Posibilidades de construir el socialismo sin pasar por la etapa del capitalismo desarrollado

“Existe un marxismo dogmático y un marxismo creador. Yo me sitúo en el terreno del segundo.” | Stalin, Intervención en el VI Congreso del P.O.S.D.R.(Bolchevique) (1917)

Posibilidades de construir el socialismo sin pasar por la etapa del capitalismo desarrollado

Hekuran Mara

(1973)

Para los países subdesarrollados el capitalismo no es la única perspectiva de desarrollo histórico. Para ellos, también existe la posibilidad de transformar la sociedad sobre bases socialistas. Pero la “nueva” teoría revisionista de la llamada “vía no capitalista de desarrollo” es un engaño destinado a cubrir con una falsa cascara socialista al desarrollo capitalista convencional.

El viejo sistema colonial del imperialismo se ha desintegrado por los golpes que le han dado las luchas armadas de liberación nacional. Los pueblos que durante mucho tiempo no tuvieron derechos y eran considerados por el imperialismo como un simple objeto de esclavitud y explotación han despertado completamente en la actualidad. Ellos se esfuerzan por convertirse en activos sujetos de la historia.

Muchos de los países de Asia, África y América Latina que han ganado su independencia estatal del imperialismo, procuran acelerar su desarrollo social, económico y político, conseguir la verdadera independencia económica y política, y así superar siglos de atraso y mejorar las condiciones materiales y culturales de la vida del pueblo.

———————

La elección de los países subdesarrollados de los caminos de desarrollo económico y político que tomarán es una de las cuestiones más importantes de nuestro tiempo porque su población constituye la abrumadora mayoría de la población mundial. Los países subdesarrollados donde la burguesía nacional está en el poder persiguen hoy el camino del capitalismo. Pero el capitalismo no es la única perspectiva de desarrollo histórico que les queda, ni es una fatalidad inevitable. Para estos países también existe otra alternativa – la posibilidad de la transformación de la sociedad sobre una base socialista, evitando el capitalismo como una formación socioeconómica, o etapa de desarrollo.

Los trabajadores de los países subdesarrollados no tienen ninguna razón para abrazar ciegamente la vieja tradición del desarrollo capitalista. Ellos han experimentado sobre sus propios hombros los aspectos más desagradables, más inhumanos de la “civilización” capitalista; colonialismo e imperialismo; guerras, violencia, exterminio, saqueo y explotación desenfrenada; pobreza y hambre, humillación y sofisticada demagogia social y religiosa. Esta es una espantosa experiencia muy dolorosa que no les podía atraer al camino capitalista de desarrollo. Tampoco es alguna simpatía especial creada por el “valor” moral y práctico de la sociedad de consumo, cuyos males ya han desilusionado a las masas trabajadoras de los países capitalistas.

Pero la historia ha abierto el nuevo camino socialista de desarrollo para los países subdesarrollados. Este es el único verdadero camino a través del cual los esclavos del ayer pueden convertirse en verdaderos amos de sí mismos, pueden tomar el destino de su país en sus propias manos y volverse constructores activos y conscientes de una nueva vida. No hay ni puede haber un tercer camino.

La elección del camino de desarrollo social, político y económico de cada país es un asunto interno de su propio pueblo. Es el resultado de la proporción de fuerzas entre las clases, de la lucha entre ellas, del poder político y determinación que resulta de esta lucha. A consecuencia de las victorias logradas por el socialismo, las masas trabajadoras de muchos países de Asia, África y América Latina que se han librado de la ocupación imperialista, también se sienten cada vez más atraídas al socialismo. Pero de manera paralela a este fenómeno, han surgido y se han extendido toda clase de conceptos y teorías en estos países sobre los caminos de transición al socialismo y sobre la propia sociedad socialista, que tanto en teoría como en práctica se encuentran muy lejos del auténtico socialismo científico y sobre todo de los verdaderos caminos que se deben seguir a fin de pasar a la construcción del socialismo. “Estas teorías encierran muchas cosas oscuras, confusas, eclécticas; son una mezcolanza de principios socialistas y capitalistas, de ideología socialista e ideología burguesa, nacionalista y religiosa.” [1]

Estas teorías no son idénticas en sus orígenes de clase y objetivos. Algunas de ellas provienen del estrato pequeñoburgués, son el resultado de la confusión ideológica de estos estratos y apuntan a la construcción de un “orden social socialista”, según el concepto del pequeño propietario privado. Otras son propagadas por la burguesía local con miras a crear ilusiones sobre unir lo que no se puede unir – sobre unir la superioridad económica y social del socialismo con la iniciativa privada capitalista y el libre juego de las fuerzas del mercado; y la ideología de clase proletaria con la ideología burguesa y los dogmas religiosos. La aparición y la propagación de estas teorías también han sido influenciadas en gran medida por las concepciones desorientadas y las especulaciones teóricas de los revisionistas modernos, que sirven de caldo de cultivo para todo tipo de variantes del socialismo anti-científico y anti-marxista. Los únicos correctos y científicos conceptos que sirven para poner a los países subdesarrollados en el camino del socialismo han sido y permanecen siendo los conceptos que se derivan de la auténtica teoría revolucionaria marxista-leninista, de las enseñanzas de Lenin sobre la transición directa de estos países al socialismo, de la experiencia acumulada por la República Popular China y la República Popular de Albania, donde el socialismo se está construyendo con éxito procedente de una atrasada situación semi-colonial y semi-feudal.

 ———————

La posibilidad de que los países subdesarrollados pasen directamente al socialismo, evitando la etapa del capitalismo desarrollado, ya no constituye un dilema. El marxismo-leninismo lo ha resuelto en el plano teórico, mientras que en la vida, el establecimiento en el camino del desarrollo socialista de una serie de antiguos países subdesarrollados, ha confirmado la verdad de esta posibilidad, ha enriquecido la teoría y la práctica de la revolución socialista y de la revolución democrático-popular de liberación nacional.

Todo en el mundo tiene una historia. La idea de la transición directa de los países subdesarrollados al socialismo también tiene su propia historia. Tiene su origen en la época en que se creó la teoría del socialismo científico, basándose en el detallado análisis del desarrollo de los principales países capitalistas.

Pero cuando esta teoría se creó también existían países que estaban en la etapa del desarrollo precapitalista. Con respecto éstos con las perspectivas históricas de aquéllos países, Marx expresó por primera vez la idea de la posibilidad de su transición directa al socialismo, evitando el camino capitalista de “pobreza, sangre, miseria y humillación”.

Esta transición de ningún modo excluye el funcionamiento de las leyes generales del desarrollo de la historia mundial, la continuidad del reemplazo de las formaciones socioeconómicas. Al contrario, muestra que el camino del desarrollo de varios pueblos es más rico y más diversificado que la línea universal del desarrollo de la historia mundial. Y si echamos un vistazo retrospectivo a este desarrollo notaremos seguramente que los pueblos individuales han sido capaces de pasar de una formación económica y social a la otra, sin pasar por un intermediario que ha sido inevitable para la humanidad en general. [2]

A principios del siglo XX, cuando la revolución socialista ya no era un lejano horizonte de la historia, sino un tema al orden del día del movimiento obrero, la aplicación de la doctrina de Marx al futuro, estableció como un importante problema teórico y práctico la transición de los países subdesarrollados al socialismo. Al mismo tiempo, los oportunistas de la Segunda Internacional, bajo la máscara del “desarrollo creativo” y de la “revisión” teórica de la nueva experiencia histórica, pusieron en duda en primera instancia, y luego dejaron a un lado la concepción de Marx sobre la posibilidad de transición de los países subdesarrollados al socialismo. [3]

En estas circunstancias se volvió necesario restablecer la correcta concepción de Marx sobre esta cuestión. Y lo más importante era enriquecerla y desarrollarla aún más en conformidad con la nueva experiencia de la época del imperialismo y la revolución proletaria. Esta tarea fue enfrentada con éxito por V. I. Lenin.

Lenin relacionó la transición de los países subdesarrollados al socialismo con la teoría del imperialismo, de la transformación de la revolución democrático-popular en la revolución socialista, de la realización de la revolución política y de la toma del poder estatal como una condición decisiva para allanar el camino a la creación de las premisas socioeconómicas del socialismo. Destruyó el concepto determinista-mecanicista de Kautsky que proclamó como un dogma: “Si no se ha alcanzado la madurez económica la revolución política no se debería llevar a cabo”.

La exitosa realización de la revolución democrático-popular exige que sea liderada por la clase obrera y su partido, que el poder político pase a las manos de las masas trabajadoras. Este es un axioma para una auténtica revolución democrática del pueblo, de modo que no debiera permanecer a mitad del camino, sino que debe continuar ininterrumpidamente hasta que se transforme en una revolución socialista mediante profundas transformaciones políticas, económicas, sociales, ideológicas, culturales y otras. Esta tarea fue abordada por Lenin, que al mismo tiempo mostró el camino hacia su solución.

Las enseñanzas leninistas sobre la transición de los países subdesarrollados directamente al socialismo han sido traicionadas, han sido puestas patas para arriba por los revisionistas modernos. Han sido sustituidas por el descubrimiento de una “nueva teoría”, sobre la llamada “vía no capitalista de desarrollo”. [4] Este camino es presentado por los revisionistas como una formación de transición, que, según afirman, debe preparar las condiciones materiales y subjetivas preliminares para el socialismo en los países subdesarrollados, así como el capitalismo prepara estas condiciones en los países desarrollados. Asignándole tal papel, esta formación es presentada como una amalgama, un equilibrio inerte de fuerzas políticas, ideológicas, de clase y económicas opuestas. En esencia, el camino no capitalista de los revisionistas representa el desarrollo capitalista convencional revestido con una falsa cáscara socialista.

———————

Es cierto que los países atrasados están en diferentes etapas del desarrollo social, se enfrentan a tareas diferentes y su propia práctica histórica tiene sus rasgos específicos. Abarcan muy diferentes relaciones socioeconómicas, que van desde los restos del orden tribal y la economía natural, a las relaciones feudales o semifeudales y terminan con la economía y las relaciones capitalistas. Esta situación resulta en una gran diversidad de fuerzas sociales y de clase en estos países. También da lugar a los más diversos antagonismos socio-políticos.

Por otra parte, es sabido que se han necesitado siglos enteros para el establecimiento, en el marco del capitalismo, de las condiciones materiales y subjetivas para la revolución socialista y para la edificación del socialismo. En este punto surgen varias preguntas: ¿Se pueden crear estas condiciones en un país subdesarrollado donde el capitalismo todavía se encuentra en su etapa inicial o en un bajo nivel de desarrollo? ¿Existe allí algún otro camino aparte del capitalista para crear de estas condiciones? ¿Cómo puede un país subdesarrollado emprender directamente el camino de la edificación socialista sin pasar por la etapa del capitalismo desarrollado?

La transición directa al socialismo de los países subdesarrollados representa hoy la única posibilidad de llenar lo más rápida y menos dolorosamente posible el gran vacío que se ha creado en su desarrollo histórico. Aunque sea difícil prever o definir todas las formas concretas de esta transición, para su inicio hay un camino, un medio universal – la necesaria realización de una auténtica revolución popular. “La idea de que la revolución es el único medio para transformar el mundo, el único camino de salvación del yugo nacional y social, ha conquistado las mentes de millones de seres en todos los continentes.” [5] La cuestión central y más importante de esta revolución es la conquista absoluta del poder político por las masas trabajadoras conducidas por un partido marxista-leninista y el establecimiento de una dictadura democrática de las fuerzas más revolucionarias –la clase obrera y el campesinado.

Una revolución democrático-burguesa convencional, incluso en su forma específica para los países subdesarrollados, no puede servir de base para la transición al socialismo. La historia de las tres décadas pasadas ha proporcionado la prueba indiscutible de que varios países de Asia y África, que consiguieron la independencia estatal después de la Segunda Guerra Mundial, pero donde el poder político no pasó a las manos de las masas trabajadoras conducidas por su partido marxista-leninista, no sólo no emprendieron el camino del desarrollo socialista, sino que también permanecieron económicamente dependientes al imperialismo en su forma neocolonialista.

En oposición flagrante al marxismo-leninismo y a la experiencia histórica, los revisionistas modernos han reducido toda la teoría y práctica de la revolución a las reformas dentro del orden social existente. Propagan la idea de que incluso hasta el llamado “estado de transición” [6] que también puede tener a la cabeza a los líderes de las clases explotadoras, a los propietarios y la burguesía, [7] pueden servir como un medio para la transición al socialismo de los países subdesarrollados. Y tienen el descaro de describir un estado con tal contenido de clase como el poder popular y declararlo capaz de construir el socialismo. ¿No es este un engaño ostensible?

En las condiciones de los países subdesarrollados, cuando no existe ningún partido revolucionario de la clase obrera, la creación de las premisas subjetivas para la victoria de una verdadera revolución debería comenzar con la formación del partido marxista-leninista, la dirección política indispensable de la revolución. Sin este liderazgo no es posible hablar de la conquista del poder por las masas trabajadoras o del desarrollo ininterrumpido de la revolución con el objetivo de preparar la transición al camino del desarrollo socialista.

La usual pequeña proporción de la clase obrera en los países subdesarrollados, su comparativamente bajo nivel ideológico y cultural, su limitada experiencia de organización y lucha de clases política no pueden servir como argumento para negar la necesidad y la posibilidad de la creación del partido de la clase obrera. Como lo demuestra, por ejemplo, la experiencia de nuestro país, el partido de la clase obrera se debe crear y puede surgir a la cabeza de la lucha revolucionaria aún cuando la clase obrera es pequeña en número y no se encuentra organizada. En este caso los comunistas son los representantes más leales de la clase obrera y su personificación; luchan resuelta y consecuentemente por los intereses de la clase obrera, por su ideología y política, por los intereses más radicales de todas las masas trabajadoras y de la nación entera.

Algunos revisionistas modernos afirman que la existencia del partido marxista-leninista y el liderazgo de la revolución y el poder político por este partido para la transición de los países subdesarrollados al socialismo conforman un dogma obsoleto, reemplazado por el tiempo. En su opinión, si este ha sido el caso en algunos países, esto ha ocurrido no por motivos de principio y necesidad universal, sino simplemente por motivos históricos específicos o por casualidad. [8] Otros públicamente afirman que el papel de vanguardia y el liderazgo en el llamado desarrollo no-capitalista de los países atrasados puede ser desempeñado por cualquier partido u organización política, incluso por los sindicatos, independientemente de su ideología y composición de la clase. [9] Esta es otra traición de los revisionistas a la revolución socialista y la edificación del socialismo, es una caricatura de la idea del rol de vanguardia en la transformación socialista de la sociedad.

———————

La conquista del poder político por las masas trabajadoras sólo marca el punto de partida necesario para preparar los países subdesarrollados para la transición al socialismo. La propia transición es un proceso histórico completo, a veces más largo y a veces más corto, según las condiciones concretas de cada país. El contenido principal de este proceso debe ser la transformación revolucionaria ininterrumpida de la superestructura y la estructura económica de la sociedad, el continuo cambio de la proporción de fuerzas de clase en beneficio del socialismo, la lucha contra el imperialismo y todas las fuerzas reaccionarias internas.

La transformación de la vida política y social requiere en primer lugar del quebrantamiento de la vieja máquina estatal burocrática creada por los colonialistas y basada en los intereses de las clases explotadoras locales, divorciada de las masas trabajadoras y contrapuesta a ellas como un medio de violencia para conservar la opresión y la explotación. En su lugar se debe crear una nueva máquina estatal, basada en nuevos líderes, surgidos del seno de los trabajadores que sean conscientes de sus necesidades y defiendan sus intereses, purgada de los elementos reaccionarios colaboradores de los colonialistas, de los partidarios del imperialismo y de los enemigos del socialismo. En la transformación de la vida política y social, las características esenciales son la puesta de los trabajadores en la gestión del país, el crecimiento numérico y la educación de la clase obrera, la emancipación de las mujeres y su participación en las actividades sociales y la mejora sistemática de las condiciones materiales de los trabajadores.

Para que se realice la transformación de la vida política y social en interés de los trabajadores, ésta debe estar inspirada por la única ideología revolucionaria, el marxismo-leninismo. De lo contrario, la transformación no podrá ser revolucionaria y degenerará inevitablemente en reformas democrático-burguesas incompletas, convencionales. Tal transformación engaña a las masas trabajadoras con lemas socialistas y despierta en ellas esperanzas que buscan desilusionarlas, mientras que en realidad refuerza la posición de las clases explotadoras y prepara el terreno para el desarrollo capitalista. Actualmente la burguesía de los países subdesarrollados da la bienvenida a esta clase de transformación, sin sentir ningún peligro especial e inmediato para sus intereses de clase, mientras los revisionistas modernos hablan del “nuevo descubrimiento” de la llamada vía no capitalista de desarrollo. Esta es una verdadera paradoja que sólo puede ser aceptada por la lógica de los renegados del marxismo-leninismo, que, a través de su traición, dan una “chapa espiritual” a la opresión burguesa-terrateniente y a la explotación en los países subdesarrollados.

Un problema fundamental para la transformación de la superestructura en los países subdesarrollados, es la realización de una profunda revolución en la cultura. Por regla general, esta revolución debe pasar por dos etapas principales, estrechamente relacionadas y conectadas. En la primera etapa, la extensión de la cultura en amplitud aparece como el objetivo más próximo e inmediato. Su objetivo es la eliminación del analfabetismo entre los adultos, la extensión de los distintos niveles de educación en todo el país, y en particular en el campo, a fin de crear las premisas para elevar el nivel cultural general de la población. En la segunda etapa, el principal objetivo de la revolución es la transformación de la propia cultura, que es un proceso más complicado y difícil que su simple extensión. Por lo general, los países atrasados conocen dos culturas antes de la revolución: la cultura de los feudos o castas y la del imperialismo, la cultura de los explotadores y opresores, siempre combinadas y asociadas con el misticismo religioso. La cuestión es pasar a una nueva cultura de masas, sobre la base de la ideología proletaria, en beneficio del socialismo y del fortalecimiento de su posición en todos los campos de la vida.

La transformación de la superestructura debe derribar cada norma e institución del viejo mundo, que tiene un contenido opresivo, explotador y es humillante para las masas trabajadoras. Debe poner todo en movimiento, debe cambiar radicalmente los conceptos, las costumbres, los hábitos, las tradiciones, las relaciones familiares, las maneras y actitudes de las personas en el trabajo, en la sociedad y en la vida. Como una consecuencia inevitable de este proceso es creado un alto espíritu militante entre las masas trabajadoras, se alientan la iniciativa, la auto-acción, el espíritu innovador y el valor revolucionario en todos los campos de la actividad social.

———————

La transformación de la estructura económica en los países subdesarrollados a fin de preparar la transición al socialismo, requiere la solución de algunos problemas específicos propios de estos países. Estos son, por ejemplo, la liquidación de la dependencia económica respecto al capital extranjero y al imperialismo; la eliminación de las relaciones precapitalistas; la transformación de las relaciones agrarias en interés del campesinado trabajador; la liquidación del carácter unilateral de la economía nacional, garantizar el empleo para la población que crece rápidamente, etc. La historia ha demostrado que para eliminar la dependencia económica respecto al capital extranjero y al imperialismo, para conseguir la verdadera independencia política es necesario nacionalizar tanto la propiedad de los monopolios extranjeros como la de la burguesía compradora. Debe ser creado el sector estatal de la economía con los medios nacionalizados. Desde el punto de vista de las relaciones socioeconómicas, de la organización y dirección del trabajo y la producción, las características del socialismo deben prevalecer en este sector que debe representar el embrión de la base económica socialista y dar un poderoso apoyo para preparar la transición en todo el país de las viejas relaciones económicas al establecimiento de las relaciones socialistas.

Por supuesto, esta cuestión no puede ser solucionada mecánicamente a través de la realización de cualquier tipo de nacionalización, ni a través de la creación de cualquier tipo de sector estatal, como afirman los revisionistas modernos. Todo depende del carácter de clase del poder político y de a quien sirve el sector estatal: a la limitación del capital privado o a su extensión; a la transformación de las viejas relaciones o a su preservación; al enriquecimiento de las clases explotadoras o a los intereses de las masas trabajadoras, al logro de su bienestar. En estas alternativas depende el destino de la evolución de este sector: ¿será un sector socialista o un sector estatal-capitalista convencional? La lucha entre estas dos tendencias en este sector es una lucha de clases entre el camino capitalista del desarrollo y el camino socialista, entre las masas trabajadoras y las clases explotadoras.

La proporción de fuerzas de clase en el propio poder político y el fortalecimiento de la posición de la clase obrera en él definen el resultado de esta lucha, su marcha en beneficio del socialismo y en perjuicio del capitalismo en este y en todos los sectores de la economía nacional.

No cabe duda de que el sector estatal efectivamente creado en los países subdesarrollados es un fenómeno progresivo, en comparación con las otras formas económicas primitivas (naturales o semi-feudales). Pero es dañino, verdaderamente dañino, y es una ilusión igualar cualquier tipo de sector estatal y el socialismo, independientemente del carácter de clase del poder político. Tal posición lleva el agua al molino de la burguesía y del imperialismo, del capitalismo y la contrarrevolución.

El problema agrario es de vital importancia para el destino del socialismo en los países subdesarrollados. Aquí el campesinado constituye la mayoría de la población, y las viejas relaciones precapitalistas y la explotación colonial se encuentran más profundamente arraigadas y aparecen en formas más brutales en el campo. El éxito, tiempo y ritmo de la transición en el camino de desarrollo socialista del campo y de todo el país, depende enormemente del camino y los métodos utilizados para solucionar este problema. Tanto la teoría como la práctica revolucionaria enseñan que la solución del problema agrario es una compleja, que debe transformar todos los aspectos de la vida en el campo – los aspectos ideológico-políticos, económicos, sociales, culturales, técnicos, organizativos, y otros. En otras palabras, en el campo es necesario realizar una verdadera revolución en las relaciones socioeconómicas que cambiará radicalmente toda la fisonomía del mismo. Esta se debe llevar a cabo paso a paso, de acuerdo con la maduración de las condiciones subjetivas y objetivas dentro del campo y a escala nacional. La realización inicial de la reforma agraria revolucionaria en interés del campesinado trabajador, según el principio de “la tierra para quien la trabaja” sirve a este objetivo. La cooperación de los campesinos trabajadores es absolutamente esencial a fin de poner al campo en el camino del socialismo y desarrollar rápidamente las fuerzas productivas en la agricultura. Tanto la aceleración artificial de la revolución agraria como la vacilación para realizarla, desacreditan igualmente la idea del socialismo a los ojos del campesinado. Toda solución incompleta del problema agrario da más probabilidad a que el campo se desarrolle en el camino capitalista, en vez del camino socialista. Pero también cualquier esfuerzo para una solución radical prematura del problema agrario, saltando arbitrariamente las etapas, conduce al aventurerismo y puede dañar irreparablemente la causa del socialismo.

En oposición diametral al marxismo-leninismo, los revisionistas modernos declaran que en la edificación del socialismo en los países subdesarrollados no se debe dirigir el esfuerzo principal a la transformación de las relaciones socioeconómicas, sino al desarrollo de las fuerzas productivas porque este desarrollo conducirá, según se afirma, de un modo natural hacia la construcción socialista. Esta es la misma tesis del oportunista Kautsky quien dijo que el desarrollo de las fuerzas productivas “automáticamente” transforma las viejas relaciones de producción en su contrario. Tal análisis de la cuestión conduce a la actitud contrarrevolucionaria que sostiene que la causa del socialismo se debe posponer indefinidamente en los países subdesarrollados, hasta que las condiciones materiales estén maduras.

No puede haber ninguna duda de que el rápido desarrollo de las fuerzas productivas es una cuestión vital para el destino del socialismo en los países subdesarrollados. Las preguntas que surgen claramente en estos países son: ¿De qué modo se solucionará este problema? ¿Con el viejo modo tradicional de desarrollo, especializando la economía en la producción de materias primas dependiendo así del mercado imperialista? Brevemente, con una economía unilateral, no pueden ser garantizadas las altas tasas de desarrollo de las fuerzas productivas. Este modelo no contiene en sí mismo un mecanismo efectivo necesario para la reproducción ampliada. El impulso para el desarrollo de este modelo proviene del extranjero, causado por el aumento de la demanda de materias primas en el mercado mundial. Por ello es esencial crear otro nuevo modelo que debe su impulso al desarrollo interno, a la extensión del mercado doméstico. En este sentido, la construcción del socialismo en los países subdesarrollados exige el reemplazo de la economía unilateral con una economía diversificada que debe pararse en dos pies – la agricultura y la industria. Sólo una economía con semejantes características puede asegurar un desarrollo rápido y complejo de las fuerzas productivas, consolidar la independencia económica y poner la riqueza de todo el país al servicio de la edificación del socialismo. La industrialización del país a través de auténticos métodos socialistas es un factor decisivo para solucionar este problema en el más breve período histórico posible. Una rasgo fundamental de esta industrialización debe ser el desarrollo de las industrias de extracción y transformación y también de la industria ligera y pesada, dando prioridad a la industria pesada.

Bajo el pretexto de la carencia de medios financieros, cuadros y experiencia, y de evitar los sacrificios innecesarios, con el pretexto de la división internacional del trabajo y la cooperación con los países “socialistas”, etc., los revisionistas modernos persiguen una política que tiene por objeto desviar a los países subdesarrollados de la industrialización, mantenerlos como un apéndice de materias primas o material agrario de la metrópoli. El objetivo es el mismo que tienen el viejo y el nuevo colonialismo: el pillaje y la explotación, el establecimiento de la esclavitud económica y política de los países subdesarrollados.

Las victorias históricas alcanzadas en la edificación del socialismo en los países que fueron una vez subdesarrollados han demostrado que para solucionar los numerosos problemas de la edificación socialista se debe adherir al principio revolucionario de la independencia. Tanto en la revolución como en la edificación socialista es decisivo el factor interno y el pueblo, en cada actividad, debe confiar en sus propias fuerzas.

Notas

[1] Enver Hoxha, Informe ante el VI Congreso.

[2] Es sabido, por ejemplo, que el pueblo ruso fue capaz de pasar del orden de la comunidad campesina directamente al feudalismo sin pasar por la formación socioeconómica esclavista.

[3] La teoría de mala fama de las “fuerzas productivas” de Kautsky excluyó completamente la posibilidad de la transición directa de los países subdesarrollados al socialismo.

[4] “Problems of peace and socialism” 1960, Nr. 7, p. 74-80 Sudarev Nauchnie doklladi vishei shkolli 1972, Nr. 11 p. 69-78. V. Solodovnikov Mezhdunarodnaja Zhiznj. 1973. Nr. 5 p. 59-60.

[5] Enver Hoxha, Informe ante el VI Congreso.

[6] “Problems of peace and socialism” 1963. Nr. 2, p. 39-48.

[7] En este caso se toman como ejemplos a India, Birmania y algunos otros países.

[8] Roger Garaudy. Pour un modèle français du socialisme. 1968, page 114.

[9] Entre los entusiastas partidarios de esta opinión se encuentran los revisionistas yugoslavos.

Publicado en Albania Today, 1973, 4
Traducido para Tiempos Rojos por Shpati