La importancia de la depuración en el Partido de la clase obrera

“…el partido se fortalece depurándose…” | Carta de Lassalle a Marx (1852)

Los revisionistas de todo tipo siempre han predicado la “reconciliación” y los “compromisos” con las lineas y grupos anti-Partido (por no hablar ya de la podrida teoría de la “inevitabilidad” del surgimiento de  la línea anti-Partido), con los enemigos del socialismo argumentando que podían ser “reeducados”, que iban a “cambiar” y se iban a “unir” a la causa del socialismo.

En contraste con ellos, los marxistas siempre han seguido al pie de la letra aquélla consigna de Lassalle; siempre han afirmado que -si se quiere vencer- no se puede librar una lucha frente a la burguesía nacional ni, mucho menos, frente al capital internacional, frente al imperialismo, si no se depuran las filas del Partido de los enemigos del socialismo. Eso en primer término.

En segundo término, los marxistas siempre han sostenido que a la hora de realizar la purga en el Partido no se puede tener en cuenta la cantidad, ni mucho menos la “fama” de los enemigos del socialismo; sencillamente se los debe purgar.

Para ilustrar estas dos afirmaciones ofrecemos a continuación un articulo escrito por Lenin en 1921 en el cual él señala el importante rol que ocupa la depuración en el Partido de la clase obrera, y de qué manera ésta debe ser realizada.

urlyPurgando el Partido

La purga del Partido se ha convertido evidentemente en un asunto muy serio e importante.

En algunos sitios el Partido está siendo purgando principalmente con la ayuda de la experiencia y sugerencias de los trabajadores ajenos al Partido; estas sugerencias de las masas proletarias ajenas al Partido y los representantes de ellas están siendo tenidas en cuenta con la debida consideración. Este asunto es el más valioso e importante. Si realmente logramos con éxito purgar de arriba abajo a nuestro Partido de esta manera, sin excepciones, será sin duda un enorme logro para la revolución.

Los logros de la revolución ahora no pueden ser los mismos que eran antes. Su naturaleza inevitablemente cambia en conformidad con la transición del frente de guerra al frente económico, con la transición a la Nueva Política Económica, las condiciones exigen sobre todo una mayor productividad del trabajo, una mayor disciplina en el trabajo. En tal periodo las mejoras domésticas son los logros principales de la revolución; no una mejora destacada, llamativa, inmediatamente perceptible en el trabajo, en su organización y resultados; una mejora desde el punto de vista de la lucha contra la influencia pequeñoburguesa y contra el elemento pequeñoburgués-anarquista, que corrompe tanto al proletariado como el Partido. Para conseguir tal mejora, el Partido debe ser purgado de los que han perdido el contacto con las masas (sin mencionar, por supuesto, a aquellos que desacreditan al Partido a los ojos de las masas). Naturalmente, no debemos someternos a todo lo que digan las masas porque también las masas, a veces —particularmente en momentos de excepcional fatiga y agotamiento resultantes de excesivas penalidades y sufrimientos—, ceden a sentimientos que no son en absoluto avanzados. Pero a la hora de valorar personas, en la actitud negativa hacia aquellos que se han “pegado” a nosotros por motivos egoístas, hacia aquellos que se han convertido en “comisarios engreídos” y “burócratas”, las sugerencias de las masas proletarias ajenas al Partido y, en muchos casos, de las masas de campesinos que no pertenecen al Partido son extremadamente valiosas. Las masas trabajadoras tienen una aguda intuición que les permite distinguir a los comunistas honestos y fieles de aquellos que despiertan la repugnancia del pueblo; a los que se ganan el pan con el sudor de su frente, no disfrutando de ningún privilegio y no teniendo ningún “tirón”.

Para purgar al Partido, es muy importante tomar en consideración las sugerencias de las masas trabajadoras ajenas al Partido. Haciendo esto se producirán grandes resultados. Esto hará del Partido una vanguardia de la clase mucho más fuerte de la que era antes; lo hará una vanguardia más fuertemente ligada con la clase, más capaz de salir victorioso en medio de una multitud de dificultades y peligros.

Me gustaría señalar como uno de los objetos específicos de la purga del Partido el examen de los ex-Mencheviques. En mi opinión, de los Mencheviques que se unieron al Partido después de los comienzos de 1918, no más de una centésima parte debería ser autorizada a permanecer; y aún así, cada uno de aquellos a los que se le permite permanecer debe ser probado reiteradamente. ¿Por qué? Debido a que, como tendencia, los Mencheviques han mostrado en 1918-1921 las dos cualidades que los caracterizan: en primer lugar, la capacidad de adaptarse con habilidad, de “unirse” a la tendencia prevaleciente entre los trabajadores; y en segundo lugar, la capacidad para aún más hábilmente servir de corazón y alma a los guardias blancos, para servirlos de hecho y disociarse de ellos de palabra. Estas dos cualidades son el resultado lógico de toda la historia del menchevismo. Es suficiente recordar la propuesta de Axelrod para un “congreso obrero”, [2] la actitud de los Mencheviques hacia los Cadetes [3] (y hacia la monarquía) en palabras y acciones, etc., etc. Los Mencheviques “se unen” al Partido Comunista Ruso no sólo e, incluso, no tanto porque son Maquiavélicos (aunque desde 1903 han demostrado que son más que maestros en el arte de la diplomacia burguesa), sino porque son muy “adaptables”. Cada oportunista se distingue por su adaptabilidad (mas no toda adaptabilidad es oportunismo); y los Mencheviques, como los oportunistas que son, se adaptan “en principio”, por así decirlo, a la tendencia predominante entre los trabajadores y asumen una coloración protectora, de la misma manera que el pelaje de una liebre se vuelve blanca en invierno. Esta característica de los Mencheviques debe ser tenida en cuenta y debe ser considerada. Y tener en cuenta significa purgar del Partido a aproximadamente noventa y nueve de cada cien Mencheviques que se unieron al Partido Comunista de Rusia después de 1918, es decir, cuando la victoria de los Bolcheviques primero se hizo probable y luego segura.

El Partido debe ser purgado de bribones, de los comunistas burocráticos, deshonestos o vacilantes, y de los Mencheviques que han repintado su “fachada”, pero que siguen siendo Mencheviques en el fondo.

Notas

[1] La purga se llevó a cabo en el segundo semestre de 1921 sobre la base de la Resolución del Décimo Congreso del PCR(b) “Sobre los problemas de desarrollo de los partidos”. Fue precedida por una larga y cuidadosa preparación.

Durante la purga casi 170.000 personas, es decir, casi el 25 por ciento de los miembros, fueron expulsadas ​​del partido. Esto mejoró la composición social del partido, fortaleció la disciplina, dio al Partido mayor prestigio entre las masas obreras y campesinas ajenas al Partido y liberó a la Partido de los elementos que lo desacreditaban. La unidad ideológica y organizativa de la Partido se realzó.

[2] La idea de convocar al Congreso Obrero, propuesta por PB Axelrod y apoyada por otros mencheviques, estaba dirigida a agrupar a los representantes de diversas organizaciones obreras juntas y fundar un ”amplio Partido Obrero” legítimo”,  que incluiría a socialdemócratas, social-revolucionarios y anarquistas. Realmente, habría significado la disolución del P.O.S.D.R. y su reemplazo por una organización independiente, que no sería un Partido.

[3] Cadetes — miembros del Partido Democrático Constitucional, fue la principal organización política de la burguesía liberal-monárquica en Rusia. Se fundó en octubre de 1905, su membrecía incluía a representantes de la burguesía, líderes de Zemstvo de entre los terratenientes, e intelectuales burgueses. A fin de engañar a los obreros los Cadetes falsamente se llamaron “Partido de la Libertad Popular”, pero en realidad nunca fueron más allá de demandar una monarquía constitucional. Consideraban que su tarea principal era luchar contra el movimiento revolucionario y aspiraron a compartir el poder con el zar y los terratenientes feudales. Durante la Primera Guerra Mundial apoyaron activamente la política exterior de conquista del gobierno zarista, y en el período de la revolución burguesa y democrática de febrero de 1917 trataron de salvar la monarquía. Después de la Gran Revolución del Socialista del Octubre se convirtieron en enemigos irreconciliables del gobierno soviético y participaron activamente en todas las acciones armadas contrarrevolucionarias y en las campañas de los intervencionistas. Cuando los intervencionistas y los guardias blancos fueron derrotados, los Cadetes huyeron al extranjero, donde siguieron su actividad antisoviética, contrarrevolucionaria.

La traducción es responsabilidad de Tiempos Rojos.