Las divergencias sino-albanesas desde la óptica de los analistas de la reacción imperialista, durante la “guerra fría”

Las divergencias sino-albanesas desde la óptica de los analistas de la reacción imperialista, durante la “guerra fría”

El caso de Radio Europa Libre, 1965-1972

Por Gerardo Manfredi

(Septiembre 2014)

Es un lugar común de ciertos maoístas cuestionar la denuncia pública del revisionismo chino, que iniciara Enver Hoxha en la segunda mitad de la década de 1970, con el “argumento” malicioso e ignorante de “¿por qué Hoxha esperó a que Mao estuviera muerto?” y “¿por qué no dijo nada antes?”. Es maliciosa porque parte del supuesto de que Enver Hoxha –el comunista que denunció a Jruschov, en el Kremlin, en su terreno, y frente a frente, ante todos los partidos comunistas– hubiera tenido temor de decirle sus errores a Mao Tse-tung en vida. Y es ignorante porque demuestra que los que hacen esas insinuaciones no han seguido en verdad la historia, las trayectorias y los debates en el movimiento comunista internacional desde la segunda mitad de la década de 1950, y en consecuencia no han advertido que las diferencias entre el PTA y el PCCh se remontan a casi dos décadas antes de la formal ruptura en 1978.

Están como constancias los documentos públicos emitidos por el PTA, a través de su órgano central Zëri i Popullit, a lo largo de toda la gran polémica con el revisionismo soviético y luego de la subsecuente escisión en el movimiento comunista internacional. Están como evidencias también los caminos que siguieron en la edificación del socialismo y la actuación de sus respectivas direcciones partidarias.

En la actualidad, contamos con mucha mayor información que permite establecer la evolución de las discrepancias entre el PTA y el PCCh, y concluir que la denuncia pública de Enver Hoxha es una síntesis y desarrollo de las antiguas posiciones del PTA frente a las zigzagueantes línea y políticas del PCCh. Entrevistas entre delegaciones de ambos partidos, discursos y cartas, de carácter privado, nos dan una idea de la forma, el contenido y las limitaciones en que se desarrollaron los intercambios de opiniones e informaciones entre ambos partidos. El elemento nuevo en la denuncia pública de Hoxha de la segunda mitad de los 1970s, fue, nada menos, ponerle nombre al oportunista y al oportunismo, decirlo con todas sus letras y con los calificativos correspondientes. Es precisamente este elemento nuevo el que provocó la rasgadura de vestiduras de aquellos que sólo se alimentaron con la versión unilateral del semanario Pekín Informa, pensando que el resto de partidos y organizaciones marxista-leninistas eran simples seguidores, no advirtiendo matices y diferencias importantes en el seno del renovado movimiento marxista-leninista.

La “ceguera” de ciertos maoístas contrasta notablemente con el “seguimiento” y las observaciones que hacían los analistas de inteligencia del imperialismo, sus periodistas especializados y los intelectuales burgueses sobre lo que ocurría en el campo socialista y en el seno del movimiento comunista internacional. Esta gente, a partir de documentos públicos, es decir, no secretos, estuvo más al tanto de las diferencias entre albaneses y chinos, de lo que están algunos desavisados, aún hoy, en la segunda década del siglo XXI, pese al cúmulo de información adicional que se dispone.

Para ilustrar esto hemos tomado fragmentos de algunos artículos de los archivos de Radio Europa Libre (que, junto a La Voz de América, era uno de los centros de desinformación del imperialismo y la reacción mundial, en la llamada “guerra fría”). La selección la hicimos revisando una pequeña muestra de artículos, eligiendo únicamente aquellos que en el título hacían referencia directa a diferencias entre chinos y albaneses. En consecuencia, no necesariamente son los únicos con ese contenido. Por tal razón este artículo no es –ni pretende ser– exhaustivo ni minucioso. Es sólo una revista de una muestra de ocho comentarios durante el período 1965-1972, que se inicia con el segundo viaje de Chou Enlai a Albania –poco después de la caída de Jruschov y luego de que se disiparan las esperanzas chinas de reconciliación con los soviéticos– y culmina con las secuelas de la visita de Nixon a China.

Durante toda la polémica con el revisionismo soviético, siempre fue evidente la diferencia de tono y actitud en el campo marxista-leninista. Los albaneses fueron intransigentes, incisivos y directos; los chinos, conciliadores, moderados y esópicos. ¿A qué se debió esto? Algunos historiadores sostienen que los albaneses, después del discurso de Hoxha en la Conferencia de los 81 Partidos en 1960, no tenían nada que perder, ya habían quemado los puentes, mientras que los chinos todavía podían ganar ascendencia sobre los otros partidos hermanos, optando por conducirse con ponderación, sensatez y moderación. El articulista de Radio Europa Libre, sin embargo, observó con razón que esas diferentes actitudes tenían su origen en las diferentes posiciones:

“Las diferentes posiciones que los dos países [Albania y China] mantienen en el campo socialista y en el movimiento comunista internacional explican los diversos grados de intensidad en los pronunciamientos realizados. Desde el inicio de la polémica abierta en 1961, los comunistas albaneses han estado un paso adelante de los chinos y de otros “marxista-leninistas” en la gran batalla desatada en el seno del comunismo de hoy… Los dirigentes de Tirana han demostrado en muchas ocasiones su malestar cuando los chinos y otros partidos “marxista-leninistas” no siguen una incesante política anti-soviética. Esto fue evidente inmediatamente después de la caída de Jruschov. Por ese motivo, ellos siempre han hecho todo lo posible por mantener el fuego ardiendo…”. (RFE, Chou’s Three-Day Tirana Visit, 30 de marzo de 1965)

En 1966, se dio inicio en China a la revolución cultural, un acontecimiento vital para contrarrestar el avance de los elementos abiertamente revisionistas en el PCCh. El PTA apoyó a la fracción maoísta en su lucha contra los elementos revisionistas que habían copado puestos importantes en la alta dirección del Partido y el Estado chinos. Sin embargo, los comunistas albaneses tuvieron sus reservas sobre las causas, el desarrollo y los objetivos de esa revolución cultural, así como sobre la resolución y la consecuencia de la fracción maoísta en su lucha contra los elementos abiertamente revisionistas del PCCh. La ausencia del partido, la movilización caótica y los enfrentamientos armados entre las fuerzas en pugna en China, llamaron la atención de los comunistas albaneses y les plantearon interrogantes preocupantes acerca del carácter proletario y revolucionario de la “revolución cultural”. Radio Europa Libre pudo discernir, en 1966, lo que ciertos desinformados hasta ahora no advierten:

“Los medios de comunicación albaneses…, hasta el momento, han omitido hacer la más mínima referencia al movimiento de “guardias rojos” que actualmente está trastornando la escena china. Esta inusual omisión está en claro contraste con la declaración del editorial del Diario del Pueblo del 6 de septiembre, que dice que “la revolución cultural está remeciendo el mundo”.

 “…Al tratar de sacar conclusiones de la desconcertante omisión albanesa en comentar las dramáticas actividades de su aliado, se deben considerar una serie de puntos. En opinión de algunos observadores, se debe hacer una distinción entre la revolución cultural como objetivo ideológico y los medios para alcanzar ese objetivo (es decir, la utilización de los “guardias rojos”). En este contexto, parece haberse desarrollado una diferencia de puntos de vista entre chinos y albaneses sobre los métodos.

 “Finalmente debe plantearse la cuestión de cómo afectará esto las relaciones sino-albanesas, ya que el silencio en este caso indica el desacuerdo parcial de Albania con la actual línea china, justo en el momento en que Pekín está buscando apoyo en la actual fase de la revolución… Sin embargo, los informes diarios procedentes de China demuestran que en el mismo Pekín parece no haber unanimidad en lo concerniente a la lógica del movimiento de “guardias rojos”.” (RFE, Albania and the “Red Guard” Movement, 7 de septiembre de 1966)

En 1968, ante el anarquismo y descontrol de sus acciones, el propio Mao Zedong y su grupo decidieron finalmente desactivar el movimiento de “guardias rojos”. Los albaneses no estuvieron equivocados en su reserva inicial y en su desconfianza posterior con respecto a la revolución cultural, no obstante el justo apoyo que dieron a la fracción maoísta en la lucha contra elementos abiertamente derechistas en el partido chino.

 Otro punto de discrepancia entre albaneses y chinos fue la actitud ante la Unión Soviética revisionista. Incluso después de la escisión en el movimiento comunista y la profundización de la restauración del capitalismo en la URSS, los dirigentes chinos todavía consideraron la posibilidad de un frente único antiimperialista que incluyera a los revisionistas soviéticos. Los comunistas albaneses, por el contrario, siempre replicaron a los chinos que el frente único antiimperialista internacional no podía ni debía incluir a la Unión Soviética, porque el cambio de carácter de su formación social y la política internacional que seguía la camarilla de Brezhnev la habían transformado en uno de los blancos de la revolución proletaria y del movimiento de liberación nacional en el mundo. Poco después, en 1969, China y la URSS tuvieron algunos enfrentamientos armados en zonas fronterizas. La situación amenazó con dirigirse a un conflicto armado en toda la regla y al peligro del uso de armas nucleares, terreno en el cual los revisionistas soviéticos tenían amplia superioridad. Estos hechos llevaron a los dirigentes chinos a considerar que la Unión Soviética se había convertido en su enemigo principal, algo que después transformarían en uno de los pilares de la teoría oportunista de los “tres mundos”. Una razón de Estado fue convertida así en una cuestión “ideológica”. La reunión Kosygin-Chou Enlai en el aeropuerto de Beijing sirvió para apaciguar la situación y buscar formas que impidieran el escalamiento del conflicto. El fragmento del artículo de Radio Europa Libre de octubre de 1969, refleja la suspicacia albanesa sobre las maniobras políticas de los dirigentes chinos. Aunque las contradicciones sino-soviéticas ya habían llegado a un punto irreversible, los albaneses no tenían confianza en la posición antirrevisionista y antisocialimperialista china:

“Durante las últimas semanas ha surgido cierta evidencia que sugiere que los líderes albaneses están comenzando a tener suspicacias sobre el curso reciente de las relaciones sino-soviéticas, marcado por el encuentro Kosygin-Chou En-lai el 11 de septiembre. Una serie de artículos publicados últimamente en Zëri i Popullit, el vocero del partido albanés, revela una significativa discrepancia en las actitudes de albaneses y chinos hacia la Unión Soviética.

 “Después del inesperado encuentro en el aeropuerto de Pekín, se ha observado una serie de misteriosos incidentes en el campo de las relaciones sino-albanesas, que tienden a dar la impresión de que existe cierta anomalía en los contactos entre los dos “íntimos camaradas de armas”.

 “En primer lugar, los medios albaneses nunca han informado el encuentro entre los dos Primeros Ministros. En segundo lugar, durante la celebración del 20º aniversario de la RPCh en Pekín, Albania estuvo representada por una delegación de segundo nivel del Partido y del Estado, encabezada por Haki Toska, miembro del Buró Político y Vice Primer Ministro. Un incidente que, considerando que Albania es generalmente conocida como el más cercano aliado de China, puede describirse en el mejor de los casos como “extraordinario”…

 “El primer signo claro de aprensión de parte de la dirección albanesa sobre los contactos entre China y la Unión Soviética, apareció en dos importantes artículos del vocero del partido albanés Zëri i Popullit. Los artículos publicados a principio de este mes contienen pasajes que parecen estar dirigidos a Pekín. El tema central de esos artículos puede ser sintetizado en una breve frase: “cuidado con la perfidia soviética”.

 “Los líderes albaneses que representan la posición más dogmática en el movimiento comunista internacional, no tienen nada que ganar y sí mucho que perder como resultado de un posible entendimiento sino-soviético o de un modus vivendi político entre los dos gigantes comunistas…”.

 (RFE, Sino-Soviet Contacts Arouse Hoxha’s Suspicions, 15 de octubre de 1969)

 Poco después Mao y el PCCh pondrían sobre la mesa el manido y viejo tema del supuesto cambio de la naturaleza del imperialismo. Un tema bastante recurrente en los fueros revisionistas de todas las épocas y latitudes. Para justificar su acercamiento, entendimiento y connivencia con el imperialismo norteamericano, el PCCh adoptó la posición según la cual el imperialismo norteamericano era un imperialismo en declive, en retirada, que deseaba abandonar su injerencia directa en el mundo y que buscaba actuar a través de gobiernos títeres; es decir, se había debilitado y ya no era peligroso. Esta tesis oportunista era la otra cara de la moneda de su nueva “teoría”, que sostenía que la Unión Soviética era el enemigo principal de los “países, naciones y pueblos” del mundo, contra el cual había que “unir todas las fuerzas susceptibles de ser unidas” (incluyendo a los imperialismos débiles y los de segundo orden). El 6 de agosto de 1971, recién enterado del tema y en carta privada dirigida personalmente a Mao Zedong, Enver Hoxha le dijo que Albania estaba en desacuerdo con esa concepción, y también le dijo que no apoyaba la visita de Nixon a China (Ver “Crítica Marxista-Leninista http://criticamarxista-leninista.blogspot.com/2013/03/hoxha-a-mao-visita-nixon-es-un-error.html.) Al igual que antes, sobre otras cuestiones, Mao y el PCCh nunca respondieron a sus “íntimos camaradas” albaneses. Y como demostración de la poca consideración china con sus aliados más leales, solo una semana después de la visita secreta de Kissinger a Beijing en julio de 1971, el PTA supo por primera vez que los camaradas chinos llevaban casi dos años de coqueteos con los imperialistas norteamericanos. Para que los albaneses no se enteraran por los periódicos de la inevitable noticia de la próxima visita de Nixon, informaron del tema al embajador albanés en China, para que se lo transmitiera a Enver Hoxha. (En contraste con esto, enviaron a Chou Enlai a Vietnam y a Corea del Norte para que informara personalmente a Ho Chi Minh y a Kim Il Sung). Radio Europa Libre, sin conocer la carta privada de Hoxha a Mao y utilizando como única fuente un artículo de Zëri i Popullit [ZIP], aparentemente propagandístico, sobre Indochina (Vietnam, Camboya y Laos), decía:

“Muy en línea con su acostumbrada práctica de informar selectivamente, Albania hasta ahora ha omitido reaccionar oficialmente ante el sensacional anuncio de la planeada visita del presidente Nixon a China Comunista. Aunque los medios albaneses, como norma, no entran en especulaciones sobre el desarrollo mundial, la total ausencia de comentarios sobre la última movida china bien puede ser vista como expresión del recelo de Tirana ante el rápido ritmo de la normalización de las relaciones sino-estadounidenses.

“…la primera indicación de lo que podría interpretarse como expresión del recelo albanés acerca de los últimos acontecimientos en las relaciones sino-estadounidenses, apareció en un editorial de Zëri i Popullit sobre el 17º aniversario del acuerdo de Ginebra sobre Indochina. Fuera de su lenguaje anti-norteamericano y anti-Nixon, que es habitual en la propaganda albanesa, el artículo es notable por una variedad de razones. Su mensaje principal es que “la naturaleza del imperialismo es inmutable”, que el imperialismo norteamericano es “agresivo” y “seguirá siendo agresivo”. En cuanto a la política de Nixon sobre Indochina, ZIP sostiene que el presidente norteamericano ha “utilizado métodos más astutos y sofisticados que sus predecesores”, combinando la “conocida doble táctica de la fuerza bruta, la presión y el chantaje con la maniobra política, la demagogia y el engaño”. Esta interesante formulación puede ser una pista de que algunos pueden haber caído en la última táctica. Otro aspecto remarcable del editorial de ZIP es que, a diferencia de anteriores comentarios albaneses sobre la cuestión de Indochina, omite referencias al rol de China como la “segura retaguardia de la región” para los pueblos indochinos. Queda por ver si las agencias de noticias chinas, que reproducen la mayoría de los comentarios de ZIP, publicará este comentario albanés sobre la situación en Indochina.

 “El editorial de ZIP puede ser la primera indicación de la incomodidad albanesa, expresada en términos muy cautos, acerca de las perspectivas de los acomodos sino-estadounidenses. Por cierto, Tirana mostró una preocupación similar en septiembre de 1969, después del sorpresivo anuncio del encuentro Kosygin-Chou En-lai en Pekín.”

 (RFE, Tirana Uneasy Over Sino-US Developments, 21 de julio de 1971).

Estas discrepancias sino-albanesas se hicieron públicas, para todo el que tuviera ojos y oídos, en el VI Congreso del PTA de noviembre de 1971, es decir solo tres meses después de la carta privada de Enver Hoxha a Mao Zedong. El informe de Enver Hoxha ante el Congreso expone la posición del PTA reafirmando la teoría leninista del imperialismo y la estrategia y la táctica revolucionarias del proletariado, a la luz de los nuevos acontecimientos y ante la desviación de la dirección del PCCh, sin mencionar a esta última. En su informe ante el VI Congreso, Hoxha, oponiéndose a las nuevas tesis chinas, destaca la realidad objetiva sobre el carácter del imperialismo norteamericano:

“A pesar de los cambios que se han operado y se operan en el mundo, el imperialismo norteamericano ha sido y sigue siendo el principal enemigo de todos los pueblos, el mayor opresor y explotador de los demás países, el bastión de la reacción mundial. En tanto siga manteniéndose en pie, continuará también inalterable su naturaleza reaccionaria, continuará su política y su estra­tegia de agresión y de guerra que emana de la misma esencia de su sistema de explotación. El imperialismo norteamericano no puede subsistir sin la expansión eco­nómica, sin la intervención política y la agresión militar, sin oprimir y explotar a los demás pueblos. Lo contrario significa su muerte, abre el camino a las rebeliones y revoluciones.

“Los acontecimientos de los últimos años confirman del mejor modo que el imperialismo de los Estados Unidos no sólo no ha renunciado a sus designios, sino que hace todo lo posible por minar la libertad y la independencia de los demás países y por establecer su dominación mundial. En todas partes blande las armas y amenaza con la guerra.”

La historia y los acontecimientos actuales del desarrollo mundial dieron y dan la razón a Enver Hoxha y al PTA. Una vez más, Mao Zedong y el PCCh se apartaban de la línea marxista-leninista. ¡Y esto ya está reflejado en el informe al VI Congreso de 1971! Años después, en 1976, en el célebre VII Congreso se desarrollarían y harían explícitas y públicas (nuevamente, sin mencionar a Mao y al PCCh) las críticas fundamentales al revisionismo chino. Es decir en dos congresos consecutivos, el PTA criticó directamente a Mao y al PCCh, sin mencionar sus nombres, como correspondía a la etapa en que se encontraba la lucha ideológica en el seno del movimiento marxista-leninista. La dirección del PCCh, con Mao a la cabeza, fue consciente de estas críticas directas. Fue tan consciente que en un acto, a la vez de soberbia y de resentimiento, no envió una delegación al VI Congreso del PTA en 1971 (tampoco la enviaría al VII Congreso de 1976). Esto también confirma que, muchos años antes de la ruptura abierta, los chinos estuvieron bien enterados de las posiciones críticas de los albanesas. Mientras tanto, en público, Hoxha y el PTA seguían considerando a Mao y al PCCh camaradas de armas, y seguían apoyando la revolución china. Lo que no vieron ni ven hasta ahora algunos obtusos, lo vio Radio Europa Libre en los precisos días en que se celebraba el VI Congreso del PTA:

“El VI Congreso del PTA ha proporcionado evidencia fragmentaria de las divergencias de intereses y actitudes en ciertas áreas entre el régimen de Tirana y sus aliados chinos. El énfasis de Hoxha en la necesidad de una intransigente “lucha en dos frentes, contra el imperialismo norteamericano y el socialimperialismo soviético”, y su insistencia en que los verdaderos marxista-leninistas no pueden hacer concesiones a las fuerzas “revisionistas contemporáneas”, parecen divergir –si no están ya en conflicto con ellas– de las tendencias actuales de la política internacional, e incluso inter-partidaria, de Pekín.”

(RFE, Hoxha’s Esoteric Polemics – Advice To Peking?, 12 de noviembre de 1971).

“Además de la sorpresiva ausencia de una delegación del partido chino en el VI Congreso del PTA, la escasa cobertura china de los trabajos del congreso ha ofrecido a los observadores otro acontecimiento desconcertante.”

(RFE, Scanty Chinese Coverage Of Albanian Party Congress, 9 de noviembre de 1971).

Totalmente regocijada con su nuevo “amigo”, la dirección china hizo oídos sordos a las críticas de los marxista-leninistas consecuentes, y continuó con su cortejo al imperialismo norteamericano, recibiendo a Nixon en Beijing en 1972. Una vez más Radio Europa Libre fue más perspicaz en marzo de 1972 (¡leyendo solo a Zëri i Popullit!) que ciertos maoístas en la segunda década del siglo XXI, con un océano de información a su alcance:

“Un extenso editorial de Zëri i Popullit ha atacado severamente las declaraciones hechas por el presidente Nixon durante su visita a China Comunista. Las declaraciones [de Nixon] en cuestión fueron recibidas positivamente por la dirección china; en consecuencia, ese editorial de Zëri i Popullit puede ser considerado como una reprimenda albanesa a Pekín.

 “Los comunistas albaneses han lanzado un feroz ataque editorial contra el presidente Nixon y, en una explícita alusión a su reciente visita a China Comunista, han rechazado categóricamente las declaraciones políticas del presidente en relación con su histórico viaje. De este modo, aunque indirectamente, Tirana se ha pronunciado por primera vez y de forma completamente negativa, sobre los recientes contactos sino-estadounidenses.

 “…La intención [albanesa] de preservar la pureza ideológica ante la próxima visita presidencial fue expresada sobre todo en el VI Congreso del Partido en noviembre último. Ahí Hoxha proclamó: “No es posible apoyarse en un imperialismo para oponerse al otro”.”

 (RFE, Tirana Attacks Nixon: Another Rebuke To Peking?, 8 de marzo de 1972).

Pero no sólo los reaccionarios de Occidente advirtieron las diferencias sino-albanesas, también lo hicieron los corifeos del revisionismo soviético. Radio Europa Libre constata que en 1972 el órgano central del partido revisionista húngaro, desde su óptica particular, también se había dado cuenta de las discrepancias entre albaneses y chinos:

“En opinión de Varnai [autor de un artículo al respecto], las discrepancias que existen entre los intereses de gran potencia de los dirigentes chinos y las aspiraciones nacionalistas de los albaneses también afectan las expectativas de Albania en relación con China. Habiendo entendido este problema, la dirección albanesa está tratando últimamente de desarrollar contactos económicos con una serie de países comunistas de Europa del Este y también con países “capitalistas”.

“¿Cuál será el curso futuro de las relaciones sino-albanesas? En opinión de Nepszabadsag, el problema es complejo. En primer lugar, los dirigentes albaneses, que tienen diferente táctica, al parecer no son capaces de lidiar con los sorpresivos cambios y giros de la dirección china. Sin embargo, por razones económicas y políticas, ellos no pueden prescindir del apoyo de China, aún si las políticas de la RPCh no son completamente iguales a las de los intereses de Albania. En vista de esto, los húngaros perciben que es difícil esperar una suerte de “ruptura” o algún “espectacular cambio” en las relaciones sino-albanesas en un futuro cercano.”

(RFE, Whiter Albania – A Hungarian View, 25 de septiembre de 1972).

La historia ha demostrado que la interpretación y estas conclusiones del articulista húngaro estuvieron completamente equivocadas: Albania “no puede prescindir del apoyo de China”, “es difícil esperar una suerte de ‘ruptura’…”.

Las discrepancias sino-albanesas no se limitaron solo al tema del acercamiento de China a Estados Unidos, también se manifestaron en varios aspectos y casos concretos de la evolución del desarrollo mundial. El análisis chino de la situación internacional estaba incorporando los pilares de lo que poco después se enunciaría como la “teoría de los tres mundos”: la Unión Soviética como el enemigo principal y la fuente principal de guerra en el mundo, los Estados Unidos como un imperialismo en declive y en retirada, el abandono de la tesis leninista de los dos campos, el frente único antiimperialista contra una superpotencia, con la inclusión de los imperialismos débiles y de segundo orden. Estas líneas maestras de la política internacional china, sin ser explicitas aún, ya teñían su evaluación de los distintos problemas concretos del desarrollo mundial. Radio Europa Libre da cuenta de estas diferencias sino-albanesas en cuanto a algunos casos específicos de la política internacional:

“Durante 1972, las posiciones de los dos cercanos aliados sobre su actitud hacia los Estados Unidos tendieron a distanciarles aún más. Paralelo a los divergentes puntos de vista sobre esta cuestión política fundamental, Pekín y Tirana empezaron a reaccionar de forma diferente ante algunos acontecimientos y políticas importantes en el escenario internacional: la crisis de Malta, la consolidación del Mercado Común, la Ostpolitik de Alemania Occidental y la reelección de Brandt, y el movimiento “marxista-leninista”, para mencionar unos cuantos. Mientras los albaneses han demostrado un inflexible apego a la teoría revolucionaria, los chinos –en línea con su giro en las prioridades de política exterior– han demostrado una predilección por la Realpolitik: un cambio de la raison d’ideologue a la raison d’état. Muchos discursos e informes publicados recientemente por Tirana y Pekín atestiguan el hecho de que no existe completa unanimidad de puntos de vista sobre diversos desarrollos políticos internacionales de importancia.

 “[En su discurso en el aniversario del día de la independencia de Albania*, Hoxha] declaró que Albania estaba a la cabeza de la revolución proletaria.”

(RFE, The Albanian Way, 21 de diciembre de 1972).

Esta última afirmación de Enver Hoxha, breve y escueta: “Albania socialista está a la cabeza de la revolución proletaria*, en 1972 (¡¡),es notable y extraordinaria por su significado político, claro y directo. Para el Partido del Trabajo de Albania, China Popular y el PCCh, bajo la dirección de Mao Zedong, estaban siguiendo un camino que se alejaba cada vez más del marxismo-leninismo y de la revolución proletaria. Ese es el significado que subyace en la afirmación de Enver Hoxha. Los acontecimientos internos en China y la postura de los dirigentes chinos en la palestra internacional confirmaron esta conclusión.

Notas:

En todas las citas, las palabras entre corchetes y las negritas son nuestras.

* La declaración a la que hace referencia RFE se encuentra en: Enver Hoxha, Populli Shqiptar Sot Lufton, Punon Dhe Jeton I Lumtur Në Epokën E Partisë, Discurso en la ciudad de Vlora con motivo del 60º aniversario de la Declaración de la Independencia y del 28º aniversario de la Liberación de la Patria, 28 de noviembre de 1972, Obras Completas en albanés, tomo 49, pág. 520. La cita de Hoxha, en el último párrafo de nuestro artículo, es nuestra traducción del albanés de la parte pertinente.

“Sin luchar y romper con el imperialismo, el oportunismo y el revisionismo la causa de la revolución no puede ser llevada hacia delante”

“A los enemigos principales, los imperialistas y los revisionistas modernos, es preciso combatirles, y les combatiremos hasta su completa destrucción.” | Enver Hoxha

Sin luchar y romper con el imperialismo, el oportunismo y el revisionismo la causa de la revolución no puede ser llevada hacia delante

Hysni Kapo

(Noviembre de 1977)

Camaradas,

La actual situación mundial está cargada de revolución. La profunda e integral crisis contemporánea, que ha golpeado duramente a todo el sistema capitalista-revisionista internacional, ha agravado aún más todas las grandes contradicciones de nuestra época. Las condiciones objetivas para la revolución maduran con cada día que pasa. La efervescencia revolucionaria se ha extendido por todos los continentes, el caldero de la historia está en plena ebullición, preparando grandes arrebatos y sacudidas. Con cada día que pasa la vida demuestra la exactitud de la apreciación marxista-leninista que ha hecho el camarada Enver Hoxha sobre la situación internacional en el VII Congreso del PTA, cuando subrayó que «el mundo se encuentra en una fase en que la causa de la revolución y de la liberación nacional de los pueblos no es solamente una aspiración y perspectiva, sino también un problema planteado que espera solución».

El imperialismo y el social-imperialismo, la burguesía y la reacción internacionales, la socialdemocracia, el viejo y el nuevo revisionismo modernos, los oportunistas y renegados de todos los matices, todos han dispuesto como su causa y actuar común estrangular y acabar con la revolución, desviar la lucha de liberación de los pueblos del camino correcto y acabar con ella, no permitir la realización de una auténtica estrategia revolucionaria.

El imperialismo y el social-imperialismo, todas estas fuerzas oscuras que han causado tantas calamidades al proletariado, a los pueblos y a la humanidad entera, deben ser combatidos con resolución, sin la menor vacilación, porque sólo el camino de la lucha llevará al proletariado y a los pueblos amantes de la libertad y el progreso a la realización de sus aspiraciones, sólo la lucha resuelta borrará de la historia de una vez y para siempre las fuerzas oscuras de la reacción y la opresión y llevará a los trabajadores y a los pueblos a la victoria final. Toda actitud ambigua hacia esta gran causa es letal. Todo lema agradable para luchar contra un grupo de enemigos, confiando en el otro, como los que pronuncian en la actualidad los oportunistas y los renegados, no sirve a la causa del proletariado y los pueblos, mas sólo sirve a los enemigos de la revolución. El Partido del Trabajo de Albania siempre ha adoptado una posición de depuración [clear-out stand] hacia tales predicas anti-marxistas.

Como declaró el camarada Enver Hoxha en el VII Congreso del Partido, «nuestro Partido sostiene la tesis de que las superpotencias tanto cuando trabajan conjuntamente como cuando se pelean, otros son los que pagan la cuenta. La confabulación y la rivalidad entre las superpotencias son dos lados de una realidad contradictoria, una expresión significativa de la misma estrategia imperialista para privar a los pueblos de su libertad y dominar el mundo. Representan el mismo peligro, por lo tanto las dos superpotencias son las principales y más grandes enemigas de los pueblos. Por eso, nunca se debe confiar en un imperialismo para luchar o escaparse del otro». La actitud hacia las superpotencias es una línea de demarcación que divide a los revolucionarios de los reaccionarios y los traidores de todo matiz.

Los revisionistas modernos, viejos y nuevos, de cualquier matiz que sean, compiten para ganar la confianza del imperialismo y la burguesía internacional, sobre todo del imperialismo norteamericano, así como del social-imperialismo soviético, acabar con la revolución y la lucha de liberación de los pueblos. Las fuerzas revolucionarias tendrán que enfrentarse en una guerra feroz con las retrogradas fuerzas contrarrevolucionarias, tendrán que luchar como nunca para exponer y romper las teorías reaccionarias y las predicas fraudulentas de los revisionistas, los renegados y traidores. Esta es una tarea de vital importancia que se encuentra a la orden del día para los partidos marxista-leninistas, el proletariado y los pueblos para llevar adelante la gran causa de la revolución en el mundo. Las palabras de Lenin acerca de que sin una lucha resuelta, despiadada, en toda la línea contra los «partidos obreros burgueses», contra la tendencia oportunista, uno no puede hablar ni de lucha contra el imperialismo, ni de marxismo, ni de movimiento obrero socialista; de que la lucha contra el imperialismo, si no está estrechamente relacionada con la lucha contra el oportunismo, se convierte en un frase vacía y falsa, suenan más actuales que nunca.

¿Acaso la preparación y el triunfo de la Revolución de octubre, que, como es sabido, se hizo posible gracias a la ininterrumpida y despiadada larga lucha de Lenin y sus discípulos contra el oportunismo ruso y el internacional, la Segunda Internacional, no testifican esta luminosa enseñanza de Lenin?

El triunfo de la Gran Revolución Socialista de Octubre no fue únicamente el triunfo del proletariado sobre la burguesía, de la dictadura del proletariado sobre la dictadura de la burguesía, de las relaciones socialistas sobre las relaciones capitalistas, sino que marcó al mismo tiempo, como lo indicó José Stalin, «el triunfo del marxismo sobre el reformismo, el triunfo del leninismo sobre el socialdemocratismo, el triunfo de la III Internacional sobre la II Internacional». La Revolución de Octubre representó una gran victoria ideológica sobre el oportunismo y el revisionismo de ese tiempo, que, como el oportunismo y el revisionismo de nuestros días, apuntaba a sabotear la revolución, a salvar la burguesía y a perpetuar el capitalismo.

Toda la podredumbre del oportunismo y la traición de la Segunda Internacional fueron expuestas durante los años de la Primera Guerra Mundial, cuando sus jefes se alinearon abiertamente con la burguesía en la predatoria guerra inter-imperialista, bajo el lema fraudulento de la «defensa de la patria». El gran Lenin trazó una clara frontera con los diversos oportunistas, con los mencheviques y liquidadores, con Bernstein, Kautsky, etc. Esta enseñanza vital del gran Lenin es vigente para todos los marxista-leninistas, en donde sea que luchen. Sin trazar una clara línea de demarcación con los oportunistas, liquidadores, revisionistas y renegados de cualquier matiz, no se puede hablar del derrocamiento de la burguesía y la victoria del proletariado, no se puede hablar del triunfo de la revolución.

Rechazando los conceptos antimarxistas de los oportunistas de la Segunda Internacional sobre el imperialismo como un crecimiento espontáneo del capitalismo al socialismo, o sobre el «ultraimperialismo» como un nuevo período «de desarrollo pacífico» sin derrocamientos ni conflictos, Lenin fundamentó que el imperialismo es la fase superior y última del capitalismo y la víspera de la revolución social proletaria. Fundamentó que el imperialismo agrava en un punto culminante todas las contradicciones del capitalismo y coloca la revolución a la orden del día. Agudiza de un modo sin precedentes la contradicción entre el trabajo y el capital y afronta a la clase obrera directamente con la indispensabilidad de la revolución armada para el derrocamiento de la burguesía. El imperialismo agrava considerablemente la contradicción entre un puñado de poderosos estados capitalistas y las cien millones de personas de los países coloniales y dependientes, instiga su rebeldía y su lucha por la liberación del yugo imperialista, transformando estas regiones de reservas del imperialismo en reservas de la revolución proletaria mundial. En la etapa del imperialismo, junto con la contradicción entre socialismo y capitalismo, las contradicciones entre los grupos monopolistas y las potencias imperialistas por las materias primas y los mercados, por las esferas de influencia y el nuevo reparto del mundo alcanzan una gravedad sin precedentes, algo que conduce a las predatorias guerras imperialistas y hace inevitable la unión de la revolución proletaria en las metrópolis con la revolución colonial de los pueblos oprimidos en un frente único de revolución contra el frente imperialista mundial.

Este análisis de clase realizado por Lenin y su tesis sobre el imperialismo conservan completamente su vigencia e importancia en la actualidad. Los revolucionarios genuinos han confiado y confían hoy en ellas para establecer su estrategia. Las predicas de los oportunistas y pseudo-marxistas de cualquier matiz, que distorsionan las grandes contradicciones de nuestra época y eliminan la revolución de la orden del día, que colocan en el centro de su estrategia la unidad con uno o algunos imperialistas contra otro, se asemejan a las de los «héroes» de la Segunda Internacional expuestos por Lenin.

Actualmente existe gente que, enmascarándose con lemas «marxistas» y manipulando con citas sacadas de contexto, construye «nuevas» teorías y habla de todos los temas, excepto de la revolución; recomienda todo al proletariado, incluso el estudio del marxismo-leninismo, excepto alzarse en revolución. A esta gente le encaja perfectamente las palabras de Lenin, quien escribió: «El oportunismo franco, que provoca la repulsa inmediata de la masa obrera, no es tan peligroso ni perjudicial como esta teoría del justo medio, que exculpa con palabras marxistas la práctica del oportunismo, que trata de demostrar con una serie de sofismas lo inoportuno de las acciones revolucionarias, etc.» [1]. Esta gente jura por todos sus dioses su lealtad al marxismo-leninismo, pero ellos, como dijo Lenin en su tiempo, «olvidan, relegan a un segundo plano, tergiversan el aspecto revolucionario de esta doctrina, su espíritu revolucionario. Hacen pasar a primer plano, ensalzan lo que es o parece ser aceptable para la burguesía.» [2].

Lenin y los bolcheviques se opusieron a la demagogia de los jefes oportunistas de la Segunda Internacional sobre «la defensa de la patria» en la guerra inter-imperialista, que pone a los trabajadores de distintos países el uno contra el otro y los convierte en carne de cañón para los intereses predatorios de la burguesía, con el lema revolucionario: el levantamiento del proletariado de cada país beligerante contra «su» propia burguesía, la transformación de la guerra imperialista en guerra civil para el derrocamiento de la burguesía y el establecimiento de la dictadura del proletariado. Contrariamente a las predicas social-chovinistas de los jefes renegados de la Segunda Internacional, que llamaban al proletariado a unirse a «su» propia burguesía, Lenin y los bolcheviques liderados por él, subordinaron la explotación de las contradicciones inter-imperialistas a la causa del triunfo de la revolución. Las predicas anti-marxistas de los partidarios de la «teoría de los tres mundos», que llaman al proletariado a que se una con «su» propia burguesía en nombre de la lucha por la defensa de la independencia nacional de[l peligro que representa] una superpotencia, renunciando a la revolución, son idénticas a las tesis social-chovinistas de la Segunda Internacional.

La estrategia de Lenin y los bolcheviques, que a través de las distintas etapas de la revolución rusa, condujeron, a fin de cuentas, al triunfo histórico del Gran Octubre, fue una estrategia de revolución. Preparando al partido, la clase obrera y sus aliados para la revolución, Lenin rechazó los dogmas oportunistas de la Segunda Internacional que sostenían que la revolución democrático-burguesa y la revolución socialista están indispensablemente separadas por un largo periodo de dominio de la burguesía y de desarrollo del capitalismo. Elaboró una teoría científica acerca de la revolución democrático-burguesa dirigida por el proletariado como una etapa intermedia para la rápida transición a la revolución socialista y el establecimiento de la dictadura del proletariado. Pero hoy, después de que los revisionistas soviéticos, quienes, mediante la proclamación del «camino no-capitalista de desarrollo» respecto a los antiguos países coloniales y dependientes, nieguen la necesidad de la revolución socialista en aquellos países, han surgido otros predicadores que, siguiendo los pasos de la Segunda Internacional, separan con un profundo abismo la lucha por la independencia nacional de la lucha por el socialismo y hacen un gran alboroto afirmando que si se habla de las perspectivas de la revolución proletaria en los países del llamado «tercer mundo», esto es supuestamente blanquismo, trotskismo y saltarse las etapas. El objetivo de estos nuevos oportunistas es negar el papel principal del proletariado en la revolución antiimperialista, desviar a los pueblos de estos países de la lucha contra la burguesía y los regímenes reaccionarios pro-imperialistas, extinguir en estos países la lucha contra el imperialismo norteamericano y las otras potencias imperialistas Occidentales en favor de la alianza con estas fuerzas contrarrevolucionarias, como hoy predican estos oportunistas.

El leninismo y la Revolución de octubre pusieron un fin a los dogmas de la Segunda Internacional, que trató la cuestión nacional en los países dependientes como una cuestión de segunda importancia en la llamada «autonomía cultural» dentro de los estados capitalistas y que justificó la explotación colonial de los pueblos oprimidos por el imperialismo. Lenin demostró que la cuestión nacional sólo puede ser resuelta completamente sobre la base de la revolución proletaria, que la lucha revolucionaria de los pueblos oprimidos contra el imperialismo es el único camino hacia su liberación de la opresión y explotación, que esta lucha constituye una aliada natural y una poderosa reserva de la revolución proletaria internacional. Lenin y Stalin nos enseñan que los intereses del movimiento proletario en las metrópolis y el movimiento de liberación nacional en las colonias exigen la unión de estas dos corrientes del movimiento revolucionario en un frente revolucionario único para el derrocamiento del capitalismo y el imperialismo mundial, bajo la dirección del proletariado. Nos enseñan que el proletariado de los países imperialistas debe dar su completo apoyo a esta lucha, alzándose resueltamente contra la opresión y la explotación de los otros pueblos por «su» propia burguesía imperialista. También nos enseñan que los comunistas no apoyan todo movimiento nacional en los países oprimidos, sino sólo aquellos movimientos que realmente están dirigidos contra el imperialismo y que establecen las premisas para el desarrollo de la revolución social del proletariado. Los que bajo el pretexto de la lucha contra las dos superpotencias o una de ellas, apoyan a las fuerzas más reaccionarias de la burguesía en los antiguos países coloniales y semicoloniales y que bendicen la explotación de estos países por varias potencias imperialistas para crear un llamado «frente mundial único» contra el social-imperialismo soviético, no tienen nada en común con aquellas enseñanzas del gran Lenin.

Lenin rechazó las ilusiones reformistas, parlamentarias y legalistas propagadas por los oportunistas de la Segunda Internacional para acabar con la revolución. Está claro para los marxista-leninistas que sin romper con estos oportunistas y estas «teorías» y prácticas contrarrevolucionarias, la victoria de la Gran Revolución Socialista de octubre en 1917 habría sido imposible. Hoy, los revisionistas modernos, desde los soviéticos y yugoslavos a los «eurocomunistas», han alzado la harapienta bandera del «cretinismo parlamentario», del reformismo y el legalismo burgués. Pero [lo cierto es que] todos los que predican la alianza con la burguesía del país para oponerse supuestamente a las superpotencias se sitúan, prácticamente, en posiciones del legalismo burgués, en posiciones antimarxistas.

Así como en el pasado, hoy también los revisionistas y los oportunistas, bajo distintos pretextos, se caracterizan por la negación de la revolución. La historia del movimiento obrero internacional demuestra que los revisionistas y los oportunistas de todo matiz nunca han estado y ni están interesados en los destinos de la revolución. No «teorizan» para realizar la revolución, sino para sabotear y revertir la revolución, luchan para conservar intactos el capitalismo y la burguesía.

Cuando los oportunistas y los revisionistas modernos propagan toda clase de teorías sobre las «condiciones actuales», acerca de los «cambios» que han ocurrido en el mundo actual, lo hacen engañosamente para cubrir su traición, predicando «nuevos caminos hacia el socialismo». Cuando atacan el «dogmatismo», con el que relacionan las enseñanzas fundamentales del marxismo-leninismo, no se preocupan en absoluto sobre la cuestión de la revolución; al contrario, hacen esto para salir en auxilio de la burguesía y así prevenir la revolución, minarla.

Cuando los jruschovistas, titoistas, togliattistas y demás revisionistas en un coro conjunto atacaron a Stalin, acusándole del «culto a la personalidad», de la «violación del derecho socialista», de «errores», etc., lo hicieron para luchar contra el marxismo-leninismo, porque eran bien conscientes de que Stalin, como discípulo y compañero de lucha de Lenin y como continuador digno de la causa por la cual Lenin luchó, era el defensor más ardiente y el ejecutor más leal de la doctrina del marxismo-leninismo; lo hicieron con el objetivo de denigrar la lucha que Stalin había emprendido en defensa de la pureza del marxismo-leninismo de las falsificaciones oportunistas de los viejos y nuevos revisionistas. Atacando a Stalin, todos los renegados y los traidores al marxismo-leninismo han tenido y tienen como su objetivo deponer el Llninismo, rechazar las grandes ideas y enseñanzas de la Revolución de Octubre. En lugar de la revolución, en lugar de la lucha por el derrocamiento de la burguesía y el establecimiento de la dictadura del proletariado, en lugar de la senda de octubre, estos señores predican y elogian por los cielos el infame «camino pacífico», que hoy es la forma más vulgar del abandono de la revolución.

La cuadrilla revisionista de Jruschov y Brezhnev en la Unión Soviética y todos sus seguidores, dondequiera que estén, hacen un gran estruendo por la llamada coexistencia pacífica, que, en completa oposición a las enseñanzas de Lenin, es presentada por ellos como el «camino general de la victoria del socialismo a escala mundial» y como la «línea general del movimiento comunista internacional». Con esta «teoría» estos renegados pretenden abandonar la lucha de clases, desean minar la revolución, abrir el camino hacia su expansión imperialista.

Los otros revisionistas, los partidarios del «eurocomunismo», que han degenerado completamente en la estrechez de mente socialdemócrata, se alzan furiosamente contra la revolución violenta y la dictadura del proletariado, saliendo abiertamente con las tesis antimarxistas del camino «democrático», reformista, del «compromiso histórico» con los partidos de la burguesía y hasta con el Vaticano, la policía burguesa y el ejército, predicando «socialismos» de todos los colores, excepto el proletario, e intentando con todos los medios y maneras posibles rechazar la experiencia histórica de la Revolución de Octubre.

La teoría anti-leninista y contrarrevolucionaria de los «tres mundos» también tiene el mismo objetivo: la extinción de la revolución y la preservación del status quo del régimen capitalista. Defender la teoría de los «tres mundos» significa convertirse en un defensor de los intereses del imperialismo dirigido por los EE.UU., la burguesía y la reacción internacional. Los portadores de esta teoría antimarxista especulan con la causa de la lucha por la independencia nacional, la separan de la causa del triunfo de la revolución y la utilizan para justificar su política pragmática de alianzas sin principios con el imperialismo norteamericano y con las otras potencias imperialistas o con distintas fuerzas reaccionarias.

Pero la historia ha demostrado y demuestra que sólo poniendo consecuentemente en práctica la teoría marxista-leninista de la revolución, la Gran Revolución Socialista de Octubre se realizó con éxito y, según sus enseñanzas, la revolución triunfó en varios países de Europa y Asia. Actualmente también está siendo probada por la historia la falsedad de las teorías revisionistas, que claman sobre «nuevos caminos en conformidad con las condiciones actuales» para presuntamente llegar al socialismo, porque la revolución y el socialismo no han triunfado en ningún país mediante estos caminos. Al contrario, estas «teorías» alzaron al revisionism0, el arma más sofisticada de la burguesía para sabotear y minar el movimiento revolucionario y el socialismo, allanaron el camino para la contrarrevolución y la restauración de capitalismo.

En su tiempo el gran Lenin luchó con determinación contra la traición de la Segunda Internacional y, en lucha despiadada contra ella, defendió las ideas revolucionarias de Marx de la deformación socialdemócrata y las desarrolló en las nuevas condiciones históricas. Esta no fue una polémica académica, sino una necesidad imperiosa para llevar adelante la causa de la revolución. Hoy también los marxista-leninistas genuinos consideran como un deber revolucionario de primer orden la defensa del leninismo de toda deformación de los revisionistas modernos, ya sean jruschovistas, titoistas, «eurocomunistas» u oportunistas de cualquier especie y matiz. Esta lucha es actualmente una necesidad imperiosa por la causa de la revolución así como lo fue en el momento de Lenin.

El revisionismo sigue siendo el principal peligro para el movimiento revolucionario mundial contemporáneo. Todas las teorías revisionistas que circulan hoy en el mundo sirven a la burguesía internacional y al imperialismo. Éstas no sólo son irreconciliables con el marxismo-leninismo y el internacionalismo proletario, sino que, visto de primera mano, representan teorías inspiradas por un marcado nacionalismo burgués de carácter chovinista de gran nación o por los intereses estrechos de «su» propia burguesía nacional.

Notas

[1] Lenin, “La bancarrota de la II Internacional”.

[2] Lenin, “El Estado y la revolución”

Fragmentos de Hysni Kapo, “The Ideas of the October Revolution are Defended and Carried Forward in Struggle Against Modern Revisionism”, Casa editora «8 Nëntori», Tirana, 1977
Traducido por Tiempos Rojos