Stalin y Dimitrov sobre la Democracia Popular

El proceso de democratización de Europa Oriental y Central que llevó a la formación de las Democracias Populares se desarrolló sobre diversos escenarios y sobre diversas realidades. En ese proceso, los puntos de partida fueron disímiles, en diversos sentidos. Albania, Rumania y Bulgaria eran los países más atrasados, distantes de la más desarrollada Checoslovaquia. Polonia, por su parte, fue el país que más sufrió el impacto de la guerra, en tanto que Checoslovaquia casi no sufrió los daños materiales que la conflagración mundial dejó en el resto de países del área. Casi todos esos países se liberaron o fueron liberados de la ocupación nazi-fascista, a excepción de Rumania, Hungría y Bulgaria cuyos ejércitos lucharon de lado del eje fascista (aunque cambiaron de bando a último momento ante el avance soviético), por lo que fueron considerados territorios de países vencidos. Las fuerzas comunistas en los países de Democracia Popular de Europa llegaron al poder también de forma distinta: Albania y Yugoslavia lo lograron coronando sus respectivas luchas de liberación nacional, por sus propios medios; mientras que en el resto de países, entraron a formar parte de gobiernos de frente, en posición minoritaria, a la sombra de la presencia del Ejército soviético en sus territorios. Además, en Albania, Yugoslavia y Checoslovaquia los comunistas gozaban de un amplio apoyo popular, desde años antes de la finalización de la guerra; mientras que los comunistas de las otras Democracias Populares europeas tuvieron que ganar ese apoyo popular en un proceso político en lucha contra las fuerzas de la burguesía reaccionaria y con el apoyo de la presencia soviética. No menos importante es el hecho de que la monarquía mantuvo su vigencia hasta septiembre de 1946 en Bulgaria y hasta noviembre de 1947 en Rumania, cuando esos países ya tenían gobiernos democráticos de coalición con importante participación comunista. Todos estos procesos de democratización se llevaron a cabo en el marco de las soterradas confrontaciones entre las potencias aliadas (Estados Unidos e Inglaterra de un lado y la URSS del otro) que repercutían directamente en su vida política y económica. En condiciones tan variadas fueron inevitables las diferencias tácticas y los resultados.

Los gobiernos democráticos de coalición formados al término de la guerra en algunos de esos países europeos representaban a las fuerzas antifascistas e incluían a varias clases sociales: la clase obrera, la pequeña burguesía urbana, el campesinado y sectores de la burguesía nacional. En una primera fase, en esos países las fuerzas de la burguesía tuvieron el control de esos gobiernos, que también contaba con la participación de comunistas en condición de minoría. A pesar de su situación minoritaria, los comunistas lograron que se realizaran algunas reformas democráticas y poco a poco pudieron ir estableciendo la alianza con el campesinado, ganando la posición dirigente del movimiento democrático y nucleando en torno suyo a la mayoría de las fuerzas populares; condiciones que les permitió expulsar gradualmente del poder a las fuerzas reaccionarias y conciliadoras de la burguesía. En una segunda fase que se observa con claridad en 1947, las fuerzas comunistas lograron la posición dominante en los gobiernos democráticos e iniciaron la ejecución amplia de nacionalizaciones y reformas agrarias, con la expulsión total de la burguesía del poder del Estado. Después de 1948, con regímenes exclusivamente populares iniciaron el camino al socialismo.

Ante esas condiciones tan particulares en aquellos países europeo-orientales que llegaron al poder asumiendo puestos en gobiernos de coalición, era necesaria una explicación marxista del proceso que los llevó desde la liberación nacional hasta la construcción del socialismo. Esta fundamentación contenida en el concepto de Democracia Popular también tuvo sus variantes, antes de llegar a la posición “definitiva” enunciada casi simultáneamente por Dimitrov, Bierut y Rákosi a fines de diciembre de 1948.

Antes de diciembre de 1948, líderes, teóricos y académicos dieron diversas interpretaciones de la “Democracia Popular”. En octubre de 1946, Márton Horváth, miembro del CC del partido comunista húngaro, decía: “En vista del hecho de que la democracia popular no destruye la propiedad privada de los medios de producción, se le puede considerar simplemente como la forma más progresista de la democracia burguesa (o, más exactamente, su única forma progresista).” En 1947, el profesor I.P. Trainin preguntaba: “…¿cuál es la naturaleza de la democracia de tipo especial? Por supuesto no es democracia (socialista) proletaria. La democracia proletaria es idéntica a la dictadura del proletariado, que no comparte el poder con otras clases…”. A su vez, Eugene Varga, en 1946, sostuvo que las democracias populares eran parte del mundo capitalista y sus economías eran capitalismo de Estado; y en 1947, probablemente tomando prestado ideas de Mao Zedong, ahora decía que “la estructura social de esos Estados difiere de todo aquellos que conocemos; es algo completamente nuevo en la historia de la humanidad. No es ni dictadura de la burguesía ni dictadura del proletariado”. Dimitrov, en septiembre de 1946, señalaba que en el camino al socialismo se podía evitar la dictadura del proletariado, con la democracia popular. Evidentemente, como veremos en el artículo que reproducimos abajo, el líder búlgaro mantuvo esta posición hasta octubre de 1948 (aunque sin temor a equivocarnos podemos decir que no renunció a ella hasta la reunión con Stalin en la primera semana de diciembre de 1948).

Que los líderes de las Democracias Populares de Europa Oriental no pudieron llegar por ellos mismos a definir de forma marxista-leninista la democracia popular, se puede apreciar todavía en los informes de los partidos ante la conferencia fundacional de Cominform, de septiembre de 1947. Años después, uno de los participantes en esa reunión de Cominform, József Révai reconoció autocríticamente que antes de diciembre de 1948, las direcciones de los partidos de los países de democracia popular de Europa oriental no vieron con claridad el carácter de la Democracia Popular, que las direcciones centrales de esos partidos no tuvieron una posición elaborada, clara y única, y que sólo la ayuda del PC(b) de la URSS y Stalin les permitió comprender la evolución, la naturaleza y las perspectivas de la Democracia Popular:

“Debemos preguntarnos si fuimos capaces de ver con claridad, si éramos conscientes, durante la lucha, de la naturaleza y la dirección de los cambios que se producían en nuestra Democracia Popular, en el carácter de nuestro Estado. No, camaradas, no lo vimos con claridad. A lo sumo sentíamos que nuestro camino iba en la dirección correcta. El Partido no tenía una posición elaborada, clara y única con respecto al carácter de la Democracia Popular y su desarrollo futuro. Debemos señalar esto, practicando la autocrítica. Y debemos resaltar el hecho de que para el esclarecimiento de nuestro desarrollo futuro, recibimos el estímulo y la ayuda decisiva del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética y de las enseñanzas del camarada Stalin”. (“Sobre el carácter de la democracia popular”, 1949),

No obstante este hecho histórico incontestable, también es cierto que desde 1944-1945 las direcciones de los partidos comunistas de los países de democracia popular,  siguieron políticas similares, en el camino a la afirmación del poder popular revolucionario dirigido por la clase obrera y su partido, y hacia el fortalecimiento de la dictadura del proletariado en esos países. El camino seguido no podía dejar de tener muchos puntos comunes con el camino de Octubre. Sin embargo, las condiciones muy particulares en que se dieron los procesos revolucionarios en Europa oriental, condicionaron el grado de solidez y consecuencia marxista-leninista de la dirección proletaria en esos países. Cuando en 1966, Enver Hoxha le dijo a los comunistas chinos que la restauración del capitalismo en los países revisionistas de Europa Oriental y Central tenía diferencias con el proceso de restauración de la Unión Soviética y que incluso entre aquéllos países europeos habían muchas diferencias que deberían tomarse en cuenta, debió tener en mente también las peculiaridades y las diferencias de la llegada al poder de esos partidos comunistas, y la forma en que establecieron el poder popular, que al final si bien no permitieron otros partidos políticos, incorporaron –mediante fusiones orgánicas–  a una gran masa de elementos socialdemócratas radicalizados en esos partidos comunistas.

El primer texto que presentamos a continuación está tomado del Diario de Dimitrov. Son tres anotaciones correspondientes al último trimestre de 1948. Ahí se pude observar claramente cuál era la posición de Dimitrov sobre la democracia popular (posición compartida por Otto Kuusinen, miembro de la dirección del PC(b) de la URSS), en octubre de 1948. Hasta entonces, Dimitrov no consideraba a la democracia popular como una forma de la dictadura del proletariado sino como una opción alternativa a la dictadura del proletariado, en camino al socialismo. Olvidaba que socialismo es precisamente la dictadura del proletariado. Esta posición excluyente fue compartida por otros dirigentes de partidos comunistas de los países de democracia popular, como deja constancia el polaco Révai, en el escrito antes citado, cuando dice: “…llegamos a la conclusión de que podíamos alcanzar el socialismo sin la dictadura del proletariadopara nosotros en la Democracia Popular aquélla era innecesaria”. También de acuerdo con Révai, otros por su parte, consideraron que la democracia popular iba a ser sucedida o seguida por la dictadura del proletariado, que la democracia popular era una forma previa a la dictadura del proletariado y en consecuencia no la consideraron como una forma o variante de esta última, sino como su antesala; es decir, como dos tipos sucesivos de dictadura o democracia, de diferente naturaleza.

El Diario de Dimitrov destaca un hecho muy importante: la reunión de Stalin con los dirigentes búlgaros (Dimitrov y Kostov) y polacos (Bierut, Minc y Berman), el 6 de diciembre de 1948, para abordar precisamente la cuestión de la Democracia Popular. En ese diario se reproduce un resumen de la intervención de Stalin sobre ese tema, y en ella se ven las líneas centrales del concepto Democracia Popular que semanas después, una vez de regreso en casa, expondrán Dimitrov (en su discurso ante el Congreso del partido búlgaro el 19 de diciembre), Bierut y Rákosi. Este último no estuvo en esa reunión del 6 de diciembre, por lo que es válido inferir que Stalin tuvo otras reuniones con los dirigentes de los otros partidos de los países de democracia popular (incluyendo a Rákosi). Luego de esas reuniones con Stalin, los principales dirigentes de los partidos comunistas de los países de democracia popular adoptaron una concepción y un lenguaje comunes en torno a la democracia popular y sus perspectivas. Este punto de vista único se vio reflejado en la serie de artículos y discursos que se publicaron en la prensa de los partidos comunistas, desde enero de 1949 en adelante.

La intervención de Stalin reproducida en el Diario de Dimitrov es importante por dos puntos: 1) enuncia la posición marxista sobre la Democracia Popular como forma de dictadura del proletariado y 2) refleja errores teóricos de Stalin en relación a la función de la dictadura del proletariado después de la liquidación de las clases explotadoras como clase (“En tanto haya clases antagónicas, habrá dictadura del proletariado”), algo que tiene su antecedente en el informe ante el XVIII Congreso del PC(b). Cierto que Stalin nunca claudicó ni teórica ni prácticamente en la lucha de clases bajo el socialismo, mantuvo alerta al Partido y a la clase obrera contra los enemigos de clase, pero consideró como fuente principal del peligro de restauración capitalista al enemigo externo, al imperialismo y a la reacción mundial, que también actuaba través de sus agentes en el país del socialismo.

El segundo texto corresponde a parte de una conversación de Stalin con economistas soviéticos, en el que se aborda el carácter singular de la democracia popular en China. Allí se considera a la democracia popular china o a la nueva democracia china como una forma incipiente de la democracia popular establecida en Europa Oriental y Central, que en esos países era una forma de la dictadura del proletariado. Así por ejemplo, el órgano de Cominform, siguiendo a Stalin, decía en 1950 lo siguiente sobre el régimen democrático popular en China:

“El instrumento más importante para la restauración económica, la revolución cultural y la reforma social en China es el Estado de Democracia Popular. Este Estado difiere en principio del Estado burgués, donde existe democracia para una minoría explotadora. El camarada Stalin, con brillante previsión, señaló que el futuro poder revolucionario en China, en general, se parecería en su carácter al poder del que hablábamos en 1905, es decir, algo parecido a la dictadura democrática del proletariado y el campesinado, con la diferencia, sin embargo, en que sería principalmente un poder antiimperialista.

Como dijo el camarada Stalin será una transición a un poder no capitalista, o, para ser más precisos, a un desarrollo socialista en China.

El poder del Estado en China no es la dictadura del proletariado, y en esto difiere del poder del Estado en los países europeos de Democracia Popular, donde esta democracia cumple las funciones de la dictadura del proletariado. La dictadura de la Democracia Popular en China es el poder estatal del Frente Único Democrático Popular de la clase obrera, los campesinos, la pequeña burguesía, la burguesía nacional y otros elementos democráticos y patrióticos, basado en la alianza obrero-campesina y dirigido por la clase obrera…

La naturaleza del poder estatal democrático popular en China está definida por las condiciones de ese país hasta hace poco colonial. En el presente, la clase obrera de China no se enfrenta directamente a la tarea de edificar el socialismo, cuyo instrumento es la dictadura del proletariado…

Fuente: “First Anniversary Of The People’s Republic Of China”, artículo publicado en “Por una paz duradera, por una democracia popular”, órgano de la Cominform, 29 de septiembre de 1950.

Esta evaluación de la democracia popular en China no resuelve las interrogantes sobre la naturaleza de la democracia popular o la nueva democracia en China, y son las mismas interrogantes que los comunistas europeo-orientales se hacían con respecto a los momentos iniciales de los regímenes democráticos en sus países: ¿Estado burgués o Estado socialista?, ¿un Estado intermedio?, ¿es posible esto último?, ¿Estado de una sola clase?, ¿compartir el poder con otras clases revolucionarias?…

Muchos historiadores y políticos burgueses han sostenido y sostienen que el cambio en el contenido del concepto Democracia Popular, su evolución desde una democracia amplia hasta una forma de dictadura del proletariado, se debió a las necesidades de la política exterior soviética, que en los años inmediatos al fin de la guerra no quería que las relaciones con EEUU e Inglaterra se enturbiaran, y que sólo cuando la Guerra Fría ya era inevitable permitió que se hicieran evidentes los colores de las Democracias Populares, reconociendo abiertamente que eran formas de dictadura del proletariado.

La evaluación de la experiencia histórica de las Democracias Populares en Europa Oriental y Central, desde el punto de vista marxista-leninista, sigue siendo una tarea pendiente. Lo es también, sacar las lecciones correspondientes tanto en lo teórico como en lo práctico y profundizar el estudio del concepto Democracia Popular (“nueva democracia”, “democracia de nuevo tipo”, “república popular”, y otros términos similares que se utilizaron en aquella época para referirse a lo mismo).

 

Dimitrov sobre la Democracia Popular

Notas de su Diario

(Octubre-diciembre de 1948)

5 de octubre de 1948

[…]

Kuusinen conmigo. Discutimos la situación – en particular, la situación en las democracias populares. Él está inclinado, al igual que yo, a aceptar el argumento de que gracias al poderoso apoyo de la Unión Sov[iética], por un lado, y al papel dirigente de la clase obr[rera] y su vanguardia comunista [por el otro], las democracias populares pueden realizar la construcción del socialismo sin la dictadura del proletariado que fue de inevitable necesidad en la URSS.

[…]

23 de octubre de 1948

Kuusinen estuvo aquí. Tuvimos una larga discusión sobre el carácter y las perspectivas de las democracias populares, sobre la cuestión campesina en las democracias populares, la cuestión de los kulaks y la nacionalización de la tierra, etc.

En lo que se refiere a la dictadura del proletariado, hoy en día el tema es visto de una manera diferente en las democracias populares.

Es posible realizar la transición del capitalismo al socialismo sin la dictadura directa de la clase obrera. Pero ésta es sólo una posibilidad, y la posibilidad es deseable.

Tal desarrollo es posible gracias a la existencia de un poderoso país socialista (un baluarte que brinda ayuda técnica, política y moral; la grandiosa y segura experiencia del país en la construcción del socialismo) y también gracias al papel dirigente de la clase obrera y de su vanguardia com[unista].

Esto no quiere decir en absoluto que la cuestión de la implementación de la dictadura del proletariado desaparezca completamente. La clase obrera, que está dirigiendo el desarrollo social en camino al socialismo, no renunciará a la implementación de la dictadura del proletariado si para contrarrestar a las fuerzas internas y externas (kulaks y propietarios capit[alistas] en el país, presión imperialista del exterior!!) se le hace necesario recurrir a ella como el medio necesario para la transición del capitalismo al socialismo

La dictadura del proletariado no es un objetivo en sí mismo sino un medio para la realización del socialismo. El objetivo es uno: el socialismo. Los medios pueden ser distintos. Si las democracias pop[ulares] demuestran ser imposibles, en ese caso: la dictadura del proletariado. Pero el socialismo debe ser realizado.

[…]

6 de diciembre de 1948

Despegamos de Bucarest a las 7:30 a.m. (hora de Sofía). Llegamos a Moscú a las 3:15 p.m. (hora de Sofía). Tuvimos un buen vuelo.

Al anochecer, en la dacha de Stalin. Ahí nos encontramos con Bierut, Minc, Berman. Tuvimos una cena con Stalin y Molotov. Stalin hizo importantes observaciones en relación con mi carta sobre la democracia pop[ular] y la dict[adura] del proletariado, así como sobre otros temas fundamentales.

(Traicho tomó notas taqui[gráficas] de toda la discusión).

Máximo secreto, cinco copias

En la historia del pensamiento marxista, se han esbozado dos posibilidades o dos formas de la dictadura del proletariado. Consideramos como axioma que es imposible la transición del capitalismo al socialismo sin la dictadura del proletariado. Se conocen dos formas de la dictadura del proletariado. La primera es la república democrática, que Marx y Engels vieron en la Comuna de París, señalando que la república democrática y la mayoría proletaria es la mejor forma de la dictadura del proletariado. Ellos hablaron de una república democrática donde el proletariado tuviera un papel dominante, y no de repúblicas como Estados Unidos y Suiza. Lenin señaló que la forma soviética de la dictadura del proletariado era la que mejor que se ajustaba a nuestras condiciones. Aquí en Rusia, donde el proletariado tomó el poder mediante una insurrección (y cuando se desata una insurrección, todo colapsa), la forma soviética demostró ser la más apropiada. En vuestros países, donde la clase obrera tomó el poder no por medio de una insurrección sino con ayuda externa –en otras palabras, con la ayuda del Ejército Rojo–, la toma del poder fue más fácil; ustedes pueden prescindir de la forma soviética, retomando el modelo de Marx y Engels –es decir, la forma parlamentaria democrática popular. Somos de la opinión de que ustedes pueden prescindir del régimen soviético. En vuestro caso, ustedes podrán realizar la transición del capitalismo al socialismo mediante la democracia popular. La democracia popular desempeñará el papel de la dictadura del proletariado.

Nosotros privamos a la burguesía y a los kulaks del derecho a voto. En nuestro país, sólo el pueblo trabajador tiene ese derecho. Tuvimos que reubicar a dos millones de kulaks en el Norte, y cuando eliminamos a los kulaks como clase, dimos el sufragio a todo el pueblo. Los capitalistas y los terratenientes lucharon contra nosotros durante los cuatro años de la Intervención, mientras que en vuestros países se escaparon o se rindieron sin luchar. En nuestro caso, no hubo ningún país que nos pudiera ayudar en la forma en que nosotros les estamos ayudando a ustedes ahora. Por esa razón es que nosotros tuvimos necesidad de una forma distinta de establecer el poder de la clase obrera y el pueblo trabajador. Ustedes pueden prescindir del régimen soviético. Pero el régimen que ustedes tienen ahora está desempeñando el papel de la dictadura delproletariado. Donde hay clases antagónicas y la clase obrera tiene el poder, la dictadura es indispensable. Pero ustedes tienen los argumentos legales para derrotar a vuestros enemigos. Todavía hay algunos signos de guerra civil en vuestros países. Sólo después de que destruyan completamente a las clases explotadoras, ustedes podrán decir que ya no tienen una dictadura del proletariado.

Una república democrática donde la clase obrera desempeñe el papel fundamental – esa es lo que Marx y Engels consideraron la forma más apropiada de dictadura del proletariado. En cambio, nosotros tuvimos un sistema soviético en lugar de un sistema parlamentario, y hubo diputados obreros, campesinos y soldados en los Soviets, mientras que los elementos que no eran de la clase obrera estaban excluidos. La ventaja de la forma soviética es que resuelve los problemas de forma más rápida –derramando sangre; pero ustedes pueden evitar eso porque los capitalistas de vuestros países se rindieron inmediatamente. En otras palabras, ustedes han tenido suerte, y admitimos que nosotros somos responsables de vuestra suerte.

En tanto haya clases antagónicas, habrá dictadura del proletariado. Pero en vuestros países será una dictadura de diferente tipo. Ustedes pueden prescindir del régimen soviético. Sin embargo, el régimen de la república popular puede cumplir la tarea principal de la dictadura del proletariado, tanto en la abolición de las clases como en la construcción del socialismo. La democracia popu lar y el régimen soviético son dos formas de la dictadura del proletariado.

Stalin criticó con severidad a Traicho [Kostov] por negarse a permitir que los representantes soviéticos en Sofía [obtuvieran información] acerca de la economía búlgara, directamente, de las instituciones pertinentes. Stalin describió esta negativa como equivalente al caso de Tito. “Exactamente así es cómo empezó nuestro conflicto con Tito”.

Entre los comunistas sólo debe haber amistad y cooperación, “sin engaños ni jactancias”. Stalin habló durante un largo tiempo sobre este tema. Tiene serias sospechas de que Traicho esté engañando y haciendo trampas (esas sospechas son compartidas por Molotov); Stalin también tiene algunas dudas sobre Yugov (?)… Este fue un asunto en extremo desagradable para nuestro Partido.

…Estuvimos hasta el amanecer. Stalin estuvo muy animado y alegre, atendiendo a sus

invitados. Puso algunos discos, nos contó algunos chistes e incluso bail ó.

Acordamos una nueva reunión para mañana, para discutir otros temas importantes.

Notas biográficas

Otto Wilhelm Kuusinen (1881-1964): comunista finlandés activo en asuntos soviéticos y de la Comintern. Hijo de un sastre, estudió Historia y Filología en Helsingfors (Helsinki), y se unió a los socialdemócratas finlandeses en 1904. Activo en el ala izquierda del partido, encabezó una unidad de la Guardia Roja en la revolución de 1905, fue editor de dos periódicos del partido y sirvió en el parlamento finlandés (1908-1917) y en el comité ejecutivo del partido (1911-1917). En 1918, Kuusinen estuvo entre los fundadores del SKP y participó en el gobierno soviético finlandés, donde fue responsable de Educación. Después del colapso de la República Soviética de Finlandia, se trasladó a la Rusia soviética, donde trabajó en la Comintern. Fue secretario de la Comintern (1921), miembro del CEIC y de su Presídium (1922-1943), y presidió muchas de las comisiones del CEIC. Durante la guerra fino-soviética (1939-1940), fue nombrado el jefe del gobierno finlandés en Terijoki. También fue presidente de la RSS Carelo Finlandesa (1940-1956) y miembro del CC del PC(b)/PCUS (desde 1941 en adelante) y de su Buró Político/Presídium (1952-1953, 1957-1964).

Boleslaw Bierut (seudónimo: Iwaniuk, Tomasz, 1892-1956) líder comunista polaco. Asistió a la Escuela Leninista de la Comintern (1928-1930). A principios de la década de 1930, estuvo a cargo de varias misiones de Comintern. Después de haber estado en prisión en Polonia (1933-1939), estuvo durante un tiempo en la URSS. Presidente (1944-1947) del Consejo Nacional (KRN); Presidente (1947-1952) y Primer Ministro (1952-1954) de Polonia; Secretario General, Presidente y Primer Secretario del PZRP; miembro del Buró Político (1948-1956).

Hilary Minc (1905-1974), líder comunista polaco que estudió Economía en Francia (1924-1927), de donde fue expulsado por actividades comunistas. Después de varios años en la URSS (1928-1930), fue nombrado secretario del comité editorial central (1930-1939) del PCP. Después del inicio de la guerra, fue a Lviv, ocupada por los soviéticos, y (en 1941) a Samarkand, donde enseñó Economía. Al regresar a Polonia en 1944, Minc se convirtió en miembro del Buró Político (1944-1956) del POP/POUP y Ministro de Comercio e Industria (1944-1949). Fue destituido de sus cargos en 1956.

Jakub Berman (1909-1984), líder comunista polaco, de familia burguesa judía. Se graduó en la Facultad de Leyes de la Universidad de Varsovia y luego obtuvo un Ph.D en Historia. Miembro del PCP (desde 1928) que estuvo en la URSS durante la guerra; miembro del departamento de prensa del CEIC (1941-1943); editor de la edición polaca en el Instituto 205; miembro del Buró Político del POP (1944-1948); miembro del Comité Polaco para la Liberación Nacional (1944-1945); miembro del Buró Político del POUP (1948-1956), responsable de ideología, educación, cultura, asuntos exteriores y seguridad; miembro del Presídium del Gobierno (1950-1952), Vice Premier (1954-1956). Al ser expulsado del CC del POUP en 1956 y del POUP en 1957, se le hizo responsable del “período de errores y distorsiones”.

Traicho Kostov (1877-1949); líder comunista búlgaro, de familia de clase obrera. Estudió Derecho en Sofía y se unió al PCB en 1919. Arrestado después de la fallida insurrección de septiembre de 1923, estuvo preso hasta 1929, cuando viajó a Moscú. Trabajó en el aparato del CEIC y asistió a la Escuela Leninista. Regresó a Bulgaria en 1931, donde se incorporó como miembro (desde 1931 en adelante) del CC del PCB. De regreso en Moscú (1934-1935), trabajó para la delegación búlgara en el secretariado de la Comintern para los Balcanes. ……

Anton Yugov (1904-1991), comunista búlgaro; secretario (1933-1934) del procomunista IMRO (Unido). Asistió (1934-1936) a la Escuela Leninista de la Comintern, en Moscú. Miembro del Buró Político del CC del PCB (desde 1937 en adelante); secretario del CC del PCB (1941-1944); Ministro del Interior (1944-1949); Vice Primer Ministro (1947-1949, 1952-1956). Fue depuesto durante el caso Kostov (1949) pero fue nombrado Ministro de Industria (1950) y Primer Ministro (1956 -1962). Durante la purga del grupo de Chervenkov (1962), fue removido de todas sus funciones en el partido y el Estado.

Vulko Chervenkov (Vladimirov, 1900-1980): líder comunista búlgaro; cuñado de Dimitrov, casado con Lena, hermana de Dimitrov. Se unió al PCB en 1919 y participó en la insurrección de septiembre de 1923. Chervenkov continuó con el trabajo clandestino en Bulgaria hasta 1925, cuando escapó a la URSS, con Lena. Se graduó en la Escuela Leninista y trabajó en el aparato de la Comintern (1928-1943). Director de la Universidad Comunista de las Minorías Nacionales de Oriente (1937-1938); Director de la Escuela Leninista (desde 1937); miembro del Buró en el Extranjero del CC del P OB (1941-1944); editor en jefe de la estación de radio Hristo Botev; miembro del Buró Político del POB(c)/PCB (1944-1961) y Secretario del CC (1944-1949). Al regresar a Bulgaria en 1944, Chervenkov fue presidente del Consejo para la Cultura, el Arte y la Ciencia (1947-1949) en el gabinete de Dimitrov. Después de la muerte de Dimitrov, fue Vice Primer Ministro en el gobierno de Kolarov (1949-1950), y después de la muerte de Kolarov, Primer Ministro de Bulgaria (1950-1956); Secretario General del PCB (1950-1954); Presidente del Frente Patriótico (desde 1950); Ministro de Educación (hasta 1961). Durante la campaña de desestalinización fue destituido de sus posiciones, excluido del CC (1962), y exiliado en Varna.

Fuente: The Diary of Georgi Dimitrov, 1933-1949, editado por Ivo Banac, Yale University Press, 2003, pp. 449-452. Notas biográficas tomadas del mismo libro.

J.V. Stalin sobre la Democracia Popular en China

22 de febrero 1950

Las personas no instruidas en cuestiones de economía no distinguen entre la República Popular de China y las Democracias Populares de los países de Europa Central y Sudoriental, como, por ejemplo, la República Democrática Popular de Polonia. Son cosas diferentes.

¿Qué es la Democracia Popular?

Contiene, por lo menos, las siguientes características:

1) poder político en manos del proletariado;

2) nacionalización de la industria;

3) papel dirigente de los Partidos Comunistas y Obreros;

4) construcción del socialismo, no sólo en las ciudades sino también en el campo.

En China ni siquiera podemos hablar de construcción del socialismo, ni en las ciudades ni en el campo. Se han nacionalizado algunas empresas, pero esto es una gota de agua en el océano. La mayor parte de las mercancías industriales para la población es producida por artesanos. En China, hay alrededor de 30 millones de artesanos.

Existen diferencias importantes entre los países de Democracia Popular y la República Popular de China:

1) En China existe una dictadura democrática del proletariado y el campesinado, algo parecido a lo que los bolcheviques hablaron en 1904-1905.

2) En China había opresión de la burguesía extranjera, de ahí que la burguesía nacional de China sea parcialmente revolucionaria. En vista de esto, una coalición con la burguesía nacional es permisible. En China los comunistas y la burguesía forman un bloque. Esto no es antinatural. En 1848, Marx también tuvo una coalición con la burguesía, cuando editaba la Neue Rheinische Zeitung, pero no fue por mucho tiempo.

3) En China todavía se enfrentan a la tarea de la liquidación de las relaciones feudales, y , en este sentido, la revolución china nos recuerda a la revolución burguesa de Francia de 1789.

4) La característica especial de la revolución china es que el Partido Comunista está a la cabeza del Estado. Por lo tanto, se puede decir que en China existe una República Democrática Popular, pero sólo en su primera etapa de desarrollo.

La confusión sobre esta cuestión se produce porque nuestros cuadros no tienen ningún tipo de educación económica profunda.

Fuente: Revolutionary Democracy, Vol. IV, Nº 2, septiembre de 1998 , J.V. Stalin: Cinco conversaciones con economistas soviéticos, 1941-1952) Ver http://www.revolutionarydemocracy.org/archive/pdchina.htm
Traducido por Gerardo Manfredi
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Sobre el sindicalismo revisionista

El revisionismo moderno en el movimiento sindical — una nueva variante de oportunismo y reformismo

Filip Kota

(1974)

Tras la Segunda Guerra mundial, ocurrieron importantes acontecimientos de relevancia histórica que causaron transformaciones radicales en el mundo. Varios países se embarcaron en el camino al socialismo, y un importante ímpetu fue impartido a los movimientos de liberación nacional y revolucionarios por la liberación nacional y la emancipación social, dirigido contra la esclavitud imperialista y colonialista.

Los cambios en la proporción de fuerzas ocurrieron también entre los países capitalistas. El imperialismo norteamericano reforzó su posición económica, política y militar y emergió a la cabeza de todos los países capitalistas, convirtiéndose en el baluarte del capitalismo y su gendarme internacional.

Un nuevo desarrollo tuvo lugar en el mundo. El capitalismo monopolista de Estado se extendió considerablemente y la revolución científico-técnica logró rápidos progresos. En ciertos países el capitalismo se desarrolló de una manera más o menos pacífica, registrando una mejora temporal y relativa de la situación económica de los trabajadores, nuevas industrias se establecieron, implicando grandes inversiones de capital y un ensanchamiento de la clase obrera con nuevos «reclutas» de estratos pequeñoburgueses, y sobre todo de campesinos medios y pobres, que trajeron con ellos sus opiniones particulares y sus posiciones vacilantes.

Estos y otros cambios fueron interpretados y se respondieron a ellos de varias maneras dentro de las propias fuerzas de izquierda, porque en algunas de ellas, una nueva tendencia oportunista, el revisionismo moderno, había comenzado a surgir y a tomar forma; y su plataforma política e ideológica se introdujo gradualmente en el movimiento sindical. Esta tendencia niega la necesidad de la lucha de clases, y propaga la tesis de la supuesta naturaleza diferente del imperialismo y de la gradual transformación del capitalismo en socialismo a través de nuevas formas de desarrollo capitalista; trata de distraer a los trabajadores del camino de la lucha revolucionaria por la liberación nacional y social y apoya la coexistencia pacífica, que, según esta tendencia, debería ser el fundamento del movimiento sindical.

Las condiciones generales y los motivos que han favorecido la aparición y la propagación del revisionismo moderno son muchos y poseen sus propias características distintivas. Sin pretender dar un análisis detallado de este problema, que no es el objeto de este estudio, podemos decir que en general, el revisionismo moderno es el producto de unas condiciones económicas y sociales dadas en las cuales el factor objetivo así como el subjetivo desempeñaron su papel.

La degeneración de los sindicatos en la Unión Soviética y en los otros países donde los revisionistas están en el poder

La toma del poder por parte del grupo Jruchovista en la Unión Soviética produjo cambios radicales en todo el orden social, político y económico, en la base y en la superestructura. Por supuesto, los sindicatos soviéticos, como importantes enlaces en el sistema de la dictadura del proletariado, no podían permanecer al margen del proceso de desintegración y degeneración general. Los revisionistas Jruchovistas tuvieron que quebrantar, en primer lugar, los principios y las normas fundamentales sobre los cuales los sindicatos se habían establecido y operaban; tuvieron que revisar las enseñanzas marxista-leninistas sobre los sindicatos, y desechar las ideas Leninistas sobre el papel dirigente de la clase obrera. Hicieron todo esto bajo una capa de demagogia, como «socialistas» y en el nombre de Lenin.

Gradualmente fueron violados y sustituidos los principios fundamentales sobre el papel y las tareas de los sindicatos por una nueva línea y por normas revisionistas en la Unión Soviética y en los países donde los revisionistas han asumido el poder; estas nuevas posiciones pueden resumirse así:

1) La negación del papel dirigente de la clase obrera.

El curso revisionista general ha transformado a la clase obrera de la fuerza política del país que desempeñó el papel principal, en un apéndice económico, una fuerza de trabajo, cuya tarea no es dirigir, sino cumplir planes, y trabajar y producir para el nuevo estrato de la burguesía revisionista. El rol de la clase obrera se limita a la esfera de la producción, mientras no queda rastro alguno de su papel dirigente y supervisor como la clase en el poder, ni siquiera de esto se puede hablar ahora que los revisionistas están en el poder.

Las funciones de los sindicatos también han sufrido un cambio radical: su papel político y educativo ha sido sustituido por el económico, como línea general.

2) El crecimiento de la tendencia capitalista.

Con la aplicación de la nueva reforma económica en la Unión Soviética y, progresivamente, en los otros países revisionistas, fue abandonada la política económica bolchevique para la edificación del socialismo y el comunismo, y se estableció el nuevo curso de fomento de las tendencias capitalistas de obtener ganancia y colocar los estrechos intereses personales por encima de los intereses generales, y los intereses inmediatos por encima de los intereses a largo plazo. Esta se convirtió en la fuerza motriz principal de la producción y de la actividad productiva de los trabajadores. La introducción de esta línea aceleró la desintegración de la propiedad socialista en un tipo especial de propiedad capitalista, reanimó la tendencia hacia la propiedad privada y el individualismo, y ayudó a crear una nueva y privilegiada clase burguesa que posee unos altos ingresos.

Una tarea importante en la aplicación de esta reforma ha sido asignada a los sindicatos revisionistas, que hacen un fetiche del estímulo material y piensan que esta es «un arma muy fuerte» y un «instrumento nuevo, eficaz». Esta línea va tan lejos como para tratar de reemplazar el trabajo educativo con el estímulo material. El órgano de los Sindicatos soviéticos, el periódico «Trud», escribió el 16 de febrero de 1969, en un artículo titulado «El 13er Salario»: «Nos han dado ahora la posibilidad de luchar contra los parásitos, los cuadros que dejaron el trabajo, los borrachos e indisciplinados, con la ayuda del rublo».

3) La creación de la aristocracia obrera y de la burocracia sindical.

La diferenciación de clase en la Unión Soviética y en los otros países revisionistas es ahora una realidad bien conocida. En la nueva burguesía se encuentran, entre otros, la burocracia sindical y la nueva aristocracia obrera. Desde el punto de vista ideológico y económico, este estrato se ha separado, de la base, de la clase obrera y de los intereses que sostiene; se oponen a la clase obrera, y, con la ayuda del estado, la explota y oprime, junto con todos los demás trabajadores.

Dentro de este contexto, la función de los sindicatos es la de supervisar, mantener en sumisión y contener a la clase obrera, suprimir los inevitables conflictos de clase y quebrantar su espíritu revolucionario.

Es precisamente esta diferenciación de clase la que ha producido el surgimiento, en ciertos países revisionistas, de contradicciones antagónicas y de conflictos de clase, expresados en huelgas y protestas organizadas por la clase obrera, como en la Unión Soviética, Yugoslavia, Checoslovaquia y en otros países. La rebelión de diciembre de 1970 en Polonia, que fue sangrientamente reprimida por el estado burgués-revisionista, es una prueba viva del establecimiento de dos clases antagónicas.

4) La burocratización y degeneración de los sindicatos.

En los países revisionistas, los sindicatos basan su actividad en el trabajo de los funcionarios sindicales, que representan un «élite» burocratizada. El principio del trabajo activo en la sociedad ha sido sustituido por el del trabajo cerrado, encajonado de los aparatos sindicales burocráticos, que se imponen por encima de los órganos elegidos y lo deciden todo.

Este método del trabajo condujo a una situación en la que las organizaciones sindicales de base en los países revisionistas ya no estaban motivadas por un espíritu de militancia, sino que se caracterizaban por la indiferencia general y la apatía de las masas miembros hacia varios problemas. Los sindicatos se convirtieron en una organización formal sin vitalidad y vigor. Al explicar por qué dejó de ser un miembro del comité sindical de su centro de trabajo, un obrero soviético escribió en una carta al periódico «Trud» fechada el 13 de noviembre de 1969: «El hecho es que nuestra organización sindical sólo existe formalmente, en el papel. En la realidad, ningún trabajo se hace en ella. No tiene ni comisiones permanentes ni temporales». Y este no es un caso aislado.

El propio A. Shelyepin, en su facultad de presidente de los sindicatos soviéticos, se vio obligado a admitir en su informe, presentado en el 15to Congreso en 1969, que allí existían «pronunciados defectos e irregularidades en cuanto al trabajo y la disciplina, como casos de alcoholismo, ociosidad, desprecio por los intereses de la sociedad y del colectivo, y el robo de la propiedad socialista».

Los sindicatos en la Unión Soviética y en los otros países donde los revisionistas están en el poder se han puesto totalmente al servicio de la nueva burguesía revisionista. Se esfuerzan por corromper a sus miembros espiritual, ideológica y políticamente. El economismo, el tecnocratismo, el espíritu administrativo y burocrático — éstas son los características típicas de los sindicatos en estos países.

La degeneración interna de los sindicatos soviéticos no podía dejar de provocar cambios y consecuencias en su posición sobre problemas internacionales, y en el desarrollo del movimiento sindical internacional.

Con la usurpación del poder por los revisionistas soviéticos, las concepciones revisionistas, que hasta ese momento no se habían manifestado abiertamente, y las de las filas de ciertos centros sindicales de los países capitalistas, por ejemplo la CGT de Francia o el CGIC y otros, no tardaron en aparecer. Estos centros que, en general se destacaron por su naturaleza y posición antiimperialista, más tarde abandonaron esta línea, y gradualmente se convirtieron en organizaciones de tipo tradeunionista y reformista.

[…]

La base social del reformismo y el revisionismo en el movimiento sindical

La completa degeneración de los sindicatos revisionistas y reformistas se produjo de varias maneras. Entre los principales factores podemos mencionar a la aristocracia obrera y a la burocracia sindical.

a) La aristocracia obrera. Tomando el ejemplo del movimiento obrero en Inglaterra, los clásicos escritores del marxismo-leninismo han explicado que la prosperidad industrial es acompañada por una tentativa de una parte de la burguesía de sobornar a parte de la clase obrera y convertirla en una pequeña burguesía oportunista y reformista, que tiene miedo de la revolución. La burguesía y los monopolios capitalistas emplean una porción muy pequeña de sus super-ganancias, «las migajas de su mesa de banquetes», para recompensar y corromper a la mayor parte de los elementos indecisos de la clase obrera, quienes principalmente son trabajadores calificados que reciben altos salarios. Éstos; dice Stalin, son «… la elite de la clase obrera, la parte más acomodada del proletariado, con sus tendencias al compromiso con la burguesía, con su aspiración predominante a adaptarse a los poderosos del mundo, con su afán de “hacer carrera”» [1].

Históricamente, la burguesía de cada país ha sobornado a algunos trabajadores calificados, a la aristocracia obrera, y los ha separado de las masas proletarias, al proporcionarles empleos fáciles y puestos con menos dolores de cabeza, pero con mayores recompensas. Los sueldos abultados, los favores y las ventajas provocaron su paulatino alejamiento de la clase obrera, tanto económica como ideológicamente. Apoyando a la burguesía, la aristocracia obrera se convirtió en una quinta columna, extendiendo la ideología burguesa en las filas de la clase obrera y en el movimiento sindical. Sin su ayuda la burguesía no habría sido capaz de mantener a la clase obrera bajo su dominio. La aristocracia obrera intenta con todas sus fuerzas conservar sus puestos sirviendo con celo a la burguesía y apoyando, abiertamente o encubiertamente, sus medidas y políticas anti-obreras.

Además de incrementar la producción, y por lo tanto sus ingresos, la burguesía está interesada en el crecimiento de las filas de esta aristocracia aumentando artificialmente el número de trabajos calificados y de categorías, lo que produce pronunciadas diferencias entre los salarios de los trabajadores ordinarios y aquellos especializados, y promoviendo a éstos a varios empleos y responsabilidades dentro y fuera de la producción.

La automatización de los procesos de producción de ninguna manera implica que la aristocracia ha desaparecido de las filas de los trabajadores, como sostienen los ideólogos revisionistas y burgueses, diciendo que ahora supuestamente tenemos una clase obrera media con un buen ingreso. En realidad, independientemente del nivel de desarrollo de la ciencia y de la técnica en la producción, en los países capitalistas el estrato de la aristocracia obrera existe y crece.

b) La burocracia sindical. La burguesía también encuentra un fuerte apoyo y otra palanca en la burocracia sindical, integrada por funcionarios y el aparato sindical en el centro y en la base, periodistas y trabajadores de instituciones educativas y culturales que dependen ella, etc. Es precisamente esta gran masa de burócratas sindicales, que constantemente crece y evade el control de sus miembros de base, la que establece las líneas guía y dirige efectivamente los asuntos externos e internos de los sindicatos. Este estrato, que surge de las filas de la clase obrera, poco a poco se separa de las masas trabajadoras. Tiene tanto interés en preservar el orden capitalista como el propio capitalista, porque sabe que puede conservar su posición sólo si no se opone a los deseos y exigencias de la burguesía capitalista.

Según cifras oficiales, minimizadas como son, en 1961 el movimiento sindical norteamericano contaba con 450.000 personas asignadas a puestos de trabajo, 60.000 de las cuales eran empleados sindicales permanentes. Esta gran burocracia ha resultado de tener un dirigente sindical pago por cada 300 miembros del sindicato. En Suecia esta proporción es de 1:1.700, en Inglaterra casi de 1:2.000, etc.

Los cargos sindicales superiores aseguran altos ingresos a sus dirigentes. El sindicato y la prensa burguesa tienen que confesar que en muchos casos los sueldos de los dirigentes sindicales exceden a los de los gerentes de las corporaciones y trust capitalistas. Así, por ejemplo, el ex-presidente del DGB, L. Rosenberg, recibió aproximadamente 400.000 marcos por año. Dave Budge, el líder del sindicato de los camioneros en los Estados Unidos, se jactó: «Me pagan 25.000 dólares americanos por año porque dirijo esta institución (la unión de camioneros)». El sindicalismo en Europa Occidental y en los EE. UU. se ha convertido en un buen «negocio» para sus dirigentes. Hay muchos ejemplos de este sindicalismo comercial. «La teoría de este sindicalismo comercial», escribe J. Doner, «crea un increíble corrupción en la vida personal de los dirigentes sindicales que llevan una vida despótica, con sueldos que pueden ir desde 30.000 a 75.000 dólares americanos por año y poseen coches de lujo, un tipo de vida que despierta aún más su avaricia» [2].

Además de los abultados sueldos que reciben de los sindicatos que dirigen, muchos funcionarios sindicales reciben grandes ingresos de las importantes funciones que tienen en el estado burgués como congresistas, parlamentarios, directores de funcionarios en instituciones que controlan los sistemas de pensiones, la seguridad social, los cooperativas de trabajadores, etc.

Es por eso que existe una gran rivalidad por el poder entre los dirigentes sindicales para permanecer en la dirección de los sindicatos. A fin de sostener sus puestos como dirigentes del sindicato, recurren a todo tipo de artimañas, que van desde el engaño, las amenazas y las intrigas, al asesinato.

Una investigación realizada por una comisión del Senado de los Estados Unidos, aunque parcial, expuso muchos casos de corrupción y delitos. En sus conclusiones, leemos: «Antiguos métodos, incluido el delito, la violencia en todas sus formas, el fraude, el chantaje, la falsificación de documentos, y la corrupción general, todos fueron considerados útiles a fin de que ciertas secciones locales de los sindicatos alcancen el poder» [3]. Un vivo ejemplo reciente de esto fue el asesinato en diciembre de 1968, del líder del sindicato de mineros norteamericanos, I. Yablonsky y su familia. En los EE. UU nos encontramos, de hecho, con un sindicato «mafia» cuyos hilos conducen a la CIA.

La burocracia sindical ha extendido sus raíces no sólo dentro del sindicato, sino también fuera de él, convirtiéndose en un colaborador entusiasta y en un instrumento del estado capitalista y de los monopolios. Este tipo de sindicato participa activamente en todos los órganos establecidos por el estado capitalista y los patronos.

En los países capitalistas, existe una mezcla entre las funciones de los dirigentes sindicales y las del estado. A menudo los dirigentes sindicales ocupan importantes puestos en el estado o en las compañías o trust capitalistas. En Gran Bretaña, por ejemplo, cuando el señor Wright era el presidente del TUC, era al mismo tiempo el presidente del Comité Asesor de Producción y Ciencia. El señor Carron, un miembro del Consejo General de Sindicatos, también fue un miembro del Consejo Nacional de Desarrollo Económico, como lo fue el señor Collison, el vicepresidente del TUC, y muchos otros. La lista de lores y señores, los «campeones» de los intereses de la clase obrera, que se hallan entre los dirigentes sindicales británicos no tiene fin.

Cuando los dirigentes sindicales dejan sus funciones del sindicato, son designados a puestos más altos en la dirección del estado o en los monopolios. Así, por ejemplo, Arthur Goldberg, el ex-representante de la AFL-CIO en Indonesia, fue nombrado más tarde como representante norteamericano permanente ante la ONU. Cuando dejó el puesto de Secretario General de TUC británico, el señor Walter Citrine se convirtió en miembro de la rama nacional del carbón y, más tarde, en director del consejo de electricidad superior. En relación con esto, «La rivista International del Trabajo», el órgano del OIT, escribió: «Citrine logró moverse competentemente a la mesa de negociaciones, pasando del lado de los trabajadores al de los patronos».

En los países capitalistas, los dirigentes sindicales oportunistas no encuentran ninguna dificultad en pasar de trabajar para los sindicatos a trabajar para el estado y los monopolios, o viceversa. En estas condiciones es difícil trazar una línea de demarcación entre el jefe del sindicato y el hombre de negocios o el funcionario estatal. En las filas de los sindicatos revisionistas, en los países capitalistas, también existe una casta burocrática que ahora disfruta de muchos privilegios y derechos, todos sancionados por la ley.

El «Código del Trabajo» en Italia, que se aprobó en 1970, reconoce que los dirigentes sindicales tienen el derecho a no ser despedidos ni trasladados de sus puestos de trabajo sin la aprobación de sus centrales sindicales. Gozan del derecho a tomarse licencias con sueldo, a ausentarse del trabajo durante periodos considerables para reuniones sindicales, etc. Este Código limita los derechos y la organización de la clase obrera. De acuerdo con la ley, estos derechos son monopolio sólo de los sindicatos reformistas, revisionistas y fascistas.

En Francia, según la ley sobre el ejercicio de derechos sindicales en las empresas, aprobada por la Asamblea Nacional francesa en diciembre de 1965, los dirigentes sindicales tienen derecho a 15 horas de trabajo por mes debido al trabajo sindical, por las cuales los patronos deben pagarles el sueldo correspondiente; no pueden ser despedidos de sus empleos mientras ocupen puestos en el sindicato, etc.

Mientras persigue a todos aquellos que emprenden una campaña genuina por los verdaderos intereses de la clase obrera, la burguesía concede derechos y privilegios a los dirigentes sindicales que colaboran con ella, que están a su servicio y se convierten en sus instrumentos.

La aristocracia obrera y la burocracia sindical no deberían de ninguna manera ser identificadas con la clase obrera, puesto que sólo conforman una parte muy diminuta de ella y los intereses que representan están en desacuerdo con los de la clase obrera. Los numerosos hechos demuestran que la aristocracia obrera y la burocracia sindical son partes integrales de la estructura capitalista, y sus puestos están relacionados con el destino del capitalismo, del cual depende su propia existencia.

Notas

[1] Stalin, “Una vez más sobre la desviación socialdemócrata en nuestro partido”.

[2] F. J. Doner. “The Decadence of the AFL-CIO”. Report at the 27th International Congress of the UE in California, August 1962.

[3] BIT — “La situation syndicate aux Etats-Unis”, Geneva 1960, French ed., p. 102.

Fragmentos de Filip Kota, “Two Opposing Lines in the World Trade Union Movement”, Casa editora «8 Nëntori», Tirana, 1974
Traducido por Tiempos Rojos