¿Marxismo o anarco- “comunismo”?

“Los anarquistas son verdaderos enemigos del marxismo y contra los verdaderos enemigos hay que sostener una lucha también verdadera.”

Eso es lo que sostenía Stalin al comienzo de su conocido folleto escrito contra el anarquismo. Es sabido que Marx, Engels, Lenin y Stalin han librado esa lucha contra el anarquismo en diferentes oportunidades. Pero existe una “popular” tendencia del anarquismo que ha escapado a la critica de éstos cuatro, que ha tenido fortuna.

Tal es la tendencia del Anarco-comunismo (o comunismo libertario). Brevemente, esta tendencia, apadrinada por Piotr Kropotkin, se opone al salario y al dinero, a la inferencia del Estado en los asuntos particulares y a la sacrosanta “autoridad”.

A continuación ponemos a disposición una parte del Capitulo VII del libro Anarquismo y Socialismo (1907), de Georgi Plejánov y un enlace desde el cual se puede leer/descargar el Capitulo entero.

Si bien el texto, al enfocar la cuestión desde un punto estrictamente filosófico, adolece de ciertos errores (algunos de los cuales serían señalados por Lenin en el Capitulo VI, de su Estado), demuestra claramente, primero, que la concepción metafísica del mundo tan característica de los anarquistas, no es ajena a los anarco-“comunistas”; segundo, que el “Ideal” anarco-“comunista” está basado enteramente en supuestos ilógicos; y, por último,  que en su intento de “negar” el Estado los anarco-“comunistas” no hacen más que predicar el más burgués libre mercado.

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Los pequeños alevines

Georgi Plejánov

Entre nuestros Anarquistas contemporáneos algunos, como John Mackay, autor de Die Anarchisten, Kulturgemälde aus dem Ende des xix. Jahrhunderts, declaran ser individualistas, mientras que otros -sin duda más numerosos- se llaman a sí mismos Comunistas. Estos son los descendientes de Bakunin en el movimiento Anarquista. Ellos han producido una considerable literatura en varios idiomas, y son ellos los que están haciendo mucho ruido con la ayuda de la “propaganda por el hecho”. El profeta de esta escuela es el refugiado ruso, P. A. Kropotkin.

No me detendré aquí a considerar las doctrinas del Anarquismo-Individualista contemporáneo, que hasta para sus hermanos, los anarco-comunistas, son consideradas como ”burguesas“. [1] Trataremos directamente al Anarco-“Comunismo”.

¿Cuál es la concepción de esta nueva especie de comunismo? “En cuanto al método que sigue el pensador anarquista, difiere por completo del que siguieron los utópicos“, nos asegura Kropotkin. “El pensador anarquista no recurre a concepciones metafísicas (como «derechos naturales», «deberes del Estado», y demás) para determinar lo que son a su juicio las condiciones óptimas para lograr la máxima felicidad de los seres humanos. Sigue, por el contrario, la vía trazada por la moderna filosofía de la evolución. Estudia la sociedad humana como es hoy y fue en el pasado; y, sin atribuir a la humanidad en su conjunto o a individuos aislados, cualidades superiores que no poseen considera la sociedad mero agregado de organismos que intentan hallar los  mejores medios de combinar las necesidades del individuo con la de cooperar en beneficio de la especie. La estudia así e intenta descubrir sus tendencias, antiguas y presentes, sus crecientes necesidades, intelectuales y económicas, con el solo objetivo de señalar qué dirección sigue el movimiento evolutivo.” [2]

Por lo tanto, los Anarco-Comunistas no tienen nada en común con los Utópicos. Ellos no recurren, en la elaboración de su “ideal”, a  concepciones metafísicas tales como “derechos naturales”, “deberes del Estado”, y demás. Pero, ¿es esto realmente así?

Por lo que se refiere a los “deberes del Estado”, Kropotkin tiene toda la razón; sería demasiado absurdo si los Anarquistas invitaran al Estado a desaparecer en nombre de sus propios “deberes”. Pero en cuanto a los “derechos naturales”, él está totalmente equivocado. Unas citas bastarán para demostrar esto.

Ya en el Bulletin de la Fédération Jurassienne (No. 3, 1877), encontramos la siguiente declaración muy significativa: “La soberanía del pueblo sólo puede existir a través de la autonomía más completa de individuos y grupos.” Esta “autonomía más completa” ¿no es también una “concepción metafísica”?

El Bulletin de la Fédération Jurassienne era un órgano del Anarquismo Colectivista. En el fondo, no hay diferencia entre el Anarquismo “Colectivista” y el “Comunista”. Y, sin embargo, puesto que podría parecer que estamos haciendo responsables a los Comunistas de los Colectivistas, vamos a echar un vistazo a las publicaciones “comunistas”, no sólo de acuerdo con el espíritu, sino también con lo escrito. En el otoño de 1892 unos cuantos “compañeros” se presentaron ante el Tribunal de Apelación de Versalles debido a un robo de dinamita en Soisy-sous-Étiolles. Entre ellos se encontraba G. Etievant, que elaboró ​​una declaración de los principios Anarco-Comunistas. El tribunal no le permitió que la leyera, después de lo cual el órgano oficial de los Anarquistas, La Révolte, se comprometió a publicar esta declaración, luego de haber tomado grandes precauciones para estar seguro de poseer una copia absolutamente correcta de la original. La Declaración de G. Etievant causó sensación en el mundo anarquista, e incluso los hombres “cultos” como Octave Mirbeau la citaron con respeto, junto con las obras de los “teóricos” Bakunin, Kropotkin, el “inigualable Proudhon” y el “¡aristocrático Spencer!”. Esta es la línea de razonamiento de Etievant:

Ninguna idea es innata en nosotros, cada idea nace de las infinitamente diversas y múltiples sensaciones que recibimos a través de nuestros órganos. Cada acto de la persona es el resultado de una o varias ideas. El hombre no es, por lo tanto, responsable. A fin de que la responsabilidad exista, la voluntad debería determinar las sensaciones, como éstas determinan la idea, y la idea, el acto. Pero como son, por el contrario, las sensaciones las que determinan la voluntad, todo juicio se hace imposible, cada premio, cada castigo es injusto, por grande que sea el bien o el mal que se haya hecho. “Por lo tanto no se puede juzgar a los hombres y los actos si no se tiene un criterio suficiente. Actualmente no existe tal criterio. Por lo menos no se encuentra en las leyes que se pueden hallar, ya que la justicia verdadera es inmutable y las leyes son cambiables. Y es con las leyes como con todo lo demás [!]. Porque si las leyes son benéficas ¿qué hay de bueno en que los diputados y senadores las cambien? Y si las leyes son perjudiciales ¿qué hay de bueno en que los diputados y senadores las apliquen?”

Habiendo “demostrado” así la “libertad”, Etiévant pasa a la “igualdad”.

Desde los zoofitos a los hombres, todos los seres están dotados de órganos más o menos perfectos destinados a su servicio. Todos estos seres tienen, por lo tanto, el derecho a hacer uso de sus órganos de acuerdo con la voluntad manifiesta de la madre Naturaleza. “Así, pues, debido a nuestras piernas tenemos el derecho de estar en cualquier espacio que éstas puedan atravesar; debido a nuestros pulmones a todo el aire que podamos respirar; debido a nuestro estómago a toda la comida que podamos digerir; debido a nuestro cerebro a pensar o asimilar todo lo que podamos de los pensamientos de otros; debido a nuestra facultad de la elocución a todo lo que podamos decir; debido a nuestros oídos a todo lo que podamos oír; y tenemos un derecho a todo esto porque tenemos un derecho a la vida, y porque todo esto constituye la vida. ¡Éstos son los derechos verdaderos del hombre! No existe ninguna necesidad de decretarlos, pues existen como existe el sol. No están escritos en ninguna constitución, en ninguna ley, mas están inscriptos con letras indelebles en el gran libro de la Naturaleza y son imprescriptibles. Desde el ácaro del queso al elefante, desde la brizna de hierba al roble, desde el átomo a la estrella, todo lo proclama.”

Si estas no son “concepciones metafísicas”, y de la peor clase, esta es una caricatura miserable del materialismo metafísico del siglo XVIII. Si esta es la “filosofía de la evolución”, entonces tenemos que confesar que no tiene nada en común con el movimiento científico de nuestros días.

Oigamos otra autoridad, y citemos el ya famoso libro de Jean Grave, La sociedad moribunda y la anarquía, que fue condenado recientemente por jueces franceses, que lo creían peligroso, aunque en realidad es sumamente ridículo.

Anarquía quiere decir negación de la autoridad. Y como la autoridad pretende legitimar su existencia con la necesidad de defender las instituciones sociales (Familia, Religión, Propiedad, etc.), ha creado una multitud de ruedas para asegurar su ejercicio y su sanción. Son las principales: la ley, la magistratura, el ejército, los poderes legislativo y ejecutivo, etc. Así es, que la idea de anarquía, obligada a contestar a todos, ha tenido que atacar a todas las preocupaciones sociales, penetrarse bien de todos los conocimientos humanos, para demostrar que sus conceptos están conformes con la naturaleza fisiológica y psicológica del hombre y son adecuados a la observación de las leyes naturales, mientras la organización actual se ha establecido contra la lógica y el buen sentido… De modo, que, al combatir contra la autoridad, los anarquistas han tenido que atacar todas las instituciones, en cuya defensa se ha erigido el Poder, y cuya necesidad quiere éste demostrar para legitimar su propia existencia.” [3]

Pueden ver cuál fue el  “desarrollo” de la “Idea Anarquista”. Esta Idea “niega” la autoridad. A fin de defenderse, la autoridad apeló a la familia, a la religión, a la propiedad. Entonces la “Idea” se encontró obligada a atacar a las instituciones, que no había notado, por lo visto, antes, y al mismo tiempo la “Idea”, a fin de sacar el mayor partido posible de sus “concepciones”, penetró hasta lo más profundo de todo el conocimiento humano (¡es un mal viento que no trae volando ningún bien!). Todo esto es sólo el resultado de la casualidad, del inesperado giro que dio la “autoridad”, de la disputa que surgió entre ella y la “Idea”.

Parece que, por muy rica que pueda ser ahora en conocimiento humano, la “Idea Anarquista” no es en absoluto comunista; guarda su conocimiento para sí y abandona a los pobres “compañeros” en la completa ignorancia. Está muy bien que Kropotkin cante loas del “pensador Anarquista”; mas él nunca será capaz de demostrar que su amigo Grave ha sido capaz de elevarse un poco por encima de la endeble metafísica.

Kropotkin debería leer de nuevo los folletos Anarquistas de Elisée Reclus -un gran “teórico” de esta corriente- y luego, muy seriamente, decirnos si encuentra algo más en ellos que no sean peticiones a la “justicia”, “libertad” y demás “concepciones metafísicas”.

Por último, el propio Kropotkin no se encuentra tan emancipado de la metafísica como él se imagina. ¡Está en verdad lejos de ello! Esto es, por ejemplo, lo que dijo en la asamblea general de la Federación del Jura, el 12 de octubre de 1879, en Chaux-de-Fonds:

“Hubo un tiempo en que se negaba a los anarquistas el derecho a la existencia. El Consejo General de la Internacional nos trataba de facciosos; la Prensa, de soñadores; casi todo el mundo, de extravagantes. Pero ese tiempo ha pasado, por fortuna. El partido anarquista ha probado su vitalidad, atravesando obstáculos de todas clases, que se oponían a su desenvolvimiento, y hoy es aceptado.” [¿Por quién?] “Para ello ha sido necesario, ante todo, patentizar que el anarquismo sostiene una lucha en el terreno de la teoría, establecer el ideal de la sociedad futura, demostrar que este ideal es el mejor y que no es el producto de ensueños de gabinete, sino que deriva directamente de las aspiraciones populares y que concuerda con el progreso histórico de la cultura. Este trabajo se ha hecho,” etc….

¿Esta  búsqueda del mejor ideal de la sociedad del futuro, no es acaso el método Utópico por excelencia? Es cierto que Kropotkin intenta demostrar que “este ideal no es el producto de ensueños de gabinete, sino que deriva directamente de las aspiraciones populares y que concuerda con el progreso histórico de la cultura” ¿Pero qué Utópico no ha tratado de demostrar exactamente esto? Todo depende del valor de las pruebas, y aquí nuestro amable compatriota es infinitamente más débil que los grandes Utópicos a los que trata como metafísicos, mientras que él mismo no tiene la menor idea de los métodos actuales de la ciencia social moderna.

Se puede leer y descargar el texto completo desde el siguiente enlace: http://bit.ly/1eMMTJl

La traducción es responsabilidad de Tiempos Rojos.