para el establecimiento del «nuevo orden en Europa», lema que sirvió de pretexto para la agresión hitleriana contra diversos países de Europa, suena como el lema muy bien conocido de los imperialistas norteamericanos sobre «la defensa del mundo libre», que emplean para disfrazar sus agresiones contra otros países, la explotación y opresión de éstos.

Los revisionistas soviéticos han estado hablando mucho recientemente sobre la llamada «dictadura internacional del proletariado», pero detrás de esto esconden sus objetivos contrarrevolucionarios. En unas condiciones en las que el capitalismo se ha restaurado en la Unión Soviética, el lema de la «dictadura internacional del proletariado» tiene como objetivo el uso de la fuerza para mantener a los países satélites de la llamada «comunidad socialista» bajo su propia dominación, complementar su dominación por los «medios pacíficos» — mediante el COMECON y otros acuerdos — con la dominación por medios violentos, usando como el arma principal la organización militar del Tratado de Varsovia, que se ha convertido actualmente en una organización de agresión y guerra, similar a la OTAN.

El giro de la Unión Soviética en un estado social-imperialista también es evidente en la exportación de capital en forma de ‘ayuda’ económica y militar a las llamadas regiones y zonas ‘subdesarrolladas’ de los países, que están fuera de su esfera de influencia directa: en el Medio y Próximo Oriente, en Asia y África, así como en América Latina. El verdadero objetivo de la ‘ayuda’ que la Unión Soviética presta hoy no es el mantenimiento de la independencia económica y política de estos países, ni su progreso social, sino su sometimiento político y la dependencia económica a la Unión Soviética, el establecimiento de su dominio colonial sobre los pueblos de todos los continentes. De esta manera la Unión Soviética se ha convertido hoy en una potencia neo-colonialista. «Los revisionistas soviéticos — ha dicho el camarada Enver Hoxha — tratan de mantener otros pueblos y países bajo su bota… Para ello los revisionistas soviéticos están siguiendo el mismo camino, que los viejos imperialistas siguieron en tiempos que les fueron más favorables. Están utilizando la mentira, el chantaje, las amenazas, la demagogia, y los créditos e inversiones con un carácter de explotación capitalista…» [1].

Todo lo que hemos dicho atestigua el verdadero carácter del orden socioeconómico de la Unión Soviética y la naturaleza del presente estado soviético, atestigua el social-fascismo y el social-imperialismo soviéticos.

Notas

[1] Enver Hoxha. «Apply in a persisted and creative manner the tasks for the revolutionization of the Party and of the life of the Country», p. 74

Fragmento de “About some actual problems of the struggle against modern revisionism”.
Traducido por Tiempos Rojos