“Sin luchar y romper con el imperialismo, el oportunismo y el revisionismo la causa de la revolución no puede ser llevada hacia delante”

“A los enemigos principales, los imperialistas y los revisionistas modernos, es preciso combatirles, y les combatiremos hasta su completa destrucción.” | Enver Hoxha

Sin luchar y romper con el imperialismo, el oportunismo y el revisionismo la causa de la revolución no puede ser llevada hacia delante

Hysni Kapo

(Noviembre de 1977)

Camaradas,

La actual situación mundial está cargada de revolución. La profunda e integral crisis contemporánea, que ha golpeado duramente a todo el sistema capitalista-revisionista internacional, ha agravado aún más todas las grandes contradicciones de nuestra época. Las condiciones objetivas para la revolución maduran con cada día que pasa. La efervescencia revolucionaria se ha extendido por todos los continentes, el caldero de la historia está en plena ebullición, preparando grandes arrebatos y sacudidas. Con cada día que pasa la vida demuestra la exactitud de la apreciación marxista-leninista que ha hecho el camarada Enver Hoxha sobre la situación internacional en el VII Congreso del PTA, cuando subrayó que «el mundo se encuentra en una fase en que la causa de la revolución y de la liberación nacional de los pueblos no es solamente una aspiración y perspectiva, sino también un problema planteado que espera solución».

El imperialismo y el social-imperialismo, la burguesía y la reacción internacionales, la socialdemocracia, el viejo y el nuevo revisionismo modernos, los oportunistas y renegados de todos los matices, todos han dispuesto como su causa y actuar común estrangular y acabar con la revolución, desviar la lucha de liberación de los pueblos del camino correcto y acabar con ella, no permitir la realización de una auténtica estrategia revolucionaria.

El imperialismo y el social-imperialismo, todas estas fuerzas oscuras que han causado tantas calamidades al proletariado, a los pueblos y a la humanidad entera, deben ser combatidos con resolución, sin la menor vacilación, porque sólo el camino de la lucha llevará al proletariado y a los pueblos amantes de la libertad y el progreso a la realización de sus aspiraciones, sólo la lucha resuelta borrará de la historia de una vez y para siempre las fuerzas oscuras de la reacción y la opresión y llevará a los trabajadores y a los pueblos a la victoria final. Toda actitud ambigua hacia esta gran causa es letal. Todo lema agradable para luchar contra un grupo de enemigos, confiando en el otro, como los que pronuncian en la actualidad los oportunistas y los renegados, no sirve a la causa del proletariado y los pueblos, mas sólo sirve a los enemigos de la revolución. El Partido del Trabajo de Albania siempre ha adoptado una posición de depuración [clear-out stand] hacia tales predicas anti-marxistas.

Como declaró el camarada Enver Hoxha en el VII Congreso del Partido, «nuestro Partido sostiene la tesis de que las superpotencias tanto cuando trabajan conjuntamente como cuando se pelean, otros son los que pagan la cuenta. La confabulación y la rivalidad entre las superpotencias son dos lados de una realidad contradictoria, una expresión significativa de la misma estrategia imperialista para privar a los pueblos de su libertad y dominar el mundo. Representan el mismo peligro, por lo tanto las dos superpotencias son las principales y más grandes enemigas de los pueblos. Por eso, nunca se debe confiar en un imperialismo para luchar o escaparse del otro». La actitud hacia las superpotencias es una línea de demarcación que divide a los revolucionarios de los reaccionarios y los traidores de todo matiz.

Los revisionistas modernos, viejos y nuevos, de cualquier matiz que sean, compiten para ganar la confianza del imperialismo y la burguesía internacional, sobre todo del imperialismo norteamericano, así como del social-imperialismo soviético, acabar con la revolución y la lucha de liberación de los pueblos. Las fuerzas revolucionarias tendrán que enfrentarse en una guerra feroz con las retrogradas fuerzas contrarrevolucionarias, tendrán que luchar como nunca para exponer y romper las teorías reaccionarias y las predicas fraudulentas de los revisionistas, los renegados y traidores. Esta es una tarea de vital importancia que se encuentra a la orden del día para los partidos marxista-leninistas, el proletariado y los pueblos para llevar adelante la gran causa de la revolución en el mundo. Las palabras de Lenin acerca de que sin una lucha resuelta, despiadada, en toda la línea contra los «partidos obreros burgueses», contra la tendencia oportunista, uno no puede hablar ni de lucha contra el imperialismo, ni de marxismo, ni de movimiento obrero socialista; de que la lucha contra el imperialismo, si no está estrechamente relacionada con la lucha contra el oportunismo, se convierte en un frase vacía y falsa, suenan más actuales que nunca.

¿Acaso la preparación y el triunfo de la Revolución de octubre, que, como es sabido, se hizo posible gracias a la ininterrumpida y despiadada larga lucha de Lenin y sus discípulos contra el oportunismo ruso y el internacional, la Segunda Internacional, no testifican esta luminosa enseñanza de Lenin?

El triunfo de la Gran Revolución Socialista de Octubre no fue únicamente el triunfo del proletariado sobre la burguesía, de la dictadura del proletariado sobre la dictadura de la burguesía, de las relaciones socialistas sobre las relaciones capitalistas, sino que marcó al mismo tiempo, como lo indicó José Stalin, «el triunfo del marxismo sobre el reformismo, el triunfo del leninismo sobre el socialdemocratismo, el triunfo de la III Internacional sobre la II Internacional». La Revolución de Octubre representó una gran victoria ideológica sobre el oportunismo y el revisionismo de ese tiempo, que, como el oportunismo y el revisionismo de nuestros días, apuntaba a sabotear la revolución, a salvar la burguesía y a perpetuar el capitalismo.

Toda la podredumbre del oportunismo y la traición de la Segunda Internacional fueron expuestas durante los años de la Primera Guerra Mundial, cuando sus jefes se alinearon abiertamente con la burguesía en la predatoria guerra inter-imperialista, bajo el lema fraudulento de la «defensa de la patria». El gran Lenin trazó una clara frontera con los diversos oportunistas, con los mencheviques y liquidadores, con Bernstein, Kautsky, etc. Esta enseñanza vital del gran Lenin es vigente para todos los marxista-leninistas, en donde sea que luchen. Sin trazar una clara línea de demarcación con los oportunistas, liquidadores, revisionistas y renegados de cualquier matiz, no se puede hablar del derrocamiento de la burguesía y la victoria del proletariado, no se puede hablar del triunfo de la revolución.

Rechazando los conceptos antimarxistas de los oportunistas de la Segunda Internacional sobre el imperialismo como un crecimiento espontáneo del capitalismo al socialismo, o sobre el «ultraimperialismo» como un nuevo período «de desarrollo pacífico» sin derrocamientos ni conflictos, Lenin fundamentó que el imperialismo es la fase superior y última del capitalismo y la víspera de la revolución social proletaria. Fundamentó que el imperialismo agrava en un punto culminante todas las contradicciones del capitalismo y coloca la revolución a la orden del día. Agudiza de un modo sin precedentes la contradicción entre el trabajo y el capital y afronta a la clase obrera directamente con la indispensabilidad de la revolución armada para el derrocamiento de la burguesía. El imperialismo agrava considerablemente la contradicción entre un puñado de poderosos estados capitalistas y las cien millones de personas de los países coloniales y dependientes, instiga su rebeldía y su lucha por la liberación del yugo imperialista, transformando estas regiones de reservas del imperialismo en reservas de la revolución proletaria mundial. En la etapa del imperialismo, junto con la contradicción entre socialismo y capitalismo, las contradicciones entre los grupos monopolistas y las potencias imperialistas por las materias primas y los mercados, por las esferas de influencia y el nuevo reparto del mundo alcanzan una gravedad sin precedentes, algo que conduce a las predatorias guerras imperialistas y hace inevitable la unión de la revolución proletaria en las metrópolis con la revolución colonial de los pueblos oprimidos en un frente único de revolución contra el frente imperialista mundial.

Este análisis de clase realizado por Lenin y su tesis sobre el imperialismo conservan completamente su vigencia e importancia en la actualidad. Los revolucionarios genuinos han confiado y confían hoy en ellas para establecer su estrategia. Las predicas de los oportunistas y pseudo-marxistas de cualquier matiz, que distorsionan las grandes contradicciones de nuestra época y eliminan la revolución de la orden del día, que colocan en el centro de su estrategia la unidad con uno o algunos imperialistas contra otro, se asemejan a las de los «héroes» de la Segunda Internacional expuestos por Lenin.

Actualmente existe gente que, enmascarándose con lemas «marxistas» y manipulando con citas sacadas de contexto, construye «nuevas» teorías y habla de todos los temas, excepto de la revolución; recomienda todo al proletariado, incluso el estudio del marxismo-leninismo, excepto alzarse en revolución. A esta gente le encaja perfectamente las palabras de Lenin, quien escribió: «El oportunismo franco, que provoca la repulsa inmediata de la masa obrera, no es tan peligroso ni perjudicial como esta teoría del justo medio, que exculpa con palabras marxistas la práctica del oportunismo, que trata de demostrar con una serie de sofismas lo inoportuno de las acciones revolucionarias, etc.» [1]. Esta gente jura por todos sus dioses su lealtad al marxismo-leninismo, pero ellos, como dijo Lenin en su tiempo, «olvidan, relegan a un segundo plano, tergiversan el aspecto revolucionario de esta doctrina, su espíritu revolucionario. Hacen pasar a primer plano, ensalzan lo que es o parece ser aceptable para la burguesía.» [2].

Lenin y los bolcheviques se opusieron a la demagogia de los jefes oportunistas de la Segunda Internacional sobre «la defensa de la patria» en la guerra inter-imperialista, que pone a los trabajadores de distintos países el uno contra el otro y los convierte en carne de cañón para los intereses predatorios de la burguesía, con el lema revolucionario: el levantamiento del proletariado de cada país beligerante contra «su» propia burguesía, la transformación de la guerra imperialista en guerra civil para el derrocamiento de la burguesía y el establecimiento de la dictadura del proletariado. Contrariamente a las predicas social-chovinistas de los jefes renegados de la Segunda Internacional, que llamaban al proletariado a unirse a «su» propia burguesía, Lenin y los bolcheviques liderados por él, subordinaron la explotación de las contradicciones inter-imperialistas a la causa del triunfo de la revolución. Las predicas anti-marxistas de los partidarios de la «teoría de los tres mundos», que llaman al proletariado a que se una con «su» propia burguesía en nombre de la lucha por la defensa de la independencia nacional de[l peligro que representa] una superpotencia, renunciando a la revolución, son idénticas a las tesis social-chovinistas de la Segunda Internacional.

La estrategia de Lenin y los bolcheviques, que a través de las distintas etapas de la revolución rusa, condujeron, a fin de cuentas, al triunfo histórico del Gran Octubre, fue una estrategia de revolución. Preparando al partido, la clase obrera y sus aliados para la revolución, Lenin rechazó los dogmas oportunistas de la Segunda Internacional que sostenían que la revolución democrático-burguesa y la revolución socialista están indispensablemente separadas por un largo periodo de dominio de la burguesía y de desarrollo del capitalismo. Elaboró una teoría científica acerca de la revolución democrático-burguesa dirigida por el proletariado como una etapa intermedia para la rápida transición a la revolución socialista y el establecimiento de la dictadura del proletariado. Pero hoy, después de que los revisionistas soviéticos, quienes, mediante la proclamación del «camino no-capitalista de desarrollo» respecto a los antiguos países coloniales y dependientes, nieguen la necesidad de la revolución socialista en aquellos países, han surgido otros predicadores que, siguiendo los pasos de la Segunda Internacional, separan con un profundo abismo la lucha por la independencia nacional de la lucha por el socialismo y hacen un gran alboroto afirmando que si se habla de las perspectivas de la revolución proletaria en los países del llamado «tercer mundo», esto es supuestamente blanquismo, trotskismo y saltarse las etapas. El objetivo de estos nuevos oportunistas es negar el papel principal del proletariado en la revolución antiimperialista, desviar a los pueblos de estos países de la lucha contra la burguesía y los regímenes reaccionarios pro-imperialistas, extinguir en estos países la lucha contra el imperialismo norteamericano y las otras potencias imperialistas Occidentales en favor de la alianza con estas fuerzas contrarrevolucionarias, como hoy predican estos oportunistas.

El leninismo y la Revolución de octubre pusieron un fin a los dogmas de la Segunda Internacional, que trató la cuestión nacional en los países dependientes como una cuestión de segunda importancia en la llamada «autonomía cultural» dentro de los estados capitalistas y que justificó la explotación colonial de los pueblos oprimidos por el imperialismo. Lenin demostró que la cuestión nacional sólo puede ser resuelta completamente sobre la base de la revolución proletaria, que la lucha revolucionaria de los pueblos oprimidos contra el imperialismo es el único camino hacia su liberación de la opresión y explotación, que esta lucha constituye una aliada natural y una poderosa reserva de la revolución proletaria internacional. Lenin y Stalin nos enseñan que los intereses del movimiento proletario en las metrópolis y el movimiento de liberación nacional en las colonias exigen la unión de estas dos corrientes del movimiento revolucionario en un frente revolucionario único para el derrocamiento del capitalismo y el imperialismo mundial, bajo la dirección del proletariado. Nos enseñan que el proletariado de los países imperialistas debe dar su completo apoyo a esta lucha, alzándose resueltamente contra la opresión y la explotación de los otros pueblos por «su» propia burguesía imperialista. También nos enseñan que los comunistas no apoyan todo movimiento nacional en los países oprimidos, sino sólo aquellos movimientos que realmente están dirigidos contra el imperialismo y que establecen las premisas para el desarrollo de la revolución social del proletariado. Los que bajo el pretexto de la lucha contra las dos superpotencias o una de ellas, apoyan a las fuerzas más reaccionarias de la burguesía en los antiguos países coloniales y semicoloniales y que bendicen la explotación de estos países por varias potencias imperialistas para crear un llamado «frente mundial único» contra el social-imperialismo soviético, no tienen nada en común con aquellas enseñanzas del gran Lenin.

Lenin rechazó las ilusiones reformistas, parlamentarias y legalistas propagadas por los oportunistas de la Segunda Internacional para acabar con la revolución. Está claro para los marxista-leninistas que sin romper con estos oportunistas y estas «teorías» y prácticas contrarrevolucionarias, la victoria de la Gran Revolución Socialista de octubre en 1917 habría sido imposible. Hoy, los revisionistas modernos, desde los soviéticos y yugoslavos a los «eurocomunistas», han alzado la harapienta bandera del «cretinismo parlamentario», del reformismo y el legalismo burgués. Pero [lo cierto es que] todos los que predican la alianza con la burguesía del país para oponerse supuestamente a las superpotencias se sitúan, prácticamente, en posiciones del legalismo burgués, en posiciones antimarxistas.

Así como en el pasado, hoy también los revisionistas y los oportunistas, bajo distintos pretextos, se caracterizan por la negación de la revolución. La historia del movimiento obrero internacional demuestra que los revisionistas y los oportunistas de todo matiz nunca han estado y ni están interesados en los destinos de la revolución. No «teorizan» para realizar la revolución, sino para sabotear y revertir la revolución, luchan para conservar intactos el capitalismo y la burguesía.

Cuando los oportunistas y los revisionistas modernos propagan toda clase de teorías sobre las «condiciones actuales», acerca de los «cambios» que han ocurrido en el mundo actual, lo hacen engañosamente para cubrir su traición, predicando «nuevos caminos hacia el socialismo». Cuando atacan el «dogmatismo», con el que relacionan las enseñanzas fundamentales del marxismo-leninismo, no se preocupan en absoluto sobre la cuestión de la revolución; al contrario, hacen esto para salir en auxilio de la burguesía y así prevenir la revolución, minarla.

Cuando los jruschovistas, titoistas, togliattistas y demás revisionistas en un coro conjunto atacaron a Stalin, acusándole del «culto a la personalidad», de la «violación del derecho socialista», de «errores», etc., lo hicieron para luchar contra el marxismo-leninismo, porque eran bien conscientes de que Stalin, como discípulo y compañero de lucha de Lenin y como continuador digno de la causa por la cual Lenin luchó, era el defensor más ardiente y el ejecutor más leal de la doctrina del marxismo-leninismo; lo hicieron con el objetivo de denigrar la lucha que Stalin había emprendido en defensa de la pureza del marxismo-leninismo de las falsificaciones oportunistas de los viejos y nuevos revisionistas. Atacando a Stalin, todos los renegados y los traidores al marxismo-leninismo han tenido y tienen como su objetivo deponer el Llninismo, rechazar las grandes ideas y enseñanzas de la Revolución de Octubre. En lugar de la revolución, en lugar de la lucha por el derrocamiento de la burguesía y el establecimiento de la dictadura del proletariado, en lugar de la senda de octubre, estos señores predican y elogian por los cielos el infame «camino pacífico», que hoy es la forma más vulgar del abandono de la revolución.

La cuadrilla revisionista de Jruschov y Brezhnev en la Unión Soviética y todos sus seguidores, dondequiera que estén, hacen un gran estruendo por la llamada coexistencia pacífica, que, en completa oposición a las enseñanzas de Lenin, es presentada por ellos como el «camino general de la victoria del socialismo a escala mundial» y como la «línea general del movimiento comunista internacional». Con esta «teoría» estos renegados pretenden abandonar la lucha de clases, desean minar la revolución, abrir el camino hacia su expansión imperialista.

Los otros revisionistas, los partidarios del «eurocomunismo», que han degenerado completamente en la estrechez de mente socialdemócrata, se alzan furiosamente contra la revolución violenta y la dictadura del proletariado, saliendo abiertamente con las tesis antimarxistas del camino «democrático», reformista, del «compromiso histórico» con los partidos de la burguesía y hasta con el Vaticano, la policía burguesa y el ejército, predicando «socialismos» de todos los colores, excepto el proletario, e intentando con todos los medios y maneras posibles rechazar la experiencia histórica de la Revolución de Octubre.

La teoría anti-leninista y contrarrevolucionaria de los «tres mundos» también tiene el mismo objetivo: la extinción de la revolución y la preservación del status quo del régimen capitalista. Defender la teoría de los «tres mundos» significa convertirse en un defensor de los intereses del imperialismo dirigido por los EE.UU., la burguesía y la reacción internacional. Los portadores de esta teoría antimarxista especulan con la causa de la lucha por la independencia nacional, la separan de la causa del triunfo de la revolución y la utilizan para justificar su política pragmática de alianzas sin principios con el imperialismo norteamericano y con las otras potencias imperialistas o con distintas fuerzas reaccionarias.

Pero la historia ha demostrado y demuestra que sólo poniendo consecuentemente en práctica la teoría marxista-leninista de la revolución, la Gran Revolución Socialista de Octubre se realizó con éxito y, según sus enseñanzas, la revolución triunfó en varios países de Europa y Asia. Actualmente también está siendo probada por la historia la falsedad de las teorías revisionistas, que claman sobre «nuevos caminos en conformidad con las condiciones actuales» para presuntamente llegar al socialismo, porque la revolución y el socialismo no han triunfado en ningún país mediante estos caminos. Al contrario, estas «teorías» alzaron al revisionism0, el arma más sofisticada de la burguesía para sabotear y minar el movimiento revolucionario y el socialismo, allanaron el camino para la contrarrevolución y la restauración de capitalismo.

En su tiempo el gran Lenin luchó con determinación contra la traición de la Segunda Internacional y, en lucha despiadada contra ella, defendió las ideas revolucionarias de Marx de la deformación socialdemócrata y las desarrolló en las nuevas condiciones históricas. Esta no fue una polémica académica, sino una necesidad imperiosa para llevar adelante la causa de la revolución. Hoy también los marxista-leninistas genuinos consideran como un deber revolucionario de primer orden la defensa del leninismo de toda deformación de los revisionistas modernos, ya sean jruschovistas, titoistas, «eurocomunistas» u oportunistas de cualquier especie y matiz. Esta lucha es actualmente una necesidad imperiosa por la causa de la revolución así como lo fue en el momento de Lenin.

El revisionismo sigue siendo el principal peligro para el movimiento revolucionario mundial contemporáneo. Todas las teorías revisionistas que circulan hoy en el mundo sirven a la burguesía internacional y al imperialismo. Éstas no sólo son irreconciliables con el marxismo-leninismo y el internacionalismo proletario, sino que, visto de primera mano, representan teorías inspiradas por un marcado nacionalismo burgués de carácter chovinista de gran nación o por los intereses estrechos de «su» propia burguesía nacional.

Notas

[1] Lenin, “La bancarrota de la II Internacional”.

[2] Lenin, “El Estado y la revolución”

Fragmentos de Hysni Kapo, “The Ideas of the October Revolution are Defended and Carried Forward in Struggle Against Modern Revisionism”, Casa editora «8 Nëntori», Tirana, 1977
Traducido por Tiempos Rojos
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