Nuevamente sobre las contradicciones y el socialismo

“La dialéctica es la doctrina de cómo los contrarios pueden ser y cómo suelen ser (cómo devienen) idénticos, – en qué condiciones suelen ser idénticos, convirtiéndose el uno en el otro, – porque el entendimiento humano no debe considerar estos contrarios como muertos, petrificados, sino como vivos, condicionales, móviles y que se convierten el uno en el otro.” | Lenin, Cuadernos filosóficos (1915)

Sobre las contradicciones en la sociedad socialista

Alfred Uçi

(1977)

Como siempre, en su 7mo Congreso el PTA dedicó gran atención a la argumentación teórica de su línea y actividad práctica, de su programa, estrategia y táctica de luchas. El informe del camarada Enver Hoxha a este congreso es excepcional por su profundo análisis dialéctico, en un espíritu de clase, de todos los problemas fundamentales de la construcción socialista y la situación internacional.

A fin de orientarse correctamente en los procesos complicados y las situaciones de la vida social en la cual innumerable cantidad de diferentes factores se relacionan, a fin de entender correctamente tanto la situación actual como las perspectivas futuras, a fin de evaluar correctamente la proporción de fuerzas y su naturaleza, el Partido confía en un arma irremplazable, la dialéctica materialista del marxismo, y sobre todo en la teoría de las contradicciones, que Lenin ha llamado la esencia del método dialéctico. La teoría dialéctica de contradicciones es penetrada por un espíritu profundamente revolucionario, porque argumenta la necesidad objetiva del derrocamiento del pedido burgués a través de la revolución proletaria y el triunfo inevitable del comunismo. La teoría dialéctica de las  contradicciones está impregnada de un profundo espíritu revolucionario, porque argumenta la necesidad objetiva del derrocamiento del orden burgués a través de la revolución proletaria y el triunfo inevitable del comunismo. A causa de esto, en su lucha contra el marxismo-leninismo, los ideólogos burgueses y los oportunistas de toda clase nunca se olvidan de apuntar sus flechas a la teoría dialéctica de las contradicciones. “La dialéctica”, escribió Marx en su tiempo, “a los ojos de la burguesía y de sus profesores, no es más que escándalo y horror, porque, al lado de la comprensión positiva de lo que existe, ella engloba, a la vez, la comprensión de la negación y de la ruina necesaria del estado de cosas existente. La dialéctica concibe cada forma en el flujo del movimiento, es decir, en su aspecto transitorio. Ella no se inclina ante nada y es, por esencia, crítica y revolucionaria“.

La historia de la internacional comunista y del movimiento obrero muestra que el problema de las contradicciones, de su naturaleza y su papel en el proceso del desarrollo de la vida social, siempre ha sido el centro histórico de las diferencias de principio entre el marxismo-leninismo y los adversarios ideológicos de la clase obrera. A fin de justificar su desviación del marxismo, Bernstein y los otros jefes del oportunista de la Segunda International lanzaron el célebre lema, “¡Volvamos a Kant!” que era una llamada para renunciar y abandonar la dialéctica materialista de contradicciones y saltos cualitativos, y sustituirla por el evolucionismo vulgar. Su revisión de la teoría dialéctica de las contradicciones preparó el terreno para qué los partidos socialdemócratas de la Segunda Internacional se transformasen por completo, de partidos de la revolución social, a partidos de conciliación de clases, reformistas. Resumiendo la nueva experiencia histórica de la época del imperialismo, Lenin reveló las contradicciones fundamentales de esta época y la ley objetiva de su inevitable agudización y aportó pruebas de las nuevas perspectivas del movimiento revolucionario de la clase obrera, que fueron coronados con el triunfo de la Revolución de Octubre.

El problema de las contradicciones ocupó también un lugar muy importante en las grandes polémicas del movimiento comunista con el trotskismo y el bujarinismo. Por una lado, J.V. Stalin criticó las opiniones enmascaradas con fraseología “de izquierda” de los trotskistas que admitían sólo las contradicciones antagónicas en la sociedad socialista, que consideraban que las contradicciones antagónicas internas eran completamente irresolubles en las condiciones del cerco capitalista, y que de ello deducían que la degeneración burguesa del partido socialista y la restauración de capitalismo formaban parte de un proceso inevitable. Por otro lado, Stalin emprendió una lucha irreconciliable, también, contra las opiniones derechistas de los bujarinistas, que admitían sólo las contradicciones no-antagonistas, que, con su célebre teoría “del equilibrio”, negaban la lucha de clases y apoyaban la idea de la “integración” espontánea de los elementos capitalistas en el socialismo. Sólo mediante la ruptura de las opiniones metafísicas de derecha y “de izquierda” sobre las contradicciones en el socialismo, el Partido Bolchevique liderado por Stalin fue capaz de defender y poner en práctica el programa Leninista de la construcción socialista en las condiciones del cerco capitalista.

Tras la muerte de Stalin, la Unión Soviética se desvió de la senda socialista gracias a la traición de los revisionistas jruschovistas, que revivieron las viejas teorías anti-dialécticas y las pusieron al servicio de su política contrarrevolucionaria. Los revisionistas modernos mostraron un especial celo en negar tanto la base objetiva de clase como las leyes de la agudización de las contradicciones antagónicas entre el socialismo y el capitalismo, entre el proletariado y la burguesía, entre la revolución y la contrarrevolución, entre los pueblos oprimidos y el imperialismo y de otras contradicciones de nuestro tiempo. Una posición oportunista frente a las contradicciones fue la que asistió a los revisionistas modernos a la hora de preparar y llevar a cabo la inversión contrarrevolucionaria del curso que venían  desarrollando la Unión Soviética y el resto de los antiguos países socialistas, hacia la restauración del capitalismo.

La experiencia internacional de los partidos comunistas y obreros llevó al PTA a dar una gran importancia a la defensa de la teoría marxista-leninista de las contradicciones frente a las distorsiones de los revisionistas modernos, y a que la implemente en el análisis de cualquier problema, por pequeño que sea, presente en el desarrollo de la sociedad socialista. Nuestro Partido considera a las contradicciones objetivas como la fuente y la fuerza motriz del desarrollo del mundo en general, y de la vida social, en particular. La sociedad socialista, también, se mueve y se desarrolla a través de diferentes contradicciones.

Con el fin de comprender los problemas fundamentales del desarrollo de la sociedad en el período de la transición del capitalismo al comunismo correctamente, es de gran importancia no sólo admitir las contradicciones en general, sino también distinguir los diferentes tipos de contradicciones, sus rasgos específicos. El camarada Enver Hoxha ha subrayado que la clave para realizar un análisis profundo de la evolución en este período es el reconocimiento de dos tipos de contradicciones: las antagónicas y las no-antagónicas, que desempeñan un papel decisivo en todo el proceso de la construcción de la nueva sociedad socialista. Esta tesis está en completa oposición a las opiniones de los revisionistas modernos, que afirman que el movimiento de la sociedad socialista se produce sólo a través de contradicciones no-antagónicas.

En el período de transición del capitalismo al comunismo, junto con las contradicciones no-antagónicas, también hay muchas contradicciones antagónicas, que describimos también como contradicciones entre nosotros y el enemigo. Las contradicciones antagónicas son contradicciones entre las fuerzas de las clases sociales con intereses económicos y políticos fundamentales diametralmente opuestos, que surgen de las relaciones de dominación de una fuerza sobre la otra. En el período de transición, existen contradicciones antagónicas de este tipo no sólo como contradicciones externas (entre cualquier país que está construyendo el socialismo y el frente externo de las fuerzas contrarrevolucionarias – el imperialismo, el socialimperialismo, la reacción mundial), sino también contradicciones internas (entre la clase obrera a la cabeza y las clases explotadoras y todos los enemigos del socialismo).

Existen contradicciones antagónicas, incluso después de que las clases explotadoras han sido liquidadas y después de que la base económica del socialismo se ha construido.

El socialismo se construye cuando los antagonismos entre las clases sociales no han sido eliminados de la sociedad. Esto está relacionado con la existencia de restos de las clases explotadoras, de enemigos surgen desde las filas de la clase obrera, de la influencia de la ideología burguesa y revisionista y con otros factores. Estos son factores con un largo alcance y periodo de actividad, que deben ser tenidos en cuenta durante la totalidad del período de transición y no deben, de ninguna manera, ser subestimados, tanto más cuanto que actúan en coordinación con las fuerzas enemigas externas.

La posición marxista-leninista se diferencia de la posición revisionista, no sólo en que admite dos tipos de contradicciones, sino también en la evaluación del papel de las contradicciones antagónicas en el período de la transición del capitalismo al comunismo. hammersickleEl contenido principal de la lucha de clases en este período se relaciona con la lucha entre los dos caminos, el camino capitalista y el camino socialista de desarrollo. De ahí que, además de las contradicciones no-antagónicas, las contradicciones antagónicas se presentan como contradicciones fundamentales, primarias, en el período de transición, y no como contradicciones temporales y esporádicas. Esta evaluación del papel de las contradicciones antagónicas de este período está en concordancia con las enseñanzas de V.I. Lenin, quien en su trabajo “La economía y la política de la dictadura del proletariado”, escribe: “Teóricamente, no cabe duda de que entre el capitalismo y el comunismo existe cierto período de transición. Este período no puede dejar de reunir los rasgos o las propiedades de ambas formaciones de la economía social, no puede dejar de ser un período de lucha entre el capitalismo agonizante y el comunismo naciente; o en otras palabras: entre el capitalismo vencido, pero no aniquilado, y el comunismo ya nacido, pero muy débil aún.”

La experiencia histórica ha confirmado totalmente estas enseñanzas de Lenin. Ella demuestra que si las contradicciones antagónicas son desatendidas y su papel es subestimado, la vigilancia revolucionaria de las masas trabajadoras se relaja y el capitalismo puede ser restaurado, incluso hasta después de que hayan sido liquidadas las clases explotadoras, como ocurrió en la Unión Soviética y en los otros países revisionistas. La revelación hecha por nuestro Partido y el pueblo de la actividad conspirativa y de sabotaje en los últimos años muestra claramente qué proporciones peligrosas puede alcanzar esta actividad y qué importante es la solución de las contradicciones antagónicas internas, que se combinan con las contradicciones externas, para el destino de la dictadura del proletariado y el socialismo.

El camarada Enver Hoxha ha indicado que admitir la existencia de contradicciones antagónicas en el período de transición del capitalismo al comunismo no es suficiente, sino que también hay que manejar estas contradicciones correctamente, hay que resolverlas de aquellos modos y por aquellos métodos que corresponden a su naturaleza. Las contradicciones antagónicas son contradicciones entre, por un lado, las fuerzas sociales que quieren la restauración del sistema de opresión y de explotación del hombre por hombre y, por otro lado, fuerzas sociales que se esfuerzan por eliminar cualquier fuente de degeneración revisionista-burguesa, por construir la sociedad comunista sin clases, es decir, sin contradicciones entre fuerzas sociales que se excluyen mutuamente. La lucha entre ellas es una lucha de  vida o muerte, puesto que directamente afecta a sus intereses más vitales. Por lo tanto, las contradicciones antagónicas sólo pueden ser resueltas a través de una severa lucha de clases entre estas fuerzas. Dentro del orden socialista, la clase obrera, conducida por su partido marxista-leninista y en alianza con el campesinado trabajador, está en condiciones de resolver las contradicciones antagónicas internas. La posibilidad de la construcción completa del socialismo en las condiciones de cerco capitalista depende, en primer lugar, de esto. “Mientras la lucha de clases continúe,” dice el camarada Enver Hoxha, “y ésta no está siendo incitada artificialmente, sino que existe objetivamente como una lucha entre dos caminos de desarrollo, el socialista y el capitalista, no hay lugar para un espíritu de relajación, autosatisfacción y liberalismo, porque hemos suprimido según se afirma todos los males y nos hemos escapado de cualquier peligro. Por el contrario, el borde de la lucha de clases siempre debe mantenerse afilado, porque es nuestra arma más poderosa que nos defiende de los enemigos, que nos limpia de los males, que nos moldea como revolucionarios proletarios. Debemos emprender esta lucha, consecuentemente, siempre dejando claro el carácter antagónico o no-antagónico de las contradicciones y basándonos firmemente en las masas.“ El fortalecimiento del orden socialista en el proceso de esta lucha es una condición previa para ésta y, a la vez, su objetivo. En esta lucha por resolver las contradicciones antagónicas de la dictadura del proletariado se utiliza el método de la violencia, de la coacción, de la compulsión hacia los enemigos que tratan de privar a la clase obrera de su poder estatal a través de la contrarrevolución.

Los oportunistas de diverso tipo distorsionan la naturaleza de las contradicciones antagónicas, oscurecen sus características, con el fin de negar la necesidad absoluta de la utilización de la violencia contra los enemigos. Ellos predican que la dictadura del proletariado debe ser generosa con los enemigos del socialismo, lograr algún tipo de “coexistencia pacífica” con ellos, e incluso llevar a cabo algún tipo de “diálogo constructivo” con ellos. Este es un tratamiento liberal, oportunista de las contradicciones antagónicas, que niega la esencia de clase y la propia necesidad de la existencia de la dictadura del proletariado, que, aun siendo la más amplia y verdadera democracia para las masas trabajadoras, no puede dejar de ejercer la violencia revolucionaria contra los enemigos del socialismo. Siempre dejando claro el carácter de las contradicciones antagónicas, combatiendo el manejo oportunista-liberal de ellas, nuestro Partido nunca las ha confundido con las contradicciones no-antagónicas. Confundirlas significa invitar al lobo al redil, calentar la serpiente en el pecho, cesar la lucha contra el enemigo.

En el período de transición del capitalismo al comunismo también juegan un papel importante las contradicciones no-antagónicas, que describimos como contradicciones en las filas del pueblo. Son contradicciones entre fuerzas sociales que objetivamente tienen en común gran cantidad de intereses fundamentales, pero que, al mismo tiempo, también tienen intereses diferentes sobre temas de importancia secundaria. Tales son, por ejemplo, las contradicciones entre la clase obrera y la clase campesina trabajadora, entre los aspectos particulares de las relaciones de producción y las fuerzas productivas, entre las viejas formas de organización y gestión del trabajo y de la producción social y las nuevas exigencias del desarrollo de la fuerzas productivas, entre el nuevo nivel ideológico-político, cultural y técnico-profesional de los trabajadores y el nivel de producción, entre las formas administrativas y los métodos de gestión de la economía y la participación de las masas en esta gestión, etc.

En el proceso de la lucha por la solución de las contradicciones no-antagónicas, el método que corresponde a su naturaleza específica es el de la persuasión, de la educación, crítica y autocrítica. Estas contradicciones se resuelven ampliando continuamente la base de intereses comunes y estrechando gradualmente las diferencias que existen entre las fuerzas sociales portadoras de este tipo de contradicciones. El PTA ha acumulado una rica experiencia en la resolución de las contradicciones no-antagónicas en nuestra sociedad, que se manifiesta, entre otras cosas, en el refuerzo de la unidad del pueblo en torno al Partido, en el refuerzo de la alianza de la clase obrera con la clase campesina cooperativista, que constituye el más alto principio de la dictadura del proletariado.

La unidad de las masas trabajadoras, dirigidas por la clase obrera y el Partido no es un factor dado de una vez para siempre, sino que se atenúa y refuerza a través de la lucha por resolver las contradicciones antagónicas y no-antagónicas. El 7mo Congreso del Partido señaló que el refuerzo de esta unidad es una de las tareas principales del Partido, para cuya realización se “requiere que mantengamos nuestra vigilancia revolucionaria a un alto nivel, emprendamos la lucha de clases de una manera correcta e ininterrumpida, llevemos a cabo las directivas del Partido al pie de la letra, encontremos las soluciones oportunas para las diferentes contradicciones que surgen entre las filas del pueblo”. Si no se muestra una preocupación apropiada por resolver las contradicciones no-antagónicas y las condiciones adecuadas no están listas para esto, y si se permite que se hagan más agudas y no las se resuelve a tiempo y por los medios apropiados, entonces, se transformarán de una fuerza que conduce hacia adelante el desarrollo de nuestra sociedad, en una fuerza que lo estanca y dificulta seriamente, creando todas clases de dificultades de políticas, económicas, administrativas, etc.

En el período de transición del capitalismo al comunismo, las contradicciones no-antagónicas surgen, cambian, maduran y se resuelven dentro de ese marco social en el cual también existen las contradicciones antagónicas, tanto internas como externas, que ejercen una influencia muy potente en las primeras. Mediante la difusión de su ideología entre las masas trabajadoras, las fuerzas contrarrevolucionarias intentan atraerlas a las actividades anti- socialistas y colocarlas en relaciones antagónicas con el socialismo, con la dictadura del proletariado. Por ello, el 7mo Congreso del Partido condenó las actitudes liberales hacia las influencias extranjeras en la conciencia de nuestro pueblo, las actitudes que subestiman el daño que hacen y el peligro que suponen para la dictadura del proletariado. La lucha contra la influencia de las ideologías extrañas en las filas del pueblo es un aspecto de la lucha de clases en el que el método de la persuasión, de la crítica y la autocrítica es el método más utilizado, con el objetivo de combatir la enfermedad y de salvar al paciente, de manera que nadie del pueblo trabajador pase a ser una reserva del enemigo y se acerque a sus posiciones. El camarada Enver Hoxha ha subrayado que el método de persuasión debería ser usado para ayudar a cualquier trabajador que esté equivocado por no entender las cosas, pero si, hasta después de un paciente y persistente trabajo educativo, bajo la influencia de una ideología extraña al socialismo, realiza actos hostiles al socialismo, entonces la dictadura del proletariado lo abatirá.

Distinguiendo claramente las contradicciones antagónicas de las no-antagónicas, el PTA ha librado correctamente la lucha de clases, ha asegurado la incesante marcha de la revolución proletaria en Albania, y está dirigiendo al pueblo en la lucha por la completa construcción del socialismo.

Publicado en Albania Today, 1977, 3.
La traducción es responsabilidad de Tiempos Rojos.
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¿Marxismo o anarco- “comunismo”?

“Los anarquistas son verdaderos enemigos del marxismo y contra los verdaderos enemigos hay que sostener una lucha también verdadera.”

Eso es lo que sostenía Stalin al comienzo de su conocido folleto escrito contra el anarquismo. Es sabido que Marx, Engels, Lenin y Stalin han librado esa lucha contra el anarquismo en diferentes oportunidades. Pero existe una “popular” tendencia del anarquismo que ha escapado a la critica de éstos cuatro, que ha tenido fortuna.

Tal es la tendencia del Anarco-comunismo (o comunismo libertario). Brevemente, esta tendencia, apadrinada por Piotr Kropotkin, se opone al salario y al dinero, a la inferencia del Estado en los asuntos particulares y a la sacrosanta “autoridad”.

A continuación ponemos a disposición una parte del Capitulo VII del libro Anarquismo y Socialismo (1907), de Georgi Plejánov y un enlace desde el cual se puede leer/descargar el Capitulo entero.

Si bien el texto, al enfocar la cuestión desde un punto estrictamente filosófico, adolece de ciertos errores (algunos de los cuales serían señalados por Lenin en el Capitulo VI, de su Estado), demuestra claramente, primero, que la concepción metafísica del mundo tan característica de los anarquistas, no es ajena a los anarco-“comunistas”; segundo, que el “Ideal” anarco-“comunista” está basado enteramente en supuestos ilógicos; y, por último,  que en su intento de “negar” el Estado los anarco-“comunistas” no hacen más que predicar el más burgués libre mercado.

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Los pequeños alevines

Georgi Plejánov

Entre nuestros Anarquistas contemporáneos algunos, como John Mackay, autor de Die Anarchisten, Kulturgemälde aus dem Ende des xix. Jahrhunderts, declaran ser individualistas, mientras que otros -sin duda más numerosos- se llaman a sí mismos Comunistas. Estos son los descendientes de Bakunin en el movimiento Anarquista. Ellos han producido una considerable literatura en varios idiomas, y son ellos los que están haciendo mucho ruido con la ayuda de la “propaganda por el hecho”. El profeta de esta escuela es el refugiado ruso, P. A. Kropotkin.

No me detendré aquí a considerar las doctrinas del Anarquismo-Individualista contemporáneo, que hasta para sus hermanos, los anarco-comunistas, son consideradas como ”burguesas“. [1] Trataremos directamente al Anarco-“Comunismo”.

¿Cuál es la concepción de esta nueva especie de comunismo? “En cuanto al método que sigue el pensador anarquista, difiere por completo del que siguieron los utópicos“, nos asegura Kropotkin. “El pensador anarquista no recurre a concepciones metafísicas (como «derechos naturales», «deberes del Estado», y demás) para determinar lo que son a su juicio las condiciones óptimas para lograr la máxima felicidad de los seres humanos. Sigue, por el contrario, la vía trazada por la moderna filosofía de la evolución. Estudia la sociedad humana como es hoy y fue en el pasado; y, sin atribuir a la humanidad en su conjunto o a individuos aislados, cualidades superiores que no poseen considera la sociedad mero agregado de organismos que intentan hallar los  mejores medios de combinar las necesidades del individuo con la de cooperar en beneficio de la especie. La estudia así e intenta descubrir sus tendencias, antiguas y presentes, sus crecientes necesidades, intelectuales y económicas, con el solo objetivo de señalar qué dirección sigue el movimiento evolutivo.” [2]

Por lo tanto, los Anarco-Comunistas no tienen nada en común con los Utópicos. Ellos no recurren, en la elaboración de su “ideal”, a  concepciones metafísicas tales como “derechos naturales”, “deberes del Estado”, y demás. Pero, ¿es esto realmente así?

Por lo que se refiere a los “deberes del Estado”, Kropotkin tiene toda la razón; sería demasiado absurdo si los Anarquistas invitaran al Estado a desaparecer en nombre de sus propios “deberes”. Pero en cuanto a los “derechos naturales”, él está totalmente equivocado. Unas citas bastarán para demostrar esto.

Ya en el Bulletin de la Fédération Jurassienne (No. 3, 1877), encontramos la siguiente declaración muy significativa: “La soberanía del pueblo sólo puede existir a través de la autonomía más completa de individuos y grupos.” Esta “autonomía más completa” ¿no es también una “concepción metafísica”?

El Bulletin de la Fédération Jurassienne era un órgano del Anarquismo Colectivista. En el fondo, no hay diferencia entre el Anarquismo “Colectivista” y el “Comunista”. Y, sin embargo, puesto que podría parecer que estamos haciendo responsables a los Comunistas de los Colectivistas, vamos a echar un vistazo a las publicaciones “comunistas”, no sólo de acuerdo con el espíritu, sino también con lo escrito. En el otoño de 1892 unos cuantos “compañeros” se presentaron ante el Tribunal de Apelación de Versalles debido a un robo de dinamita en Soisy-sous-Étiolles. Entre ellos se encontraba G. Etievant, que elaboró ​​una declaración de los principios Anarco-Comunistas. El tribunal no le permitió que la leyera, después de lo cual el órgano oficial de los Anarquistas, La Révolte, se comprometió a publicar esta declaración, luego de haber tomado grandes precauciones para estar seguro de poseer una copia absolutamente correcta de la original. La Declaración de G. Etievant causó sensación en el mundo anarquista, e incluso los hombres “cultos” como Octave Mirbeau la citaron con respeto, junto con las obras de los “teóricos” Bakunin, Kropotkin, el “inigualable Proudhon” y el “¡aristocrático Spencer!”. Esta es la línea de razonamiento de Etievant:

Ninguna idea es innata en nosotros, cada idea nace de las infinitamente diversas y múltiples sensaciones que recibimos a través de nuestros órganos. Cada acto de la persona es el resultado de una o varias ideas. El hombre no es, por lo tanto, responsable. A fin de que la responsabilidad exista, la voluntad debería determinar las sensaciones, como éstas determinan la idea, y la idea, el acto. Pero como son, por el contrario, las sensaciones las que determinan la voluntad, todo juicio se hace imposible, cada premio, cada castigo es injusto, por grande que sea el bien o el mal que se haya hecho. “Por lo tanto no se puede juzgar a los hombres y los actos si no se tiene un criterio suficiente. Actualmente no existe tal criterio. Por lo menos no se encuentra en las leyes que se pueden hallar, ya que la justicia verdadera es inmutable y las leyes son cambiables. Y es con las leyes como con todo lo demás [!]. Porque si las leyes son benéficas ¿qué hay de bueno en que los diputados y senadores las cambien? Y si las leyes son perjudiciales ¿qué hay de bueno en que los diputados y senadores las apliquen?”

Habiendo “demostrado” así la “libertad”, Etiévant pasa a la “igualdad”.

Desde los zoofitos a los hombres, todos los seres están dotados de órganos más o menos perfectos destinados a su servicio. Todos estos seres tienen, por lo tanto, el derecho a hacer uso de sus órganos de acuerdo con la voluntad manifiesta de la madre Naturaleza. “Así, pues, debido a nuestras piernas tenemos el derecho de estar en cualquier espacio que éstas puedan atravesar; debido a nuestros pulmones a todo el aire que podamos respirar; debido a nuestro estómago a toda la comida que podamos digerir; debido a nuestro cerebro a pensar o asimilar todo lo que podamos de los pensamientos de otros; debido a nuestra facultad de la elocución a todo lo que podamos decir; debido a nuestros oídos a todo lo que podamos oír; y tenemos un derecho a todo esto porque tenemos un derecho a la vida, y porque todo esto constituye la vida. ¡Éstos son los derechos verdaderos del hombre! No existe ninguna necesidad de decretarlos, pues existen como existe el sol. No están escritos en ninguna constitución, en ninguna ley, mas están inscriptos con letras indelebles en el gran libro de la Naturaleza y son imprescriptibles. Desde el ácaro del queso al elefante, desde la brizna de hierba al roble, desde el átomo a la estrella, todo lo proclama.”

Si estas no son “concepciones metafísicas”, y de la peor clase, esta es una caricatura miserable del materialismo metafísico del siglo XVIII. Si esta es la “filosofía de la evolución”, entonces tenemos que confesar que no tiene nada en común con el movimiento científico de nuestros días.

Oigamos otra autoridad, y citemos el ya famoso libro de Jean Grave, La sociedad moribunda y la anarquía, que fue condenado recientemente por jueces franceses, que lo creían peligroso, aunque en realidad es sumamente ridículo.

Anarquía quiere decir negación de la autoridad. Y como la autoridad pretende legitimar su existencia con la necesidad de defender las instituciones sociales (Familia, Religión, Propiedad, etc.), ha creado una multitud de ruedas para asegurar su ejercicio y su sanción. Son las principales: la ley, la magistratura, el ejército, los poderes legislativo y ejecutivo, etc. Así es, que la idea de anarquía, obligada a contestar a todos, ha tenido que atacar a todas las preocupaciones sociales, penetrarse bien de todos los conocimientos humanos, para demostrar que sus conceptos están conformes con la naturaleza fisiológica y psicológica del hombre y son adecuados a la observación de las leyes naturales, mientras la organización actual se ha establecido contra la lógica y el buen sentido… De modo, que, al combatir contra la autoridad, los anarquistas han tenido que atacar todas las instituciones, en cuya defensa se ha erigido el Poder, y cuya necesidad quiere éste demostrar para legitimar su propia existencia.” [3]

Pueden ver cuál fue el  “desarrollo” de la “Idea Anarquista”. Esta Idea “niega” la autoridad. A fin de defenderse, la autoridad apeló a la familia, a la religión, a la propiedad. Entonces la “Idea” se encontró obligada a atacar a las instituciones, que no había notado, por lo visto, antes, y al mismo tiempo la “Idea”, a fin de sacar el mayor partido posible de sus “concepciones”, penetró hasta lo más profundo de todo el conocimiento humano (¡es un mal viento que no trae volando ningún bien!). Todo esto es sólo el resultado de la casualidad, del inesperado giro que dio la “autoridad”, de la disputa que surgió entre ella y la “Idea”.

Parece que, por muy rica que pueda ser ahora en conocimiento humano, la “Idea Anarquista” no es en absoluto comunista; guarda su conocimiento para sí y abandona a los pobres “compañeros” en la completa ignorancia. Está muy bien que Kropotkin cante loas del “pensador Anarquista”; mas él nunca será capaz de demostrar que su amigo Grave ha sido capaz de elevarse un poco por encima de la endeble metafísica.

Kropotkin debería leer de nuevo los folletos Anarquistas de Elisée Reclus -un gran “teórico” de esta corriente- y luego, muy seriamente, decirnos si encuentra algo más en ellos que no sean peticiones a la “justicia”, “libertad” y demás “concepciones metafísicas”.

Por último, el propio Kropotkin no se encuentra tan emancipado de la metafísica como él se imagina. ¡Está en verdad lejos de ello! Esto es, por ejemplo, lo que dijo en la asamblea general de la Federación del Jura, el 12 de octubre de 1879, en Chaux-de-Fonds:

“Hubo un tiempo en que se negaba a los anarquistas el derecho a la existencia. El Consejo General de la Internacional nos trataba de facciosos; la Prensa, de soñadores; casi todo el mundo, de extravagantes. Pero ese tiempo ha pasado, por fortuna. El partido anarquista ha probado su vitalidad, atravesando obstáculos de todas clases, que se oponían a su desenvolvimiento, y hoy es aceptado.” [¿Por quién?] “Para ello ha sido necesario, ante todo, patentizar que el anarquismo sostiene una lucha en el terreno de la teoría, establecer el ideal de la sociedad futura, demostrar que este ideal es el mejor y que no es el producto de ensueños de gabinete, sino que deriva directamente de las aspiraciones populares y que concuerda con el progreso histórico de la cultura. Este trabajo se ha hecho,” etc….

¿Esta  búsqueda del mejor ideal de la sociedad del futuro, no es acaso el método Utópico por excelencia? Es cierto que Kropotkin intenta demostrar que “este ideal no es el producto de ensueños de gabinete, sino que deriva directamente de las aspiraciones populares y que concuerda con el progreso histórico de la cultura” ¿Pero qué Utópico no ha tratado de demostrar exactamente esto? Todo depende del valor de las pruebas, y aquí nuestro amable compatriota es infinitamente más débil que los grandes Utópicos a los que trata como metafísicos, mientras que él mismo no tiene la menor idea de los métodos actuales de la ciencia social moderna.

Se puede leer y descargar el texto completo desde el siguiente enlace: http://bit.ly/1eMMTJl

La traducción es responsabilidad de Tiempos Rojos.